bien que queremos obrar en ella, las obras que debemos desarrollar, no es esta una fineza de
amor insuperable, y además darle esta voluntad a su libre arbitrio, para que la criatura nos
pudiera decir: ‘Has venido a mi casa y yo debo ir a tu casa, por eso Tú haz lo que quieras en
mí, y a mí me dejarás hacer lo que quiero en Ti’. Era el acuerdo que poníamos entre ella y
Nosotros, y dándole la voluntad libre, podía decirnos que nos daba cualquier cosa que tenía en
su poder; ¿no es esta una generosidad, un amor que supera todo, que sólo nuestro Ente
Supremo podía y quiere hacer? Pero esto no es todo, nuestro amor contemplaba esta voluntad
libre de la criatura y se formaba tantos centros para bilocarse en ellos, y formarse tantos reinos
de dominio donde debíamos desahogar en nuestras obras divinas, multiplicándolas al infinito,
sin restricciones, sin límites, obrando en estos centros como Dios, como si obráramos en
Nosotros mismos. Mucho más que en la pequeña voluntad humana nuestro amor desahogaba
de más, usaba más potencia, porque se requiere más arte para restringir nuestra inmensidad
en el pequeño cerco de las voluntades humanas, casi poner un límite a nuestra potencia para
abajarse a lo bajo del humano querer, y luego aquel sentírsela con Él en lo que debíamos hacer,
porque la queremos obrante junto con Nosotros, casi ella adaptarse a Nosotros, y Nosotros
debíamos adaptarnos a ella, y nuestro amor es tanto que se adapta también a sus modos
humanos, esto nos da más qué hacer, nuestro amor se desahoga de más y ama hasta los
excesos a esta voluntad humana que le da su puesto real, su libre dominio. En cambio obrando
fuera del cerco humano, quién no sabe que todo podemos hacer y tenemos una inmensidad que
a todo puede llegar, una potencia sin límites, que si quiere todo puede, una sabiduría que todo
dispone, un amor que ama a todos, envuelve todo, aunque no sea amado. Nuestro Ente
Supremo es libre, no tiene necesidad de ninguno y puede hacer lo que quiere, y como todo
podemos no trabajamos en hacer las obras más grandes, sino que basta quererlo para que en
un instante todo hagamos; por el contrario cuando queremos obrar en la criatura, casi como si
tuviéramos necesidad de ella, debemos seducirla, debemos decirle lo bien que la queremos, y
lo que queremos hacer, no queremos una voluntad forzada, por eso queremos que lo sepa y
espontáneamente nos abra las puertas, sintiéndose honrada de darnos el puesto obrante en su
voluntad. En estas condiciones nos puso nuestro amor en la creación del hombre, lo amó tanto
que llegó a darle la voluntad libre para que pudiera decir: ‘Puedo dar a mi Creador’. ¿Podía
amarlo más? Por eso la gloria, el honor que me da la criatura cuando me hace obrar en su
voluntad es tan grande, que ninguno la puede comprender, es nuestra misma gloria y honor que
nos da, en todos sus actos corre nuestra Vida, nuestro amor puede decir: ‘Doy Dios a Dios’. Es
el punto más alto a donde puede llegar la criatura, y el amor más excesivo a donde puede llegar
un Dios. ¡Oh! si las criaturas comprendieran el amor, el gran don que les di con darles una
voluntad libre, la elevé por encima del cielo, del sol, del universo entero, puedo hacer todo lo
que quiero sin que ninguno sepa nada, por el contrario con la criatura me abajo, le pido con
amor un lugarcito en su voluntad para poder obrar en él y hacerle el bien. Pero, ¡ay de Mí!
Muchos me lo niegan y vuelven a mi Voluntad inactiva en la voluntad humana, mi dolor es infinito
por tanta ingratitud. Ahora ¿qué admirarías más, un rey que obra en su palacio real donde tiene
todo en su poder, la autoridad sobre todo, hace bien a todos, su palacio se presta a todo lo que
quiere hacer el rey, o bien un rey que desciende en lo bajo de un tugurio y hace la misma acción
que haría en su palacio real? ¿No se admiraría de más, no sería más sacrificio, más intensidad
de amor, actuar como rey en el pequeño tugurio que en el reino? En el palacio todas las cosas
se prestan a hacerlo actuar como rey, en cambio en el tugurio el rey debe adaptarse al tugurio
e ingeniarse mucho para hacer las mismas acciones que haría en su palacio. Así somos
Nosotros, obrar en el palacio real de nuestra Divinidad, hacer cosas grandes, en Nosotros es
naturaleza, pero hacerlas en el tugurio del humano querer llega a lo increíble, es el exceso de
nuestro amor más grande”.