suspendido el sufrir, tiembla y teme, porque no viéndome aliviado en mis penas, no vaya a ser
que les conceda a los enemigos esa libertad tan deseada por ellos”.
(5) Al oír esto, me he puesto a rogarle que me hiciera sufrir a mí, y mientras estaba en esto
veía al confesor que con sus intenciones forzaba a Jesús a hacerme sufrir. Entonces el bendito
Señor me ha participado tales y tantas penas, que yo misma no sé cómo he quedado viva, pero
el Señor en mis penas no me ha dejado sola, más bien parecía que no resistía su corazón el
dejarme, y he pasado algunos días junto con Jesús, y me ha comunicado tantas gracias y me
hacía comprender muchas cosas; pero, parte por el estado de sufrimiento, y parte porque no sé
expresarme, paso adelante y hago silencio.
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4-3
Septiembre 9, 1900
Jesús prepara el alma de Luisa para la comunión.
Amenaza contra los gobernantes de los pueblos.
(1) Continúa viniendo, pero he estado la mayor parte de la noche sin Jesús, entonces al venir
me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿qué quieres que con tanta ansia me estás esperando? ¿Acaso necesitas
alguna cosa?”
(3) Y yo como sabía que tenía que comulgar he dicho:
(4) “Señor, toda la noche te estuve esperando, sobre todo que debiendo recibir la comunión
temía que mi corazón no estuviese bien dispuesto para poderte recibir, por eso tengo necesidad
de que mi alma sea revisada por Ti, para poderse disponer a unirme Contigo sacramentalmente”.
(5) Y Jesús, benignamente ha revisado mi alma para prepararme a recibirlo, y después me ha
transportado fuera de mí misma, y junto he encontrado a nuestra Reina Mamá que le decía a
Jesús:
(6) “Hijo mío, esta alma estará siempre dispuesta a hacer y a sufrir lo que Nosotros queramos;
y esto es como una atadura que ata a la justicia, por eso Tú evita tantas matanzas y tanta sangre
que deben derramar las gentes”.
(7) Y Jesús ha dicho: “Madre mía, es necesario el derramamiento de sangre porque quiero
que esta estirpe del rey caiga de su reinar, y esto no puede ser sin sangre, y también para purgar
a mi Iglesia porque está muy infectada; a lo más puedo conceder el evitar en parte, en
consideración de los sufrimientos”.
(8) Mientras estaba en esto veía a la mayor parte de los diputados que estaban planeando
cómo hacer caer al rey, y pensaban poner en el trono a uno de aquellos diputados que estaban
maquinando. Después de esto me he encontrado en mí misma. ¡Cuántas miserias humanas!
¡Ah Señor, ten compasión de la ceguera en la cual está inmersa la pobre humanidad! Después,
al continuar viendo al Señor y a la Reina Madre, he visto al confesor junto a ellos, y la Virgen
Santísima ha dicho:
(9) “Mira Hijo mío, tenemos un tercero, que es el confesor, que se quiere unir con Nosotros y
hacer su trabajo comprometiéndose a concurrir para hacerla sufrir, para satisfacer a la divina
justicia, y también esto es un volver más fuerte la cuerda que te ata para aplacarte; y además,
¿cuándo has resistido a la fuerza de la unión de quien sufre y ruega y de quien concurre Contigo
solamente con el único fin de glorificarte y para el bien de los pueblos?”
(10) Jesús oía a la Madre, tenía consideración del confesor, pero no ha pronunciado sentencia
del todo favorable, sino que se limitaba a evitar en parte.