entre mí: “Me parece imposible que pueda venir el reino de la Divina Voluntad, ¿cómo puede
venir si los males abundan en modo espantoso?” Y mi dulce Jesús disgustándose me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, si tú dudas de esto, no crees ni reconoces mi potencia que no tiene
límites y cuando quiero todo puedo. Tú debes saber que al crear al hombre fue puesta nuestra
Vida en él, y él era nuestra habitación. Ahora, si no ponemos a salvo esta nuestra Vida, con su
decoro, con su dominio, con nuestro pleno triunfo, haciéndonos conocer que estamos en esta
habitación, y que ella se siente honrada de ser dominada y habitada por un Dios, si esto no
hacemos significa que nuestra potencia es limitada, su poder no es infinito, y quien no tiene la
potencia para salvarse a sí mismo, mucho menos puede salvar a los demás, es más, el
verdadero bien, la potencia que no tiene límites, primero sirve y pone a salvo a sí mismo y
después se vierte en los demás. Ahora, con venir a la tierra, sufrir y morir, vine a poner a salvo
al hombre, esto es, a mi habitación, ¿no te parecería extraño aun a ti, si mientras ponía a salvo
la habitación, el propietario, el habitante de ella sin sus derechos, sin dominio y sin poder
ponerse a salvo? ¡Ah! no, no hija mía, habría sido absurdo y sin el orden de nuestra sabiduría
infinita; la Redención y el reino de mi Voluntad son uno, inseparables entre ellos. En mi venida
a la tierra vine a formar la Redención del hombre y al mismo tiempo vine a formar el reino de mi
Voluntad para salvarme a Mí mismo, para retomar mis derechos que por justicia me son debidos
como Creador. Y así como en la Redención me expuse a tantas humillaciones, a penas
inauditas hasta morir crucificado, me sometí a todo para poner a salvo mi habitación y restituirle
toda la suntuosidad, la belleza, la magnificencia con la cual la había formado, para que de nuevo
fuera digna de Mí, y cuando parecía que todo había terminado y mis enemigos satisfechos de
que me habían quitado la Vida, mi potencia que no tiene límites volvió a llamar a la vida a mi
Humanidad, y con resucitar todo resurgía junto Conmigo, las criaturas, mis penas, los bienes
adquiridos para ellas, y en cuanto mi Humanidad triunfó sobre la muerte, así mi Voluntad
resurgía y triunfaba en las criaturas, esperando su reino. Si mi Humanidad no hubiera
resucitado, si no hubiera tenido esta potencia, la Redención habría fallado y se podría dudar que
fuera obra de un Dios, así que fue mi Resurrección la que hizo conocer quién era Yo, y puso el
sello a todos los bienes que vine a traer a la tierra; así mi Divina Voluntad será el doble sello, la
transmisión en las criaturas de su reino que poseía mi Humanidad, mucho más que para las
criaturas formé este reino de mi Voluntad Divina en mi Humanidad, ¿por qué entonces no debo
darlo? A lo más será cuestión de tiempo, y para Nosotros los tiempos son un punto solo, nuestra
potencia hará tales prodigios, abundará al hombre de nuevas gracias, nuevo amor, nueva luz,
que nuestras habitaciones nos reconocerán, y ellos mismos por voluntad espontánea nos darán
el dominio, y nuestra Vida estará al seguro, con sus plenos derechos en la criatura. Con el
tiempo verás lo que sabe hacer y puede hacer mi potencia, cómo sabe conquistar todo y arrojar
por tierra a los más obstinados rebeldes, quién jamás puede resistir a mi potencia, que con un
solo soplo derribo, destruyo y rehago todo como más me place. Por eso tú ruega y sea tu grito
continuo: Venga el reino de tu Fiat, y tu Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra”.
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33-40
Junio 6, 1935
Quien vive en el Querer de Dios tiene a Dios mismo en su poder. La
Reina del Cielo gira por todas las naciones para poner a salvo a sus hijos.
(1) Mi pobre mente continúa su vuelo en la luz interminable del Querer Divino, no hay cosa ni
en el Cielo, ni en la tierra que no sea parto suyo, y todo y todos tienen algo que decir de Aquél
que los ha generado, más bien no se cansan jamás de narrar su origen eterno, su santidad
inalcanzable, su amor que siempre genera, sin cesar jamás, su Fiat que siempre habla, habla a
2016 sig