6
I. M. I.
Año 1900
4-1
Septiembre 5, 1900
La Esperanza, alimento del Amor.
(1) Como en los días pasados mi adorable Jesús no se hacía ver, yo me sentía desconfiada
en la esperanza de tenerlo de nuevo; más bien creía que todo había terminado para mí: visitas
de Nuestro Señor y estado de víctima. Pero esta mañana al venir el bendito Jesús, traía una
horrible corona de espinas, y se puso junto a mí, lamentándose todo, en actitud de querer un
alivio; entonces yo se la he quitado poco a poco, y para darle más gusto la he puesto sobre mi
cabeza. Poco después me ha dicho:
(2) “Hija mía, el verdadero amor es cuando está sostenido por la esperanza, y por la esperanza
perseverante, porque si hoy espero y mañana no, el amor se enferma, porque el amor siendo
alimentado por la esperanza, por cuanto alimento se le suministra tanto más fuerte se vuelve,
más robusto, más vivo el amor, y si esto viene a faltar, primero se enferma el pobre amor, y si
queda solo, sin sostén, termina con morir del todo. Por eso, por cuán grandes sean tus
dificultades, jamás, ni siquiera por un instante debes apartarte de la esperanza con el temor de
perderme, más bien debes hacer de modo que la esperanza, superando todo, te haga
encontrarte siempre unida Conmigo, y entonces el amor tendrá vida perpetua”.
(3) Después de esto continuó viniendo sin decirme nada más.
+ + + +
4-2
Septiembre 6, 1900
Estado de víctima.
(1) Continúa viniendo mi dulcísimo Jesús. Esta mañana en cuanto ha venido quiso verter un
poco sus amarguras en mí, y después me ha dicho:
(2) “Hija mía, Yo quiero dormir un poco, tú haz mi oficio de sufrir, rogar y aplacar la justicia”.
(3) Así Él se ha dormido, y yo me he puesto a rezar junto a Jesús. Después, despertándose,
hemos girado un poco entre las gentes, y me ha hecho ver diversos planes que están ideando
para hacer revoluciones, y especialmente veía que estaban maquinando un ataque de improviso
para tener mejor resultado en su propósito, y para hacer que ninguno se pueda defender ni
prevenirse contra el enemigo. ¡Cuántos espectáculos funestos! Pero parece que el Señor aún
no les da libertad para hacer eso, y no sabiendo ellos la razón se roen de rabia, porque a pesar
de su perversa voluntad se ven impotentes para realizarlo. No se necesita otra cosa sino que el
Señor les conceda esta libertad, porque todo está preparado. Después de esto hemos
regresado, y Jesús se mostraba todo llagado y me ha dicho:
(4) “Mira cuántas llagas me han abierto y la necesidad del estado continuo de víctima, de tus
sufrimientos, porque no hay momento en que dejen de ofenderme, y siendo continuas las
ofensas, continuos deben ser los sufrimientos y las plegarias para aliviarme en algo; y si te ves
6 Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta.