(5) 3°.- De la segunda nace la 3ª prerrogativa: ‘Derecho de gloria.’ No hay cosa que haga,
pequeña o grande, natural o sobrenatural, que no tenga el derecho de gloria, derecho de
glorificar en cada cosa, incluso en el respiro, en el latido, a su Creador, derecho de quedar
glorificados ellos mismos en la gloria de Aquél que no hay gloria que de Él no venga. Por eso
en mi Voluntad encontrarás todo, y todo a tu disposición, y con derecho no humano sino Divino,
del cual mi misma Voluntad ama cederte estos sus derechos divinos, amando a la criatura como
su verdadera hija”.
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33-33
Febrero 24, 1935
La razón es el ojo del alma, es luz que la hace conocer lo bello
de sus obras buenas. Cuáles son los derechos de la Divina
Voluntad, cómo en Ella no hay intenciones sino actos.
(1) Estoy siempre entre los brazos de la Divina Voluntad, y si bien entre las intensas
amarguras de las privaciones de mi dulce Jesús, que más que mar inundan mi pobre alma, su
luz inaccesible que no me es dado ni encerrarla toda en mi alma, ni comprenderla, no me deja
jamás, es más, superando el mar de mis amarguras, se sirve de ellas como victoria y conquista
que hace sobre mi pobre voluntad humana. Después, pensaba entre mí que todo el valor, todo
el bien, me parece que es todo de la Divina Voluntad, y a mí no me queda nada, pero mientras
esto pensaba, mi dulce Jesús, mi amada vida, haciéndome su breve visita, todo bondad me ha
dicho:
(2) “Hija mía bendita, tú debes saber que Nosotros dotamos a la criatura de razón para que
conociera el bien y el mal que hiciera, y en cada acto que hiciera, si bueno, fuera dotada de
nuevo mérito, nueva gracia, nueva belleza y mayor unión con su Creador; si malo, por él sufriera
una pena, la cual hace sentir la debilidad y el alejamiento de Aquél que la ha creado. La razón
es el ojo del alma, y luz que mientras abre camino a la criatura, le hace conocer lo bello de sus
obras buenas, los frutos de sus sacrificios, y sabe afligirla cuando hace el mal. La razón tiene
esta virtud: Si la criatura obra el bien, se siente en su puesto de honor, y como rey de ella tiene
al orden, y en virtud del mérito que adquiere siente la fuerza y la paz; y si hace el mal, se siente
toda perturbada y esclava de sus mismos males. Ahora si la criatura hace los actos buenos en
mi Voluntad Divina en virtud de la razón que tiene, le damos el mérito de actos divinos, el mérito
le viene dado según lo que conoce y según la voluntad humana quiere obrar: Si quiere obrar en
la nuestra, ella se eleva tanto que no queda en lo bajo de las acciones humanas, aun buenas,
sino que viene en nuestro Querer Divino, y como esponja se sumerge dentro e impregna sus
actos de luz, de santidad, de amor, de modo que su acto desaparece en el nuestro y reaparece
nuestro acto divino, por eso con justicia debe correr el merito divino, y como en nuestra Voluntad
Divina pierde el prestigio humano, se cree que la criatura no haga nada, pero no es verdad, si
Ella obra es en virtud del hilo del querer humano que ha recibido en sus manos, que forma el
triunfo y sus conquistas sobre el acto de la criatura, y la razón humana que voluntariamente
viene a ceder sus derechos recibidos, como homenaje y sujeción a Aquél que la ha recibido, y
esto es más que hacer, porque Dios ha recibido la correspondencia de los dones más bellos que
dio a la criatura, esto es la razón y la voluntad, con esto nos da todo lo que puede darnos, nos
reconoce, se despoja de sí misma, nos ama con amor puro, y es tanto nuestro amor que la
vestimos de Nosotros mismos, le damos nuestras obras, de modo que Nosotros y ella podemos
decir: ‘Hagamos juntos’. Nos pondremos en las condiciones en que la criatura no podrá hacer
nada sin nuestra Voluntad, y es tanta nuestra bondad, que aun cuando la criatura hace el bien
humanamente, como en el bien corre siempre la razón, le damos el mérito humano, porque es