(2) “Mi pequeña hija de mi Querer Divino, nuestro amor fue tanto, y lo es todavía en la
Creación, que si la criatura pusiera atención quedaría ahogada por nuestro amor, y no sabría
hacer otra cosa que amarnos. Escucha hija mía hasta dónde llega nuestro amor por la criatura,
Nosotros creamos la Creación toda sin razón, ¡oh! si le hubiésemos dado la razón, ¿qué gloria
no nos habría dado un cielo siempre extendido, sin jamás apartarse de su puesto, porque esa
era nuestra Voluntad? Un sol que mientras actúa fielmente, sin jamás cambiarse de
administrador de nuestra luz, de nuestro amor, de nuestra dulzura, de nuestros perfumes y de
todos nuestros bienes, sin cambiar jamás acción, y sólo porque así queríamos Nosotros, si
tuviese razón, ¿qué gloria no nos habría dado? Un viento que siempre sopla imperante en el
gran vacío del universo, un mar que siempre murmura, si tuvieran razón, ¿qué gloria no nos
habrían dado? Pero no, el grito de nuestro amor gritó más fuerte que nuestra gloria, y casi nos
impidió dar la razón a la Creación, y gritando fuerte nos dijo: ‘Es por amor de la criatura que
hemos creado todo, por eso a ella la razón, a fin de que venga al cielo para correspondernos en
amor incesante y en perenne gloria porque extendemos un cielo sobre su cabeza, y en cada
estrella oigamos su grito de amor que nos ama con amor inquebrantable; venga en el sol y
transformándose en él como si fuera suyo, nos corresponda con amor de luz, con amor de
dulzura, y nos dé la correspondencia de amor por la administración de nuestros bienes que el
sol le da’. Por eso queremos a la criatura en todas las cosas creadas con derecho de justicia,
para que nos dé la correspondencia que nos habría dado si toda la Creación tuviese razón. He
aquí el por qué la dotamos de razón, y queremos que nuestra Voluntad la domine y tenga su
puesto real como lo tiene en la Creación, a fin de que unificándola con todas las cosas creadas,
comprendiese todas nuestras notas de amor hacia ella, y nos correspondiese con sus notas de
amor incesante y de gloria perenne. Nosotros jamás cesamos de amarla con los hechos y con
las palabras, y ella está obligada a amarnos siempre y no quedarse atrás, sino venirnos al
encuentro y poner su amor sobre nuestras mismas notas amorosas.
(3) Además de esto, nuestro amor que jamás dice basta quiere siempre dar a la criatura, no
queda contento si no encuentra nuevas invenciones de amor para decirle: ‘Te he amado
siempre con amor obrante’. Por eso en cada cosa creada nuestro Fiat ponía dentro y las investía
de un amor distinto el uno del otro, dónde ponía la potencia de su amor para decirle te amo
potentemente, en otra ponía la dulzura de nuestro amor, y dónde la amabilidad, y dónde la
suavidad, y dónde nuestro amor que rapta, que ata, que vence, de modo que la criatura no nos
habría podido resistir, en suma, en cada cosa creada poníamos el arma de nuestro amor distinto.
Podemos decir que nuestro Fiat ponía en la Creación un ejército armado de amor, con armas,
la una más potente que la otra, y dotando a la criatura de razón debía comprender y recibir todas
estas armas de amor por medio de las cosas creadas, y quedando ella investida por estas
especialidades de armas de amor, debía podernos decir, no sólo con las palabras, sino con los
hechos, como hacemos Nosotros: ‘Te amo con amor potente, mi amor es dulce, es amable y
suave para Ti, tanto que me siento languidecer, desfallezco, siento la necesidad de tus brazos
para sostenerme, y sostenida por Ti siento que mi amor te rapta, te ata, te vence, son tus mismas
armas de amor con las cuales me has armado que te aman, que mueven batalla para amarnos’.
Hija mía, cuánto amor oculto contiene la Creación y como la criatura no se eleva en nuestra
Voluntad, no viene a vivir en Ella, con todo y que tiene razón no comprende nada, y Nosotros
quedamos sin la correspondencia debida a Nosotros con justicia; y nuestro amor, ¿qué hace?
Con paciencia invencible espera y continúa su grito, pues quiere ser amado por la criatura,
porque por amor suyo sacrificó una gloria interminable que habría recibido si hubiese dado la
razón a toda la Creación. Por eso sé atenta a vivir en nuestro Querer Divino, a fin de que
haciéndose revelador de nuestro amor te ceda las armas para hacernos amar con las cualidades
de nuestro mismo amor, y ¡oh! cómo estaré contento, y también tú estarás contenta”.
+ + + +