(2) “Hija mía bendita, tú debes saber que el verdadero amor en la criatura me pone en
condiciones de hacerme olvidar todo, y de disponerme a conceder que venga a reinar mi
Voluntad sobre la tierra, no que Yo sufra de olvido, lo que no puede ser en Mí, sería defectuoso,
más bien siento tanto gusto en el verdadero amor de la criatura cuando encuentro que todas las
partículas de su ser me dicen que me aman, y desbordando este su amor por mí, me inviste y
corre en todo mi Ser, en mis obras, y como mezclándose Conmigo me hace sentir por todas
partes su amor. Yo para gozarme este amor de la criatura hago a un lado todo, y como si lo
olvidase, me inclina tanto, que me dispone y se impone sobre Mí para darle cosas sorprendentes
y lo que quiere, y hasta el reino de mi Voluntad; el verdadero amor tiene tal potencia que llama
a mi Voluntad como vida en el ser humano. Tú debes saber que cuando extendí el cielo, cree
el sol, desde entonces, en mi Omnividencia, veía tu amor correr en el cielo, investir la luz del sol
y en todas las cosas creadas formarte un lugarcito para amarme, y ¡oh! cómo gozaba, y mi
Voluntad desde entonces corría hacia ti y hacia aquellos que me habrían amado, para darse
como vida en aquel lugarcito de amor. Ve entonces, mi Voluntad recorría los siglos, los reducía
a un solo punto, todos en acto, y encontraba el puesto de amor dónde poner su Vida para
continuarla con toda su Majestad y decoro divinos. Yo vine sobre la tierra, ¿pero sabes en quién
encontraba el lugarcito para encerrar mi Vida? En el verdadero amor de la criatura. Desde
entonces Yo ya veía tu amor, que haciéndome corona investía toda mi Humanidad y corría en
mi sangre, en todas mis partículas, casi fusionándose Conmigo. Todo estaba en acto para Mí y
como presente, y mis lágrimas encontraban el lugarcito donde verterse, mi amor, mis penas, mi
Vida, el refugio dónde poderse estar en lugar seguro, y mi muerte encontraba hasta la
resurrección en el amor verdadero de la criatura, y mi Voluntad Divina encontraba su reino donde
reinar. Por eso si quieres que mi Divina Voluntad venga a reinar como vida en las criaturas,
hazme encontrar tu amor por todas partes, dondequiera y en cada cosa házmelo sentir siempre,
con esto formarás la hoguera dónde quemar todo, la cual consumiendo todo lo que no es de mi
Voluntad, formará el lugar dónde poderse encerrar mi Voluntad, y entonces todas mis obras
encontrarán lugar, su escondite dónde poder continuar el bien y la virtud obrante que poseen, y
así haremos los dos intercambio de puesto, tú encontrarás tu lugarcito en Mí y en todas mis
obras, y Yo lo encontraré en ti y en todos tus actos. Por eso siempre adelante en mi Divina
Voluntad para formar la hoguera del amor donde te quemarás a ti, y a todos los impedimentos
que impiden su reinar en medio a las criaturas”.
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33-30
Noviembre 18, 1934
Amor de Dios en la Creación, la gloria que le habría dado si tuviera razón.
Sacrificio que hace el amor de su gloria, su grito continuo. El ejército
armado de amor, intercambio de amor entre Dios y la criatura.
(1) Estoy siempre en busca de los actos que continuamente hace la Divina Voluntad, y como
no se encuentra jamás sin hacer nada, sino siempre en acto obrante, ¡oh! cómo es bello poder
decir a mi Creador que su Fiat Divino me ama tanto, que está extendiendo el cielo, creando el
sol, dando vida al viento y a todas las otras cosas porque me ama, y es tanto su amor que me
dice con los hechos y con las palabras: “Por ti hago esto, no hice sino hago; a Nosotros tanto
nos cuesta el crear como el conservar nuestras obras”. Después giraba en la Creación, y el
cielo, las estrellas, el sol y todo, parecía que me venían al encuentro con su estribillo: “Por ti
nos ha creado nuestro Creador, porque te ama, por eso ven a amar a quien tanto te ha amado”.
Yo me perdía en las cosas creadas, y mi siempre amable Jesús haciéndose encontrar,
deteniéndome me ha dicho: