(2) “Mi pequeña hija, el amor, los actos, los sacrificios espontáneos, sin ser forzados, que me
hace la criatura, me son tan agradables, que para gozármelos más los encierro en mi corazón,
y es tanto mi contento que voy siempre repitiendo: ‘Cómo son bellos, cómo es dulce su amor’.
¡Ay! encuentro en ellos mi modo divino, mis penas espontáneas, mi amor que siempre ama, sin
que ninguno me obligue o me ruegue. Tú debes saber que una de las características más bellas,
y como su legítima propiedad y virtud en naturaleza que posee mi Divina Voluntad, es la
espontaneidad, todo es espontáneo en Ella, si ama, si obra, si con un solo acto da vida y
conserva todo, no es forzado, ni se hace rogar por ninguno, su movimiento es: ‘Quiero y hago’.
Porque lo forzado dice necesidad, y Nosotros no tenemos necesidad de nada, ni de ninguno; lo
forzado dice falta de potencia, mientras que somos potentes por naturaleza y todos dependen
de nuestra potencia, y en un instante podemos hacer todo, y en otro instante, si queremos,
podemos derribar todo; lo forzado dice falta de amor, mientras que es tal y tanto nuestro amor,
que llega a lo increíble. Es por esto que todo creamos sin que ninguno nos rogara o nos dijera
nada, y en la misma Redención, ninguna ley estaba sobre Mí, ninguno podía obligarme a sufrir
tanto hasta morir, mi ley fue el amor y la virtud obrante de mi espontaneidad divina, tanto, que
las penas primero se formaban en Mí, les daba la vida, y después invistiendo a las criaturas,
ellas me las daban, y Yo con aquel amor espontáneo con el que les había dado la vida, así las
recibía, ninguno habría podido tocarme si Yo no lo quisiera. Así que todo lo bello, lo bueno, lo
santo, lo grande, está en el obrar con modos espontáneos, mientras quien obra y ama forzado,
pierde lo más bello, y se pueden llamar y son obras y amor sin vida, y por consecuencia sujetas
a los modos cambiantes, mientras que la espontaneidad produce la firmeza en el bien.
(3) Ahora hija mía, la señal si el alma vive en mi Voluntad Divina es amar, obrar, y también
sufrir espontáneamente, el esfuerzo no existe; mi Voluntad que la tiene Consigo le comunica su
espontaneidad para tenerla Consigo en su amor que corre en sus obras que jamás cesan, de
otra manera le sería de fastidio tenerla en su regazo de luz sin la característica de su modo
espontáneo; más bien la criatura es toda ojos para ver mi Fiat Divino porque no quiere quedarse
atrás, sino que quiere correr junto para amar con su amor y para encontrarse en sus obras para
corresponderle, y para alabar su potencia y magnificencia creadora. Por eso, corre, corre
siempre, y haz que tu alma, sin esfuerzo, se arroje en mi Querer Divino para recorrer juntos sus
caminos amorosos y llenos de estratagemas por amor de las criaturas”.
+ + + +
33-29
Noviembre 5, 1934
El verdadero amor en la criatura se forma el lugarcito en las
obras divinas, para poder encerrar la Vida de la Divina Voluntad.
(1) Siento una fuerza irresistible que no me deja jamás inmóvil, y parece que cada cosa
creada, todo lo que ha hecho mi dulce Jesús, ha hecho y sufrido, me dice: “Para ti las he creado,
por amor tuyo, y tú, ¿nada quieres poner por amor mío, nada de lo tuyo en lo que he hecho por
ti? He llorado por ti, he sufrido, he muerto por ti, y tú nada quieres poner en mis lágrimas, en
mis penas, en mi muerte, todo mi Ser te busca a ti, y tú, ¿no quieres investir y buscar todas mis
cosas para investirlas y encerrarlas en tu te amo? Yo soy todo amor, y tú no quieres ser toda
amor para Mí”. Yo quedo confundida y mi pobre mente toma el curso de los actos hechos de la
Divina Voluntad para poder decir: “También yo he puesto de lo mío en tus actos, aunque sea
un pequeño te amo, pero en mi te amo me pongo toda yo misma”. Pero mientras hacía mi curso,
mi dulce Jesús sorprendiéndome con su breve visita, todo bondad me ha dicho:
2002 sig