en quién el perfume, en quién la dulzura, no hay cosa en la que el sol no ponga su efecto, casi
como semilla de maduración para volver a todas las plantas aptas para alimentar al hombre y
darle placer con tantos gustos, casi innumerables. Así nuestro Ser Supremo, reservándose para
Sí la parte más noble del hombre, la cual es el alma, más que sol fijamos su interior, lo
dardeamos, lo modelamos, y conforme lo tocamos, más que luz solar, ponemos la semilla del
pensamiento en la inteligencia, la semilla de nuestro recuerdo en la memoria, la semilla de
nuestra Voluntad en la suya, la semilla de la palabra en la voz, la semilla del movimiento en las
obras, la semilla de nuestro amor en el corazón, y así de todo lo demás. Ahora, si nos pone
atención trabajando el campo de su alma junto con Nosotros, porque jamás retiramos nuestro
Sol Divino, de noche y de día estamos sobre él más que tierna madre, ahora para alimentarlo,
ahora para calentarlo, ahora para defenderlo, ahora para trabajar juntos, y para cubrirlo y
esconderlo en nuestro amor. Entonces haremos una bella cosecha que les servirá para
alimentarse de Nosotros, y alabarnos nuestro amor, nuestra potencia y sabiduría infinita, y si no
nos pone atención, queda sofocada nuestra semilla divina, sin producir el bien que posee, y él
queda en ayunas, sin los alimentos divinos, y Nosotros quedamos en ayunas de su amor. Cómo
es doloroso sembrar sin recoger, pero a pesar de todo esto, es tanto nuestro amor, que no lo
dejamos, continuamos a dardearlo, a calentarlo, casi como sol que no se cansa de hacer su
pasadita de luz, a pesar que no encuentra ni plantas, ni flores dónde poner la semilla de sus
efectos. ¡Oh! cuántos bienes de más haría el sol si no encontrara tantas tierras estériles,
pedregosas y abandonadas por el hombre. Así Nosotros, si encontráramos más almas que nos
pusieran atención, daríamos tantos bienes de transformar a las criaturas en santos vivientes y
en copias fieles de Nosotros. Pero en nuestra Voluntad Divina no hay peligro de que no reciba
nuestra semilla diaria, y que no trabaje junto con su Creador en el campo de su alma. Por eso
siempre en mi Fiat te quiero, no pienses otra cosa, así haremos una bella cosecha, y tú y Yo
tendremos alimentos abundantes, para poder abastecer a los otros, y seremos felices de una
sola felicidad”.
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33-28
Octubre 21, 1934
La característica y propiedad de la Divina Voluntad es la
espontaneidad. Todo lo bello, lo santo, lo grande, está en ella.
(1) Estoy siempre en camino en el Fiat Divino, mi pequeña inteligencia no se detiene jamás,
corre, corre siempre para poderme encontrar, por cuanto me es posible, junto al curso de los
actos incesantes que hace la Divina Voluntad por amor de las criaturas; pensar que Ella me ama
siempre, y no cesa jamás de amarme, y yo no correr en su amor para amarla, no lo puedo, siento
que le hago un agravio, es más, me siento en el laberinto de su amor, y sin esfuerzo la amo y
quiero investigar su amor para ver cuánto me ama de más, y quedo sorprendida al ver sus mares
inmensos de amor, y mi amor, gotitas apenas, y lo que es más, tomadas de su mismo mar. Por
eso me conviene estar en su mismo mar y decirle: “Tu amor es mío, por eso amémonos con un
solo amor”. Así me tranquilizo, y el Querer Divino está contento, es necesario tomar de lo suyo,
ser atrevida, de otra manera quedo sin dar nada, con un amor tan pequeño que muere sobre los
labios. Pero mientras mi mente disparataba, mi dulce Jesús, mi amada vida, haciendo su breve
visita, parecía que sentía gusto de escucharme, y me ha dicho:
2001 sig