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Octubre 7, 1934
Amor recíproco entre Dios y la criatura, intercambio de
acciones, laberinto de amor en el que viene puesto quien
vive en el Fiat. Dios, sembrador del campo de las almas.
(1) Estoy bajo las olas eternas del Fiat Divino, y mi pobre mente siente su dulce encanto, su
potencia y virtud obrante, que invistiéndome me hace hacer lo que hace Él, me parece que con
su ojo de luz da vida y hace surgir todo, y con su imperio domina sobre todo, lleva cuenta de
todo, ni siquiera un respiro se le escapa, da todo y quiere todo, pero con tanto amor que llega a
lo increíble, y lo que maravilla más es que quiere que la criatura sepa lo que hace para tenerla
inseparable de Sí y hacerla hacer lo que hace la misma Divina Voluntad. Yo he quedado
encantada, mi pequeñez se perdía y si no fuera porque mi dulce Jesús me sacudía haciéndome
su visita, hubiera permanecido ahí quién sabe cuanto, y todo bondad y amor me ha dicho:
(2) “Mi buena hija, no te asombres, todo es posible para quien vive en mi Voluntad. Hay un
amor recíproco de ambas partes, entre Dios y la criatura, pero tanto que la pequeñez humana
llega a querer y a hacer suyos los actos de Dios, y como suyos los ama tanto, que pondría la
vida para defender, amar y darles toda la gloria, el primer puesto de honor a uno solo de estos
actos divinos. Dios en correspondencia hace suyos los actos de la criatura, se encuentra a Sí
mismo en estos actos, el desahogo de su amor, la altura de su santidad, y ¡oh! cómo los ama, y
en este amor recíproco se aman tanto, que quedan aprisionados el uno en el otro, pero prisión
voluntaria, que mientras los vuelve inseparables se sienten felices, porque Dios se siente amado
y encuentra su puesto en la criatura, y ella se siente amada por Dios y tiene su puesto en el Ente
Supremo. No hay felicidad mayor para la criatura que poder decir y estar segura de ser amada
por Dios, y no hay felicidad mayor para Nosotros, que ser amados por quien fue creado por
Nosotros sólo para amarnos y para cumplir nuestra Voluntad. Ahora, la criatura mientras se
encuentra en su Creador, quisiera que todos lo amaran, que lo reconocieran, y en virtud del Fiat
Divino por el cual está animada, quiere hacer surgir y llama nuevamente a todos los actos de
las criaturas en Dios para decirle: ‘Todo te doy, y por todos te amo’. Por lo tanto se hace junto
con el Querer Divino pensamiento por cada inteligencia, mirada por cada ojo, palabra por cada
voz, latido por cada corazón, movimiento por cada obra, paso por cada pie, ¿qué cosa no me
quiere dar quien vive en mi Voluntad? A todos y todo, por eso dice a mi Voluntad: ‘Siento la
necesidad de poseer tu amor, tu potencia, para poder tener un amor que te diga por todos: Te
amo’. Así que en ella nuestra Voluntad nos hace encontrar el amor y la correspondencia de
todos los actos de las criaturas. ¡Oh! Voluntad mía, en qué potencia y en qué laberinto de amor
arrojas al alma que vive en ti, es tal y tanta, que la pequeñez humana se siente ahogada de
amor, y como refrigerio siente la necesidad de encontrar a todos para decir su continuo estribillo:
‘Te amo, te amo’ como desahogo del gran amor que le da mi Divina Voluntad. Esta es nuestra
Vida toda de amor, nuestra historia tejida ab eterno toda de amor, y así debe de ser quien vive
en nuestra Voluntad, debe haber tal acuerdo entre ella y Nosotros, de formar un solo acto y un
solo amor. Ahora hija mía bendita, quiero hacerte conocer cómo amamos a las criaturas, y
nuestros continuos desahogos de amor que derramamos sobre ellas; nuestro primer acto de
nuestra felicidad es amor y dar amor, si no damos amor nos falta el respiro, el movimiento y el
alimento a nuestro Ser Supremo; si no damos amor, y con los hechos amamos, detendríamos
el curso a nuestra Vida Divina, lo que no puede ser. Por esto nuestros inventos, las industrias,
las estratagemas de amor son innumerables, y amor no sólo de palabra sino de hechos y obras
que jamás cesan. Ahora, así como en la Creación creamos un sol que con su luz obrante y calor
da luz a todos, transforma la faz de la tierra y va sembrando en cada planta, en quién el color,
2000 sig