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Septiembre 24, 1934
Quien vive en la Divina Voluntad se vuelve miembro de Ella,
y adquiere la inseparabilidad de todas las obras de su Creador.
(1) Me siento como si nadara en el inmenso abismo de la Divina Voluntad, y como soy
demasiado pequeña hago por tomar, y no logro otra cosa que tomar pequeñas gotitas de Ella,
y lo poco que tomo queda en mí, e inseparables del Fiat Supremo, y me hacen sentir la
inseparabilidad de Él y de todos sus actos. ¡Oh! Voluntad Divina, Tú amas tanto a quien vive en
Ti, que no quieres hacer nada, ni sabes hacer nada, si no haces tomar parte en eso a aquélla
que ya en Ti vive, es tanto tu ímpetu de amor que dices: “Lo que hago Yo, debes hacer tú que
vives en Mí”. Me parece que te volverías infeliz si no pudieras hacer y decir: “Lo que hace la
criatura hago Yo, lo que hago Yo hace ella”. Pero mientras mi mente se perdía en Ella y sentía
los fuertes vínculos de su inseparabilidad, mi dulce Jesús repitiendo su visita a mi alma me ha
dicho:
(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que es tal y tanta la inseparabilidad de
quien vive en mi Voluntad de Ella, que no hay cosa que haga en el Cielo y en toda la Creación,
en que no le dé parte a quien vive en Ella. Así como el cuerpo posee la inseparabilidad de sus
miembros, y lo que hace un miembro, todos los otros miembros se concentran en el miembro
que obra, están al día de todo, y todos toman parte, así quien vive en mi Voluntad se vuelve
miembro de Ella, y como connatural de ambas partes sienten tal inseparabilidad, y lo que hace
uno hace el otro. Entonces, mi Querer en el Cielo felicita, beatifica, con sus sonrisas de amor
encanta a toda la corte celestial y hace gustar alegrías inauditas; en la tierra, en quien vive en
su Querer, desarrolla su Vida obrante, santifica, fortifica, y haciéndole de conquistadora hace
tantas conquistas por cuantos actos, latidos, palabras, pensamientos, pasos, hace en Ella.
Ahora en el Cielo, los bienaventurados sienten y toman parte en la Vida obrante y conquistante
que hace mi Voluntad sobre la tierra en las almas que viven en Ella, sienten la inseparabilidad
de sus actos, respiros y latidos, y la felicidad de mi Voluntad conquistante, por lo cual se sienten
las nuevas alegrías, las bellas sorpresas que sabe dar mi Fiat conquistante en las criaturas, y
como son conquistas de una Voluntad Divina, se sienten los bienaventurados, que ya viven de
Ella, conquistadores de sus bienes y obras suyas, y ¡oh! cuántos nuevos mares de felicidad
gozan. Y he aquí que el Cielo se siente inseparable hasta de los respiros de la criatura que vive
en mi Voluntad sobre la tierra, y la criatura siente en virtud de Ella la inseparabilidad de las
alegrías y felicidad del Cielo, la paz de los santos es suya, la firmeza y confirmación en el bien
se convierten en naturaleza, la vida del Cielo la siente correr en sus miembros, más que sangre
en sus venas, todo es inseparable para quien vive en mi Voluntad, del cielo, del sol, de la
Creación toda, no hay cosa que pueda separarse de ella, parece que todos y todo le dicen:
‘Somos inseparables de ti’. Mis mismas penas sufridas sobre la tierra, mi Vida, mis obras, le
dicen: ‘Somos tuyas’. La circundan, la invisten y toman el puesto de honor, y se vinculan con
modos inseparables de ella. He aquí el por qué la criatura que vive en mi Querer se siente
siempre pequeña, porque sintiendo la inseparabilidad de tantas obras mías, grandes e
innumerables de mi amor, de mi luz y santidad, es la verdadera pequeña en medio a todas mis
obras, pero pequeña afortunada, amada por todos, que llega hasta dar las bellas, las nuevas
conquistas, las nuevas alegrías al Cielo. Por eso si quieres todo, vive siempre en mi Querer y
te sentirás la criatura más feliz”.
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1999 sig