sólo queda en modo admirable enriquecida de las obras de su Creador, sino que nos da la nueva
gloria, como si nuestras obras fueran repetidas de nuevo. Todo lo que hemos hecho pasa por
el canal de la criatura, como es nuestra Voluntad que esto sucediera, y nos sentimos repetir, en
virtud de Ella, la gloria como si extendiéramos un nuevo cielo, como si hiciéramos una nueva
creación, y conforme la sentimos venir en nuestro Querer, le damos la bienvenida y desbordando
nuevo amor le decimos: ‘Ven, toca con la mano lo que hemos hecho, nuestras obras están vivas
para ti, no muertas, y con conocerlas repetirás la nueva gloria y la nueva correspondencia de
amor’. Es verdad que nuestras obras nos alaban y nos glorifican por sí mismas, más bien somos
Nosotros mismos que nos alabamos y glorificamos continuamente, pero la criatura en nuestra
Voluntad nos da alguna cosa de más, nos da su voluntad obrante en nuestras obras, su
inteligencia para conocerlas y su amor para amarnos, por lo tanto sentimos la gloria de que una
voluntad humana nos repite la gloria, como si nuestras obras fueran repetidas. Por eso siempre
en mi Fiat Divino te quiero, para recibir sus secretos y beber a grandes sorbos sus admirables
conocimientos. Con el ser conocido se comunica la vida, se repiten las obras, y se obtiene la
finalidad”.
+ + + +
33-20
Junio 29, 1934
La atención, ojo del alma. En la Divina Voluntad no hay ciegos.
El imán, la impresión de la imagen divina en nuestros actos.
Dios se hace prisionero de la criatura.
(1) El Querer Divino no me deja jamás sola, me parece que me mira siempre para investir mi
pensamiento, mi palabra, el más pequeño de mis actos, pero quiere mi atención, quiere que yo
sepa que quiere investir mis actos, y que mirándonos mutuamente Él da y yo recibo, y si no
pongo atención me reprende, pero con un modo tan dulce de sentirme destrozar el corazón, y
me dice:
(2) “La atención es el ojo del alma que sabe conocer el don que quiero darle, y dispone la
acción a recibir mi investidura. Yo no quiero dar mis bienes a los ciegos, quiero que los veas y
los sepas, ¿pero sabes por qué? Con verlo aprecias mi don, y con saberlo lo conoces y lo amas,
y Yo te hago sentir a lo vivo mi luz, mi potencia, mi amor, y siento repetir en tu pequeño
pensamiento, palabra y acción, lo que sabe hacer, cómo sabe amar mi misma Voluntad Divina,
por eso la primera cosa que Yo hago a quien quiere vivir en Ella, es dar el ojo para mirarnos
recíprocamente y conocernos, cuando nos hemos conocido todo está hecho, el vivir en mi
Voluntad Divina está asegurado con su pleno vigor”.
(3) Entonces mi mente se perdía en un mar de luz y de pensamientos, y mi dulce Jesús
sorprendiéndome me ha dicho:
(4) “¡Ah! hija mía, el vivir en mi Voluntad es el vivir de Cielo, es sentir en el alma la vida de la
luz, del amor, la vida de la acción divina, la vida de la plegaria; lo que hace, para ella todo es
vida palpitante en sus actos. Tú debes saber que quien hace la Divina Voluntad y vive en Ella,
se vuelve el imán de los actos divinos, su pequeño movimiento, pensamiento y obras, quedan
imantados por un imán tan potente de imantar a su Creador, de modo que este imán lo atrae
tanto que no puede alejarse de la criatura. Nuestro Ser Supremo siente imantada la mirada, y
está siempre mirándola; siente el imán en los brazos, y la tiene estrechada a su seno; imanta
nuestro amor y derramamos tanto, que llegamos a sentir que nos ama como nos amamos
Nosotros mismos. Ahora, cuando la criatura nos ha formado este imán, nuestro amor llega a
los excesos, cuando forma sus actos, incluso el más mínimo, acuñamos en ellos nuestra imagen
divina y los hacemos pasar como actos nuestros, con la marca de nuestra Imagen Suprema y
los ponemos en nuestros tesoros divinos, como monedas nuestras que nos ha dado la criatura,