nuestra semejanza, ella no es otra cosa que simple acto, sin embargo es la mano, el pie, la voz
de su ser humano. Si la criatura no tuviera voluntad sería similar a las bestias, esclava de todos,
sin la marca de la nobleza divina; nuestra Divinidad, purísimo Espíritu, no hay sombra en
Nosotros de materia, no obstante investimos a todos y a todo, y somos la vida, el movimiento,
el pie, la mano, el ojo de todos, la vida humana corre en medio a nuestros dedos como actor y
espectador, respiro y latido de cada corazón, y lo que Nosotros somos para todo y para todos,
la voluntad humana lo es para sí misma; se puede decir que por las prerrogativas que posee,
ella se puede espejear en Nosotros, y Nosotros encontramos nuestro pequeño espejo en ella,
nuestra potencia, sabiduría, bondad y amor pueden formar sus reflejos en el simple acto de la
voluntad humana. ¡Oh! voluntad humana, cómo has sido creada bella por tu Creador, bello es
el cielo, el sol, pero tú los superas, y aunque no tuvieras nada más de bello, sólo porque puedes
decirnos que nos amas, posees la más grande gloria, el encanto que puede raptar a tu Creador”.
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33-19
Junio 24, 1934
Quien vive en nuestra Voluntad siente el latido divino en sus obras,
conoce su intención, obra junto y es la bienvenida en nuestro Fiat.
(1) Me siento entre los brazos de la Divina Voluntad, la cual con una bondad insuperable me
hace presente todo lo que ha hecho por amor de las criaturas, para recibir el placer de hacérmelo
conocer, y para ser renovada la gloria de todo lo que ha hecho por amor nuestro, y como todo
lo ha hecho por puro amor, parece que no está contenta si no se siente conocida y amada por
quien fue la causa de que hiciera obras tan grandes y de magnificencia indescriptible. Pero
mientras mi mente se perdía en la multiplicidad de tantas obras divinas, mi siempre amable
Jesús, repitiendo su visita me ha dicho:
(2) “Mi pequeña hija, nuestro amor, nuestras obras, quieren tener vida en la criatura, quieren
hacerse sentir palpitantes, para darles el amor y los frutos que contienen nuestras obras, las
cuales como pariendo en ellas, éstas producen también amor y frutos divinos. Todo lo que
Nosotros hemos hecho está siempre en acto, y nosotros llamamos a la criatura en el acto que
estamos obrando para hacerla conocer nuestras obras, cuánto amor contienen, con cuánta
sabiduría y potencia han sido formadas, y cómo en todo lo que hacemos, nuestra mira es
siempre ella; nada hemos sacado de Nosotros si no palpitaba amor y llamaba al latido de la
criatura para hacernos amar, Nosotros de nada teníamos necesidad, porque poseemos en
Nosotros mismos, en nuestro propio Ser Divino todos los bienes posibles e imaginables, y
poseyendo la virtud creadora, cuantos bienes queremos crear están en nuestro poder, por eso
todas nuestras obras externas fueron hechas para ella, para darle amor, para hacer conocer
quién es el que la ha amado tanto, y como escalera para hacerla subir a Nosotros y darnos su
pequeño amor; Nosotros nos sentimos robados por quien no nos conoce, y por quien no nos
ama nos sentimos traicionados. Ahora hija mía, ¿quieres saber quién recibe nuestro latido de
las cosas creadas, nuestra atención, los conocimientos, y nos da su latido y su correspondencia
de amor? Quien vive en nuestra Voluntad. Conforme la criatura entra en Ella, con sus alas de
luz como brazos se la estrecha a su seno, y como posee su acto incesante dice: ‘Mírame cómo
estoy obrando, más bien hagámoslo juntos a fin de que conozcas lo que hago, mi amor distinto
entre una cosa creada y la otra, y tú recibas todos estos grados de mi ardiente amor, de manera
de cubrirte y hacerte quedar ahogada de amor, pero tanto, que no sabrás decir mas que me
amas, me amas, me amas; si tú no conoces no serás capaz de recibir la plenitud del amor, ni
gustar los frutos de nuestras obras. Ahora quiero decirte otra sorpresa: En cuanto la criatura
entra en nuestra Voluntad, en lo que hemos hecho en la Creación, en la Redención, en todo, no