saber que todas las cosas y la misma naturaleza humana toman del movimiento eterno de Dios,
de modo que todo gira a su alrededor, toda la Creación, el respiro, el latido, la circulación de la
sangre, están bajo el imperio del movimiento eterno, y como todos y todo tienen vida de este
movimiento, son inseparables de Dios, y como tienen vida, con una carrera unánime giran en
torno al Ente Supremo, así que el respiro, el latido, el movimiento humano, no está en poder de
ellos el respirar, latir, moverse, quieran o no quieran, estando bajo el movimiento incesante del
Eterno, sienten también ellos el acto incesante del respiro, del latido y del movimiento, se puede
decir que hacen vida junto con Dios y con todas las cosas creadas que le giran en torno sin
jamás detenerse; sólo la voluntad humana, habiéndola creado con el gran don del libre albedrío
para que pudiera decirnos que libremente nos amaba, no obligada como es obligado el respiro
a respirar, el corazón a latir y a recibir el movimiento de su Creador, sino por voluntad querida,
no forzada, pudiera amarnos y estarse junto con Nosotros para recibir la Vida obrante en nuestro
Querer; era el honor y el don más grande que dábamos a la criatura, y ella, ingrata, se aparta
de nuestra unión e inseparabilidad, y por lo tanto de la unión de todos y de todo, y por eso se
pierde, se degrada, se debilita, pierde la fuerza única, y es la única en toda la Creación que
pierde su curso, su puesto de honor, su belleza, su gloria, y va vagando separada de su puesto
que tiene en nuestra Voluntad que la llama, la suspira a su puesto de honor, así que todos tienen
un puesto, también el respiro y el latido humano, y como todos y todo tienen un puesto, no
pierden jamás la vida y su movimiento incesante, ninguno se siente pobre, débil, sino ricos en
el movimiento eterno de su Creador. Sólo la voluntad humana, porque no quiere estar en el
puesto real de nuestro Querer Divino, es la extraviada y la más pobre de todos, y así como se
siente pobre, se siente infeliz, y es la turbadora de la humana familia. Por eso si quieres ser
rica, feliz, no desciendas jamás de tu puesto de honor, que es dentro de nuestra Voluntad,
entonces tendrás todo en tu poder, fuerza, luz, y también mi misma Voluntad”.
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33-17
Mayo 20, 1934
La Divina Voluntad consume todo, como dentro de un solo aliento
todos los actos hechos en Ella, y forma de ellos uno solo. La Divina
Voluntad forma las vestiduras de la Humanidad de Nuestro
Señor y la hace presente a las criaturas.
(1) Me sentía pobre, pobre de amor, pero con la voluntad de quererlo amar mucho; había
recibido al dulce Jesús Sacramentado, y Él estaba como ahogado de amor y yo apenas unas
gotitas nada mas, sin embargo me pedía amor para darme amor, pero ¿cómo hacer para poderlo
igualar de algún modo? Entonces he pensado entre mí: “Mi Mamá Celestial quiere que yo ame
mucho a nuestro Jesús, por eso estas gotitas mías de amor las quiero verter en sus mares de
amor, y así le daré y le diré: Te amo tanto que te amo como te ama tu Mamá”. Ahora me parecía
que la Soberana Señora se alegraba y se sentía feliz de que su hija amaba a Jesús con su amor,
y Él más contento todavía, porque se sentía amado por mí con el amor de su Mamá, y todo
contento me ha dicho:
(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que quien vive en mi Fiat no está jamás
solo en sus actos, está incorporado en todo lo que mi Mamá ha hecho, hace y hará, tanto en Sí
misma como en todas las criaturas, así que Yo sentía en el amor de mi Madre el amor de mi
hija, y en el amor de la hija el amor de mi Madre Divina. ¡Oh! cómo eran bellas tus pequeñas
gotitas de amor investidas por los mares de amor de mi Mamá. Para quien vive en mi Querer,
Yo siento correr el Cielo en sus actos, en su amor, en su voluntad, y siento a la criatura en el
Cielo, y sus actos, su amor, su voluntad, investir el empíreo, invadir a todos y formar un solo
1988 sig