tierra, aire, vientos, como habitación dónde poner a este hombre y hacerle encontrar todo lo que
era necesario para hacerlo vivir; en la misma creación del hombre primero hicimos el cuerpo y
después le infundimos el alma, más preciosa, más noble, y que contiene más valor que el
cuerpo; muchas veces es necesario hacer primero las obras menores, para preparar la decencia,
el puesto a nuestras obras mayores. ¿Qué maravilla entonces, que al descender del Cielo a la
tierra, en nuestra mente divina nuestro fin primario era constituir el reino de nuestra Voluntad en
medio a la familia humana? Mucho más que la primera ofensa que nos hizo el hombre fue
propiamente dirigida a nuestra Voluntad, por eso con justicia, nuestra primera finalidad debía
ser dirigida a afianzar la parte ofendida de nuestra Voluntad y a restituirle su puesto real, y luego
venía la Redención; y la Redención vino en modo sobreabundante, con tales excesos de amor
de hacer estremecer Cielo y tierra. Pero, ¿por qué primero? Porque debía servir para preparar
con decencia, con decoro, con suntuosidad, con el ajuar de mis penas y de mi misma muerte,
como reino, como ejército, como habitación y como cortejo para hacer reinar mi Voluntad. Para
sanar al hombre se requerían mis penas, para darle la vida se requería mi muerte, sin embargo
habría bastado una lágrima mía, un suspiro mío, una sola gota de mi sangre para salvar a todos,
porque todo lo que Yo hacía estaba animado por mi Voluntad Suprema. Puedo decir que era
Ella en mi Humanidad que corría en todos mis actos, en mis penas más desgarradoras, para
buscar al hombre y ponerlo a salvo, ¿cómo entonces se puede negar el primer propósito de un
Querer tan santo, tan potente, que abraza todo, y que no hay vida, ni bien sin Él? Por eso es
absurdo el sólo pensarlo. Por lo tanto quiero que en todas las cosas la reconozcas como acto
primero de todo, así te pondrás en nuestro orden divino, que no hay cosa en que no demos el
primado a nuestra Voluntad”.
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33-16
Mayo 12, 1934
Extrema necesidad del abandono en el Querer Divino,
virtud de Él. Cómo todos giramos en torno a Dios; sólo la
voluntad humana va vagando y es la turbadora de todos.
(1) Mi abandono en el Fiat es una necesidad extrema de mi pobre corazón, porque me hace
sentir su Paternidad y Maternidad Divina, que con sus brazos de luz me tiene estrechada a su
seno para verterse en mí como Madre ternísima, que ama con amor inseparable a su hija, pero
tanto, que quiere generar su Vida en su hija. Parece que sea un delirio, una pasión divina de
esta Madre Santa, que la vuelve toda ojo, toda atención y premura, toda corazón, y en continuo
acto de trabajar para concebir, nacer y crecer su Vida en su hija toda abandonada en sus brazos.
Así que el abandono en la Divina Voluntad facilita los cuidados y vuelve realizables las premuras
de esta Madre Celestial, de formar su Vida toda de Voluntad Divina en la criatura. Mamá mía
bella, ¡ay! no me separes de tu seno de luz a fin de que pueda sentir tu Vida en mí, que
pintándome continuamente me haga conocer cuánto me amas, quién eres Tú y cuán bella,
amable y adorable eres. Pero mientras mi mente se perdía en el abandono total en el Querer
Divino, mi dulce Jesús repitiendo su breve visita me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, cuanto más se comprende de mi Querer, tanto más se goza de su
belleza y santidad, y tanto más se recibe de sus bienes, y el abandono en Él destruye todos los
obstáculos y estrecha al alma tan fuerte entre sus brazos, que sin esfuerzo mi Fiat puede
regenerar su Vida Divina en la criatura; el verdadero y pleno abandono dice con los hechos:
‘Haz de mí lo que quieras, mi vida es la tuya, y de la mía no quiero saber nada más’. Así que el
abandono tiene virtud de poner a la criatura en poder de mi Divina Voluntad. Porque tú debes