quisieran. Por eso mi Redención, mi Vida, mis penas, mi muerte, servirán para disponer a las
criaturas a un bien tan grande y como preparativo al gran portento del reino de mi Voluntad en
las generaciones humanas, y si aún no se ven los frutos, la vida de él, esto no dice nada, porque
en mi Humanidad está el germen, la Vida de mi Fiat, y este germen posee la virtud de formar la
gran generación de tantas otras semillas en los corazones, para regenerar en ellos el
restablecimiento de la Vida de mi Voluntad en las criaturas. Por eso no hay acto hecho por el
Ente Supremo que no salga de nuestra Voluntad, y es tanto su amor, que se pone como vida en
nuestro acto, y como vida reclama sus derechos, porque quiere desarrollar su Vida; por eso,
¿cómo podía Yo venir a redimir si no restituía estos derechos a mi Voluntad? Estos derechos
para venir a redimir le fueron restituidos en mi Madre Celestial, en mi Humanidad, y sólo porque
tuve estos primeros derechos pude venir a redimir, de otra manera no encontraría ni el camino,
ni el lugar dónde descender, y mi Humanidad se comprometió con Ella, por vía de penas, a
restituirle estos derechos de hacerla reinar a su tiempo en la familia humana. Por eso tú ruega,
y unida Conmigo no escatimes el sacrificio de tu vida por una causa tan santa y divina, y de
amor más heroico y grande hacia todas las criaturas”.
(3) Entonces he quedado pensativa por lo que está escrito arriba y pensaba para mí: “¿Cómo
puede ser que mientras dice que su fin primario de su venida sobre la tierra fue para establecer
el reino de la Divina Voluntad, si bien estaba unida junto la Redención, mientras los frutos de la
Redención se ven abundantemente, y los de su Fiat reinante no se ven casi nada aún?” Y Jesús
ha agregado:
(4) “Hija mía, sería absurdo y contra el orden divino no dar el primado a nuestra Voluntad,
como de hecho lo dimos. Puedo decir que primero comenzó el reino de la Voluntad Divina en
mi Madre Celestial, después en mi misma Humanidad, la cual poseía toda la plenitud de la
Voluntad Suprema, y después vino la Redención, y como Yo y la Reina del Cielo, en virtud de
este reino que poseíamos en su pleno vigor, representábamos a toda la humana familia, como
cabezas para reunir todos los miembros esparcidos, por eso pudo venir la Redención. Fue
propiamente de adentro del reino de mi Voluntad que saqué la Redención; si Yo y mi Madre no
lo hubiéramos poseído, habría sido un sueño y quedado en nuestra mente divina. Ahora, siendo
la Cabeza, el Rey, el Salvador y el verdadero santificador del género humano, lo que hay en la
Cabeza tienen derecho los miembros, lo que posee la Madre, tienen derecho de heredar los
hijos, he aquí por eso la Redención: La Cabeza quiere sanar los miembros y vincularlos por vía
de penas y de muerte para disfrutar en ellos las virtudes de la Cabeza; la Madre quiere reunir a
los hijos, hacerse conocer, para constituirlos herederos de lo que Ella posee; he aquí la
necesidad del tiempo, de modo que del reino de mi Voluntad salió la Redención como acto
primero, y la Redención servirá como medio potente para comunicar a los miembros el reino que
posee la Cabeza, el uno y el otro se dan la mano. Y si amo tanto, quiero, insisto que las criaturas
en todas las cosas tengan sólo por principio únicamente mi Voluntad. Yo que poseo su Vida y
que debía descender del Cielo a la tierra, y que tanto me debía costar, ¿no debía dar el primado
a mi Voluntad? ¡Ah! hija mía, esto quiere decir que no se conoce a fondo, mientras que tiene
más valor un acto de mi Voluntad que todas las criaturas juntas, y es tan cierto, que de mi
Voluntad tuvo vida la Redención, mientras la Redención no tenía virtud de dar vida a mi
Voluntad. Mi Fiat es eterno, no tuvo principio ni en la eternidad, ni en el tiempo, mientras la
Redención tuvo su principio en el tiempo, y como mi Querer no tiene principio, y es el único que
puede dar vida a todo, por eso posee en su naturaleza el primado sobre todo, y no hay cosa que
hagamos en que no tengamos nuestro fin primario: ‘Que nuestra Voluntad tenga su Vida
dominante, obrante y reinante’. Pero tú dices que los frutos de la Redención se ven, mientras
que de aquellos del reino de la Divina Voluntad no se ve nada; esto dice que no se comprenden
nuestros modos divinos; hacemos las cosas menores para dar lugar a nuestras obras mayores
y para efectuar nuestro fin primario. Escúchame hija mía, en la Creación nuestra finalidad
primaria era el hombre, pero en vez de crear al hombre, primero creamos cielos, soles, mares,
1986 sig