maduración, a quién el desarrollo y la dulzura, no hay cosa creada a la cual el sol no le dé de lo
suyo, por eso la criatura tomando el alimento, sirviéndose de las plantas, toma los efectos y los
intereses que le da la luz que a él pertenece y que voluntariamente no toma. Más que sol es mi
Voluntad, en todos los actos que hace llama y tiene presentes a todas las criaturas, y a todas
da sus bienes divinos.
(3) Ahora quien vive en nuestra Voluntad, como posee como propiedad suya el bien que en
cada acto mi Querer le ha dado, siente en sí la naturaleza del bien, ya que el bien está en su
poder; la bondad, la paciencia, el amor, la luz, el heroísmo del sacrificio están a su disposición,
y si tiene la ocasión de ejercitarlos, sin esfuerzo los ejercita, y si no tiene la ocasión de ejercitarlos
los posee siempre, como tantas nobles princesas que forman el honor, la gloria de las
propiedades que le ha dado mi Voluntad. Sucede como al ojo que posee la vista, si es necesario
que vea, que se ayude con la vista, lo hace, si no es necesario no pierde la vista, sino que tiene
su ojo como gloria y honor porque posee su ojo que ve. Poseer mi Voluntad y no poseer las
virtudes como en naturaleza suya, es casi imposible, sería como un sol sin calor, como un
alimento sin sustancia, como una vida sin latido. Por eso quien posee mi Voluntad posee todo,
como dones y propiedades que lleva consigo mi Querer Divino”.
+ + + +
33-15
Mayo 6, 1934
Primer propósito de la Redención: Restablecer la Vida de
la Divina Voluntad en la criatura. Dios hace las cosas
menores para dar el lugar a sus obras mayores.
(1) Estoy bajo las olas altísimas del Fiat Divino, el cual, las cosas y todos sus actos divinos,
hace ver y tocar con la mano que todos tienen origen del Querer Divino, y todos son portadores
de un Querer tan Santo. Así que el fin primario de Dios, tanto en la Creación como en la
Redención, no fue otro su objetivo que formar su Vida palpitante de Voluntad Divina en cada
criatura y en todo, quería su puesto regio, la inserción de todas las cosas y de cada acto en su
Voluntad, y con justicia y con razón, siendo Ella la autora de todo y de todos, ¿qué maravilla que
quiera su lugar de derecho en todo? Después, siguiendo a la Divina Voluntad en sus actos, he
llegado a la Redención, y mi amado Jesús deteniéndome y suspirando me ha dicho:
(2) “Hija mía, el fin primario de la Redención, en nuestra mente divina, fue el restablecer el
reino de la Divina Voluntas en la criatura; era esto de divino que habíamos puesto en ella, nuestra
Voluntad obrante, el acto más noble, más bello, y que en virtud de esto Nosotros amábamos a
la criatura hasta la locura, porque tenía de lo nuestro, Nosotros nos amábamos a Nosotros
mismos en ella, y por eso nuestro amor era perfecto, pleno e incesante, y como si no nos
pudiéramos separar de ella, sentíamos a nuestra misma Voluntad que desde dentro de la
criatura nos imponía a amarla, y si descendí del Cielo a la tierra, fue el imperio, la potencia de
mi Fiat que me llamó, porque quería sus derechos y ser restablecido y puesto a salvo su acto
noble y divino. Nos habría faltado el orden y habríamos actuado contra natura si descendiendo
del Cielo hubiera puesto a salvo a las criaturas, y a nuestra Voluntad, lo que de divino y nuestro
acto más bello puesto en ellas, principio, origen y fin de todo, no ponerlo a salvo y restituirle su
reino en ellas. Pero, ¿quién hay que no piense en salvarse primero a sí mismo y después a los
demás? Ninguno, y si no puede salvarse a sí mismo, es señal de que no tendrá ni virtud, ni
poder de salvar a los demás. Con restablecer el reino de mi Voluntad en la criatura, Yo hacía el
acto más grande, acto que sólo puede hacer un Dios, esto es, poner a salvo mi misma Vida en
la criatura, y salvándome a Mí mismo todos eran puestos al seguro, no más peligros, porque
tenían una Vida Divina en su poder, en la cual habrían encontrado todos los bienes que
1985 sig