divina, el orden, el régimen. Jesús es cabeza de la criatura.
(1) Mientras continuaba mi giro en la Divina Voluntad, su dulce imperio, su fuerza irresistible,
su amor y su luz inextinguible se vierten sobre mi pequeñez, la cual como raptada se encuentra
en el mar de la Divina Voluntad, y ¡oh! las dulces sorpresas, sus modos siempre nuevos, su
belleza raptora, su inmensidad que lleva como en su regazo a todos y a todo; pero lo que más
impresiona es su amor por la criatura, parece que es toda ojo para mirarla, toda corazón para
amarla, toda manos y pies para llevarla estrechada a su seno y para darle el paso. ¡Oh! cómo
suspira el dar su Vida a la criatura a fin de que pueda vivir de la suya, parece que sea un delirio
que tiene, un empeño que ha tomado, una victoria que a cualquier costo quiere obtener, que su
Vida forme la vida de la criatura. Entonces mi mente se perdía en medio de este espectáculo
de amor de la Divina Voluntad, y mi dulce Jesús todo ternura me ha dicho:
(2) “Hija mía, el hombre con hacer su voluntad perdió la cabeza, la razón divina, el régimen,
el orden de su Creador, y como perdió la cabeza, todos los miembros querían hacer de cabeza,
pero no siendo oficio de los miembros tener virtud y habilidad de hacer de cabeza, no supieron
tener el régimen, ni el orden entre ellos, y un miembro se puso contra el otro y se dividieron entre
ellos, así que quedaron como miembros separados, porque no poseían la unidad de la cabeza.
Pero nuestro Ente Supremo amaba al hombre, y viéndolo sin cabeza, nos daba pena y era el
más grande de los deshonores a nuestra obra creadora, no podíamos tolerar un desgarro tan
grande en aquél que tanto amábamos. Por eso nuestra Voluntad Divina nos dominó, y nuestro
amor nos venció, y haciéndome descender del Cielo a la tierra me constituí cabeza del hombre
y reuní todos los miembros esparcidos bajo mi cabeza, y los miembros adquirieron el régimen,
el orden, la unión y la nobleza de la cabeza. Así que mi Encarnación, todo lo que hice y sufrí, y
mi misma muerte, no fue otra cosa que camino que hice para buscar estos miembros esparcidos,
y hacer fluir de la virtud de mi cabeza divina, la vida, el calor y la resurrección de los miembros
muertos, para formar de todas las humanas generaciones un solo cuerpo bajo mi cabeza divina;
cuánto me costó, pero mi amor me hizo superar todo, afrontar todas las penas y triunfar sobre
todo. Ahora hija mía, mira entonces qué significa no hacer mi Voluntad, perder la cabeza,
dividirse de mi cuerpo, y como miembros separados, a duras penas y a tientas caminar aquí
abajo como tantos monstruos, de dar piedad. Todo el bien de la criatura está concentrado en
mi Voluntad Divina y forma nuestra gloria y la de las humanas generaciones; he aquí el por qué
nuestro delirio, nuestro empeño, y queremos vencer por vía de amor y de sacrificios inauditos,
para que la criatura viva en nuestra Voluntad. Por eso sé atenta y contenta a tu Jesús”.
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33-11
Marzo 4, 1934
Los actos hechos en la Divina Voluntad forman los caminos,
abrazan los siglos. Quién forma la cárcel. El Ingeniero
Divino y el Artífice insuperable.
(1) Mi pobre inteligencia gira siempre en el Fiat Divino para encontrarme con sus actos,
fundirme con ellos, cortejarlos, amarlos y poderle decir: “Tengo el amor de tus actos en mi
poder, por eso te amo como me amas Tú, y lo que haces Tú hago yo”. ¡Oh! cómo es bello poder
decir: “He desaparecido en la Divina Voluntad, y por eso su fuerza, su amor, su santidad, su
obrar, son míos, hacemos un solo paso, tenemos un solo movimiento y un solo amor”. Y la
Divina Voluntad toda en fiesta parece que dice: “Cómo estoy contenta, no estoy más sola, siento
en Mí un latido, un movimiento, una voluntad que corre en Mí, y fundida junto Conmigo no me
deja jamás sola, y hace lo que hago Yo”. Entonces, mientras mi mente se perdía en el Querer