salir nuestro amor para inundarlos para hacerse conocer, amarlos y hacerse amar, más bien
estaban inmersos en el letargo de las culpas, tanto de hacernos horrorizar al sólo verlos. Pero
nuestro amor ardía, lo amábamos y queríamos hacer llegar nuestro amor a todos, ¿cómo hacer?
Debíamos usar una gran invención de nuestro amor para llegar a esto, y he aquí cómo:
Llamamos a vida a la pequeña Virgencita María, y creándola toda pura, toda santa, toda bella,
toda amor, sin mancha de origen, y haciendo concebir junto con Ella nuestra misma Voluntad
Divina, a fin de que entre Ella y Nosotros hubiera libre acceso, perenne unión e inseparabilidad.
Ahora, la Celestial Reina con su belleza nos raptaba, y nuestro amor corría, corría; con su amor
nos hería y nuestro amor desbordando se escondía en Ella, y mirando a través de su belleza y
de su amor a todas las criaturas, nuestro amor se desahogaba y amaba con amor oculto en esta
Celestial Reina a todas las criaturas. Así que a todos amamos en Ella, a través de su belleza
no nos parecen más feas, nuestro amor no estaba más restringido en Nosotros, sino difundido
en el corazón de una criatura tan santa, que comunicándole nuestra Paternidad Divina y amando
a todos en Ella, adquirió la Maternidad Divina para poder amar a todos como hijos suyos,
generados por su Padre Celestial; en cuanto sentía que Nosotros amábamos a todas las
criaturas en Ella, así sentía que nuestro amor formaba la nueva generación de todo el género
humano en su corazón materno. ¿Se puede dar invención más grande de amor, estratagemas
más amorosas, que el que nuestra Paterna bondad para amar a las criaturas, y también a
aquéllas que nos ofendían, eligiera de esta misma estirpe a una criatura, formarla cuanto más
bella podíamos a fin de que nuestro amor no pudiese encontrar obstáculos para poder amar a
todos en Ella, y hacerla amar a todos? En esta Celestial Reina todos pueden encontrar nuestro
amor escondido en Ella, mucho más que poseyendo nuestra Voluntad Divina nos dominaba y
nos hacía amar a todos, y Nosotros con nuestro dulce imperio la dominábamos a Ella para ser
la Madre más afectuosa de todas. El verdadero amor no sabe estar sin amar y usa todas las
artes, toma ocasión de las más pequeñas cosas, como de las más grandes para amar, nuestro
amor ahora se esconde, ahora se hace patente, ahora directamente, y ahora por vía indirecta,
para hacer conocer que amamos con amor incesante a aquélla que sacamos del fondo de
nuestro amor. Don más grande no podíamos dar a todas las generaciones, que dar a esta
inigualable criatura como Madre de todos, y como portadora de nuestro amor escondido en Ella,
para darlo a todos sus hijos”.
(3) Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad, el pensamiento de que mi
Mamá Celestial poseía en su materno corazón el amor escondido con el cual me amaba mi
Creador, me llenaba de alegría, y el pensar que yo era mirada por Dios desde dentro de mi
querida Madre Celestial, a través de su santidad y de su belleza raptora, ¡oh! cómo me sentía
feliz y llena de confianza, porque ya no debía ser amada y mirada sola, sino amada y mirada
junto con mi Mamá. ¡Ah! Ella para hacerme amar más por mi Jesús me cubrirá con sus virtudes,
me vestirá con su belleza y esconderá mis miserias y mis debilidades. Pero un pensamiento
quería afligir mi alegría: “Que Nuestro Señor hizo esto mientras la Reina del Cielo vivió sobre la
tierra, pero cuando se la llevó al Cielo esta invención de amor divino terminó”. Y mi dulce Jesús
regresando ha agregado:
(4) “Hija mía bendita, nuestras obras continúan siempre y son inseparables de Nosotros, así
que nuestro amor oculto continúa en la Reina del Cielo y continuará siempre, no sería obrar
como Dios si todo lo que hacemos pudiera separarse de Nosotros y no tener vida perenne. Por
eso Nosotros amamos, nos vertemos sobre las criaturas, parece que nuestro amor parte de
Nosotros, pero no, parte y queda con Nosotros, y el amor que se vuelca sobre las criaturas es
inseparable de Nosotros y vuelve inseparable a aquélla que ha recibido nuestro amor, así que
todas nuestras obras: Cielo y tierra, criaturas que salen a la luz del día, parece que parten de
Nosotros, pero no, todas son inseparables de Nosotros, y esto es en virtud de nuestra
inmensidad, que envolviendo todo, no hay punto donde no se encuentra y vuelva inseparable
todo lo que Nosotros hacemos, por eso ni nuestras obras se pueden separar de Nosotros, ni
1977 sig