Nosotros de ellas, se puede decir que forman un solo cuerpo para Nosotros, y nuestra
inmensidad y potencia es como circulación de la sangre que mantiene a todo y a todos la vida,
a lo más pueden ser obras distintas una de la otra, pero separables jamás”.
(5) Entonces yo al oír esto, maravillándome he dicho: “Sin embargo Amor mío, los réprobos
ya están separados de Ti, pero también ellos son obras salidas de Ti, ¿cómo es entonces que
no te pertenecen más?”
(6) Y Jesús: “Te equivocas hija mía, no me pertenecen por vía de amor sino por vía de justicia,
mi inmensidad que los envuelve tiene su poder sobre ellos, y si no me pertenecieran, mi justicia
que castiga no tendría qué castigar, porque si las cosas no me pudieran pertenecer al instante
perderían la vida, pero si esta vida existe es que hay quién la conserva y quién justamente la
castiga. Por eso nuestro amor escondido hacia cada criatura la Soberana Señora lo posee
todavía en el Cielo, es más, es su más grande triunfo y contento, porque siente que su Creador
ama en su materno corazón a todas las criaturas, y Ella haciendo de verdadera Madre, cuántas
veces me las esconde en su amor para hacerlas amar, en sus dolores para hacerlas perdonar,
en sus oraciones para hacerles dar las gracias más grandes. ¡Ah! Ella es la que cubre y que
sabe cubrir y disculpar a sus hijos ante el trono de nuestra Majestad, por eso hazte cubrir por tu
Mamá Celestial, la cual pensará en las necesidades de su hija”.
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33-9
Febrero 10, 1934
Quien vive en la Divina Voluntad crece en sus brazos, la cual
con su fuerza la forma como la pequeña vencedora. Ella es la
pequeña reina que con su Jesús en el corazón repite su Vida.
(1) Me siento la pequeña hija, pero tan pequeña que siento la extrema necesidad de que la
Divina Voluntad, más que Madre mía me lleve entre sus brazos, me ponga las palabras en la
boca, me suministre el movimiento a mis manos, me sostenga el paso, me forme el latido en el
corazón y el pensamiento en mi mente. ¡Oh! Voluntad Divina, cuánto me amas, me siento verter
tu Vida en mí para darme vida, y siento cómo está en espera de querer los átomos de mis actos
para investirlos con su fuerza creadora y decirme: “Los átomos de mi hija me igualan, porque
poseen mi fuerza invencible”. Pero mientras mi mente quedaba sorprendida al ver los inventos
amorosos y maternos de la Divina Voluntad, mi siempre amable Jesús que está siempre en
guardia para ser espectador de lo que hace el Querer Divino en mí, me ha dicho:
(2) “Mi pequeña hija, tú debes saber que mi Supremo Querer mira a quien quiere vivir en Él
como parto suyo, que quiere crecer en sus brazos, con sus cuidados maternos, y en cuanto ve
que su pequeña quiere dar de sí con sus pequeñas obras para decirle que la ama, esta Madre
Divina se estrecha al pecho a su hija y fortifica con su fuerza el movimiento, la palabra, el paso
de su hija, esta fuerza la inviste toda, la transforma, y si bien pequeña, se ve pequeña y fuerte,
pequeña y vencedora, y esta Madre toma gusto de hacerse vencer por su pequeña hija, así que
se ve fuerte en el amor, fuerte en el sufrir, fuerte en el obrar, la fuerza es la aureola de esta
criatura, ella es la invencible ante Dios y sobre de sí misma, sus debilidades y pasiones tiemblan
ante esta pequeña vencedora, Dios mismo sonríe y cambia la justicia en amor, en perdón ante
la infantil fuerza de esta criatura; es la fuerza de su Mamá, su cuidado continuo, que la vuelven
fuerte e invencible. Por eso si quieres ser la vencedora sobre todo, crece en los brazos de mi
Voluntad, Ella se verterá en ti y sentirás su Vida palpitante en ti, y te crecerá a su semejanza y
serás su honor, su triunfo y su gloria”.