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Enero 14, 1934
Dulce encanto de ambas partes: De Dios y de la criatura.
Cómo adquiere el poder de hacer suya la Divina Voluntad.
Las penas sonríen ante la gloria, los triunfos, las
conquistas. Jesús oculto en las penas.
(1) Estoy bajo la lluvia del Fiat Divino, que bañándome toda, dentro y fuera y penetrándome
hasta la médula de los huesos, hace decir a todo mi pobre ser, Fiat, Fiat, Fiat. Me siento entre
sus brazos, y conforme lo llamo con mi decir incesante para que forme su Vida en mis actos, su
latido en mi corazón, su respiro en el mío, su pensamiento en mi mente, así un destello de luz
sale de mí y quisiera como atar al Santo Querer Divino para hacerlo todo mío, a fin de que
estuviera en mi poder el formar su Vida en mí, toda de Voluntad Divina. Entonces me sentía
pensativa por este mi modo de hacer, y mi Sumo Bien Jesús repitiendo su breve visita, todo
bondad me ha dicho:
(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que en cuanto la criatura invoca, llama a
mi Fiat implorando su Vida para formarla en la suya, así hace salir luz y forma el encanto a Dios
que rapta su pupila divina, la cual, raptada, mira a la criatura y forma la correspondencia de su
dulce encanto y el vacío en el acto de la criatura para poder dar y encerrar en el acto de ella la
Divina Voluntad, la cual mientras forma, desarrolla su Vida, la feliz criatura adquiere el poder de
hacerlo suyo, y como es suyo lo ama potentemente, más que vida propia. Hija mía, hasta en
tanto que mi Voluntad no es tenida como vida propia, exclusivamente suya, que ninguno la
pueda quitar a pesar de que sabe que es un don recibido de Dios, pero a pesar de que es
recibido ya es afortunada y victoriosa por tener la posesión, jamás se puede amar como
conviene a mi Divina Voluntad, ni sentir la necesidad de su Vida, ni Ella podrá desarrollar
plenamente con toda libertad su Vida Divina en la criatura. Por eso el llamarla te dispone, al
hacerla tuya se hará conocer y sentirás el gran bien de poseer su Vida y la amarás como merece
ser amada, y serás celosa de custodiarla con tal atención, de no perder ni siquiera un respiro de
Ella”.
(3) Después, encontrándome un poco más sufriente que lo acostumbrado, pensaba para mí:
“¡Oh! cómo quisiera que mis penas me formaran las alas para poder volar a mi patria celestial”.
Y en lugar de afligirme, mis pequeñas penas me hacían fiesta, y yo me sentía pensativa por
esto, y mi amado Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, no te asombres, las penas frente a la gloria sonríen, se sienten triunfantes al ver
las conquistas que han adquirido, las penas confirman y establecen la gloria más o menos
grande en la criatura, y según las penas, así se siente pintar las más bellas y variadas tintas de
belleza, y viéndola transformada en la belleza más rara, festejan. Así que las penas en la tierra
lloran, ante las puertas del Cielo comienzan su sonrisa eterna que no termina nuca más; las
penas en la tierra son portadoras de humillaciones, ante las puertas de la eternidad son
portadoras de gloria; en la tierra vuelven infeliz a la pobre criatura, pero con el secreto milagroso
que poseen, trabajan en las más íntimas fibras y en todo el ser humano el reino eterno, de modo
que cada pena toma su oficio distinto, quién se hace cincel, quién martillo, quién lima, quién
pincel, quién color, y sólo dejan a la criatura confiada a ellas, cuando cada pena ha cumplido su
trabajo y triunfantes la conducen al Cielo, y sólo la dejan cuando ven cambiada cada pena en
distintas alegrías y en felicidad continua, pero solamente cuando la criatura las recibe con amor
y sienten y reciben en cada pena el beso, los abrazos y los fuertes apretones de mi Divina