Divinidad estuviera sujeta a las lágrimas, lloraríamos amargamente a aquélla que no se hace
dominar por nuestra Voluntad”.
33-5
Enero 2, 1934
Cuando el alma hace la Divina Voluntad, Dios puede hacer libremente
lo que quiere hacer en ella, obra las cosas más grandes, porque
encuentra capacidad, espacio para lo que quiere dar a las criaturas.
(1) Mi pequeña alma, si bien nada en el mar de la Divina Voluntad, también siente el clavo
traspasante de la privación de mi dulce Jesús. Dios mío, ¡qué pena desgarradora que tortura
mi dolorosa existencia! ¡Oh! cómo quisiera verter ríos de lágrimas, quisiera si me fuera posible,
transformar la inmensidad de la misma Divina Voluntad en llanto amargo para mover a piedad a
mi dulce Jesús, que se va de mí sin ni siquiera decirme adiós, sin decirme el lugar de su morada,
ni hacerme ver el camino, la huella de sus pasos para poderlo alcanzar. ¡Dios mío! ¡Jesús mío!
¿Cómo no te mueves a compasión de esta pequeña exiliada atormentada sólo por ti, y por causa
tuya? Pero mientras deliraba por su privación, pensaba entre mí en la Divina Voluntad y temía
que no estuviera en mí su dominio, su Vida, y por eso mi eterno amor Jesús me deja, se esconde
y no se ocupa de mí, y de corazón le pedía perdón, y mi amado Jesús, después de mucho
esperar, teniendo compasión de mí porque no podía más, por poco tiempo ha regresado y
mirándome con amor, todo bondad me ha dicho:
(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, se ve que eres pequeña, y basta que Yo haga una pequeña
pausa para que te extravíes, temas, dudes, te oprimas, pero ¿sabes dónde te extravías? En mi
misma Voluntad, y Yo viéndote en Ella no me doy prisa en venir, porque sé que estás en lugar
seguro. Ahora, tú debes saber que cuando el alma hace mi Divina Voluntad, Yo puedo hacer
libremente lo que quiero en el alma, obrar las cosas más grandes, mi Querer me la vacía de
todo y me forma el espacio donde puedo poner la santidad de un acto infinito mío, y el alma se
pone a nuestra disposición, nuestra Voluntad la ha madurado y la ha vuelto adaptable y factible
a recibir la virtud creadora y obrante de nuestro Ser Supremo. En cambio, cuando no se hace
mi Divina Voluntad, Nosotros debemos adaptarnos, restringirnos, no podemos ser magnánimos
según nuestro modo divino, debemos dar sorbo a sorbo nuestras gracias, mientras podemos
dar ríos. ¡Oh! cómo nos pesa obrar en quien no hace nuestra Voluntad, si queremos hacernos
conocer, se vuelve incapaz, porque la inteligencia humana sin nuestra Voluntad es como un
cielo brumoso, que oscureciendo la bella luz de la razón está como ciega frente a la luz de
nuestros conocimientos, así que estará en medio de la luz, pero incapaz de comprender nada;
será siempre analfabeta de frente a la luz de nuestras verdades; si queremos dar nuestra
santidad, bondad y amor, los debemos dar a pequeñas dosis, como desmenuzados, porque el
querer humano está lleno de miserias, de debilidades y defectos, por eso se hace incapaz y
también indigno de recibir nuestros dones, y lo que le queremos dar; pobre querer humano, sin
nuestra Voluntad no se sabe adaptar a recibir la virtud de nuestras obras creadoras, los fuertes
abrazos de su Creador, nuestras estratagemas amorosas, las heridas de nuestro amor, y
muchas veces cansa nuestra paciencia divina y nos obliga a no poder darle nada, y si nuestro
amor nos obliga a dar alguna cosa, es para ella como un alimento que no sabe digerir, porque
no estando unida con nuestra Voluntad le falta la fuerza y la virtud digestiva para digerir lo que
pertenece a Nosotros; por eso se ve rápidamente cuando no está nuestra Voluntad en el alma,
el verdadero bien no es para ella, ante la luz de mis verdades se ciega y se vuelve más tonta,
no ama el conocerlas, más bien las ve como si a ella no pertenecieran. Todo lo opuesto para
quien hace y vive en mi Voluntad”.