(1) Mi pobre mente continúa navegando el mar infinito del Fiat, y por cuanto se camina no
termina jamás, el alma en este mar siente a su Dios, el cual la llena hasta el borde, toda de su
Ser Divino, de modo que puede decir: “Dios me ha dado todo Sí mismo, y si no me es dado el
encerrar en mí su inmensidad es porque soy pequeña”. Ahora, en este mar se encuentra en
acto el orden, la armonía, los misterios arcanos de cómo ha creado Dios al hombre, y ¡oh! los
prodigios son inauditos, el amor es exuberante, la maestría es insuperable, hay tanto de
misterioso, que ni el hombre mismo, ni la ciencia pueden repetir con claridad sobre la formación
del hombre. Por eso he quedado sorprendida de las magnificencias y prerrogativas que posee
la naturaleza humana, y mi amado Jesús al verme tan sorprendida me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, terminará tu maravilla si viendo bien en este mar de mi Querer ves
dónde, quién, cómo y cuándo fue creada cada criatura. ¿Dónde? En el seno eterno de Dios.
¿Quién? Dios mismo le daba origen. ¿Cómo? El Ente Supremo, Él mismo formaba la serie de
sus pensamientos, el número de sus palabras, el orden de sus obras, el movimiento de sus
pasos y el continuo palpitar de su corazón, así que Dios le daba tal belleza, orden y armonía de
poderse encontrar Él mismo en la criatura, con tal plenitud que ella no encontraría lugar para
poner algo de lo suyo, que no le hubiera sido puesto por Dios, Nosotros al verla quedábamos
raptados al ver que en el pequeño cerco humano, nuestra potencia había encerrado nuestro
obrar divino, y en nuestro énfasis de amor le decíamos: ‘Cuán bella eres, tú eres obra nuestra,
tú serás nuestra gloria, el desahogo de nuestro amor, el reflejo de nuestra sabiduría, el eco de
nuestra potencia, la portadora de nuestro eterno amor’. Y la amábamos con amor eterno, sin
principio y sin fin; ¿y cuándo fue formada esta criatura en Nosotros? Ab eterno, por eso ella no
existía en el tiempo, pero en la eternidad ha existido siempre, tenía su puesto en Nosotros, su
vida palpitante, el amor de su Creador. Así que la criatura ha sido siempre para Nosotros nuestro
ideal, el pequeño espacio dónde desarrollar nuestra obra creadora, el apoyo de nuestra Vida, el
desahogo de nuestro eterno amor. He aquí el por qué tantas cosas humanas no se comprenden,
no se saben explicar, porque está lo obrado de lo incomprensible divino, están nuestros
misteriosos arcanos celestiales, nuestras fibras divinas, por lo cual sólo Nosotros sabemos los
misteriosos secretos, las teclas que debemos tocar cuando queremos hacer cosas nuevas e
insólitas en la criatura, y como no conocen nuestros secretos ni pueden comprender nuestros
modos incomprensibles que habíamos puesto en la naturaleza humana, llegan a juzgar a su
modo, y no saben comprender lo que Nosotros estamos obrando en la criatura, mientras está
obligado a inclinar la frente a lo que él no comprende.
(3) Ahora, quien no hace nuestra Voluntad pone en desorden todos nuestros actos, ordenados
ab eterno en la criatura, por eso se desfigura y forma el vacío de nuestros actos divinos formados
y ordenados por Nosotros en la humana criatura. Nosotros nos amábamos a Nosotros mismos
en ella, la serie de nuestros actos formados por nuestro puro amor, y poniéndola fuera en el
tiempo, la queríamos como concurrente en lo que Nosotros habíamos hecho, pero para que la
criatura tuviera esta habilidad se requería nuestra Voluntad, que dándole su virtud divina la hacía
hacer en el tiempo lo que habíamos hecho Nosotros sin ella en la eternidad, no era ninguna
maravilla si el Ser Divino la había formado en la eternidad, el mismo Querer Divino confirmaba
y repetía en el tiempo, es decir, continuaba su obra creadora en la criatura. Pero sin mi Voluntad
Divina, ¿cómo puede elevarse, conformarse, unificarse, semejarse a aquellos mismos actos que
Nosotros con tanto amor habíamos formado y ordenado en ella? Por eso la voluntad humana
no hace otra cosa que trastornar nuestras obras más bellas, romper nuestro amor, vaciar
nuestras obras, las cuales permanecen en Nosotros, porque Nosotros nada perdemos de lo que
habíamos hecho, todo el mal queda para la pobre criatura, porque siente el abismo del vacío
divino, sus obras son sin fuerza y sin luz, sus pasos son vacilantes, su mente confusa. Así que,
ella queda sin mi Voluntad, como un alimento sin sustancia, como un cuerpo paralizado, como
un terreno sin cultivar, como un árbol sin fruto, como una flor que manda feo olor. ¡Oh! si nuestra