Entonces girando en las obras del Fiat Divino me he detenido en el Edén, donde se me ha hecho
presente la creación del hombre y pensaba para mí: “Cuál pudo ser la primera palabra que Adán
dijo cuando fue creado por Dios”. Y mi Sumo Bien Jesús, visitándome con su breve visita, todo
bondad, como si Él mismo quisiera decírmelo me ha dicho:
(2) “Hija mía, también Yo siento el deseo de decirte cuál fue la primera palabra pronunciada
por los labios de la primera criatura creada por Nosotros. Tú debes saber que apenas Adán
sintió la vida, el movimiento, la razón, vio a su Dios ante él, comprendió que Él lo había formado,
sentía en sí, en todo su ser todavía frescas las impresiones, el toque de sus manos creadoras,
y agradecido, en un ímpetu de amor pronunció su primera palabra: ‘Te amo Dios mío, Padre
mío, autor de mi vida’. Pero no fue sólo la palabra, sino que el respiro, el latido, las gotas de su
sangre que corrían por sus venas, el movimiento, todo su ser unido, a coro dijeron: ‘Te amo, te
amo, te amo’. Así que la primera lección que aprendió de su Creador, la primera palabra que
aprendió a decir, el primer pensamiento que tuvo vida en su mente, el primer latido que formó
en su corazón, fue: ‘Te amo, te amo’. Se sentía amado y amó. Podría decir que su te amo no
terminaba jamás, fue tan prolongado que sólo fue interrumpido cuando tuvo la desgracia de caer
en pecado. Por eso nuestra Divinidad se sintió herida al oír sobre los labios del hombre, te amo,
te amo, era la misma palabra que Nosotros habíamos creado en el órgano de su voz que nos
decía: ‘Te amo’. Era nuestro amor, creado por Nosotros en la criatura que nos decía te amo,
¿cómo no quedar herido, cómo no corresponderlo con un amor más abundante, mas fuerte,
digno de nuestra magnificencia? En cuanto lo oímos decir te amo, así Nosotros le repetimos ‘te
amo’, pero en nuestro ‘te amo’ hicimos correr en todo su ser la Vida obrante de nuestra Divina
Voluntad, así que encerramos en el hombre, como dentro de nuestro templo, nuestra Voluntad,
para que encerrada en el círculo humano, mientras permanecía en Nosotros, obrara cosas
grandes y fuera Ella el pensamiento, la palabra, el latido, el paso, la obra del hombre; nuestro
‘te amo’ no podía dar cosa más santa, más bella, más potente, que pudiera formar la Vida del
Creador en la criatura, que nuestra Voluntad obrante en él, y ¡oh! cómo nos resultaba agradable
ver que nuestra Voluntad tenía su puesto de actriz, y el querer humano deslumbrado por su luz
gozaba su paraíso, y dándole plena libertad lo hacía hacer lo que quería, dándole el primado en
todo, y el puesto de honor que a un Querer tan Santo convenía. Ve entonces cómo el principio
de la vida de Adán fue un acto pleno de amor hacia Dios de todo su ser, qué lecciones sublimes,
cómo el principio del amor debía correr en todo lo obrado por la criatura. La primera lección que
recibió de nuestro Ser Supremo en la correspondencia de su ‘te amo’, fue que mientras la amaba
tiernamente respondiéndole ‘te amo’, le daba la primera lección sobre nuestra Divina Voluntad,
y mientras lo instruía le comunicaba la Vida de Ella y la ciencia infusa de qué significaba nuestro
Fiat Divino, y cada vez que nos decía ‘te amo’, nuestro amor le preparaba otras lecciones más
bellas sobre nuestro Querer; él quedaba raptado y Nosotros nos deleitábamos en conversar con
él, y hacíamos correr sobre él ríos de amor y de alegrías continuas, así que la vida humana era
encerrada por Nosotros en el amor y en nuestra Voluntad. Por eso hija mía, no hay dolor más
grande para Nosotros que ver nuestro amor como destrozado en la criatura y nuestra Voluntad
obstaculizada, sofocada, sin su Vida obrante y como sometida al humano querer. Por eso sé
atenta y en todas las cosas ten por principio el amor y mi Divina Voluntad”.
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Diciembre 18, 1933
Cómo la criatura ha sido formada por Dios ab eterno, amada con eterno
amor. La voluntad humana es el trastorno de las obras de su Creador.
1971 sig