del tuyo y mío. Es más, tú debes saber que todo lo que debe hacer la criatura en nuestra
Voluntad, viene hecho primero en Dios, y ella en el acto de hacerlos recibe la transmisión del
amor y de los actos divinos en ella, y continúa haciendo lo que ha sido hecho en nuestro Ser
Supremo. Cómo son bellas estas vidas que reciben la transmisión de lo que ha sido hecho
primero en Nosotros, son nuestras obras más bellas; la magnificencia de la Creación, el cielo,
el sol, quedan atrás, ellas sobrepasan a todas, son la santidad absoluta decidida por Nosotros,
que no nos pueden huir, Nosotros le damos tanto de lo nuestro que la ahogamos de nuestros
bienes, en modo que no encuentra el vacío de pensar si debe corresponder o no, porque la
corriente de la luz y del amor divino la tienen asediada y como fundida en su Creador, y le damos
tal conocimiento de las cosas, que le sirve de libre arbitrio, a fin de que nada haga forzado, sino
de voluntad espontánea y resuelta, por eso estas celestiales criaturas son nuestra ocupación,
nuestro trabajo continuo, las tenemos siempre ocupadas, porque nuestra Voluntad no sabe estar
en ocio, porque Ella es vida, trabajo y movimiento perenne. Por eso quien vive en Ella tiene
siempre qué hacer, y da siempre qué hacer a su Creador”.
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32-30
Noviembre 10, 1933
La Divina Voluntad no cambia ni acción, ni modo, lo que hace
en el Cielo hace en la tierra, su acto es universal y único. Quien
no vive de la Divina Voluntad, reduce al ocio al Artífice
divino, y escapa de sus manos creadoras.
(1) Mi pobre mente parece que no sabe hacer otra cosa que pensar en la Divina Voluntad,
siento sobre mí una fuerza potente, que no me da tiempo a pensar y a querer otra cosa, sino
sólo aquel Fiat que es todo para mí. Después pensaba entre mí: “¡Oh! cómo quisiera hacer y
vivir de Voluntad Divina, como se hace y se vive en el Cielo”. Y mi dulce Jesús sorprendiéndome
con su breve visita me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, en mi patria celestial reina el acto único y universal, una es la Voluntad
de todos, lo que quiere uno quiere el otro, ninguno cambia acción ni Voluntad, cada
bienaventurado siente como vida propia a mi Querer, y con el tener todos una sola Voluntad,
forma la sustancia de la felicidad de todo el Cielo. Mucho más que mi Divina Voluntad no sabe
hacer, ni puede hacer actos interrumpidos, sino continuos y universales, y como en el Cielo Ella
reina con su pleno triunfo y con la totalidad de su dominio, todos sienten como en naturaleza su
Vida universal, y están llenos hasta el borde de todos los bienes que Ella posee, a lo más puede
ser según la capacidad de cada uno, y del bien que han hecho en vida, pero ninguno podrá
cambiar ni Voluntad, ni acción, ni amor. La potencia de mi Divina Voluntad tiene a todos los
bienaventurados absorbidos, identificados, fundidos en Sí misma, como si fueran uno solo.
¿Pero crees tú que el acto universal de Ella se extiende sólo en el Cielo, y su Vida palpitante y
comunicativa a cada criatura? No, no, lo que hace en el Cielo hace en la tierra, no cambia ni
acción, ni modo, su acto universal se extiende a cada uno de los viadores, y quien vive en Ella
siente su Vida Divina, su santidad, su latido increado, que mientras se constituye vida de la
criatura, con su movimiento incesante se vierte siempre en ella, sin cesar jamás, y la feliz criatura
que la hace reinar se la siente por todas partes, por dentro y fuera su acto universal la tiene
circundada por todos lados, de modo que no puede ir fuera de mi Voluntad, y su continuo dar la
tiene ocupada siempre en recibir, así que aunque lo quisiera no tiene tiempo de hacer o de
pensar en otra cosa. Por eso la criatura puede decir y puede estar convencida, que como se
vive en el Cielo, así ella vive en la tierra, sólo hay diferencia de lugar, pero uno es el amor, una