es la Voluntad, una la acción. ¿Pero sabes tú quién no siente la Vida del Cielo en su alma, y no
siente el acto universal, la fuerza única de mi Voluntad? Quien no se hace dominar por Ella, no
dándole libertad de reinar, ésta sí que cambia acción, amor, voluntad, a cada momento, pero no
es mi Voluntad que cambia, Ella no puede cambiar, sino que es la criatura la que cambia, porque
viviendo de voluntad humana no tiene virtud, ni capacidad de recibir el acto universal y único de
mi Voluntad, y, pobrecita, se siente mutable, sin firmeza en el bien, siempre una caña vacía que
no tiene fuerza de resistir a cada pequeño soplo de viento; las circunstancias, los encuentros,
las criaturas, le sirven de viento para ponerla en giro, ahora para hacer una acción, ahora alguna
otra, ahora a amar una cosa, ahora otra, y por eso se ve ahora triste, ahora alegre, ahora toda
fervor, y ahora toda frialdad, ahora inclinada a las virtudes, ahora a las pasiones, en suma, en
cuanto cesa la circunstancia así cesa el acto en ellas. ¡Oh! voluntad humana, cómo sin mi
Voluntad eres débil, cambiante, pobre, porque te falta la vida del bien que debería animar tu
voluntad, por eso la vida del Cielo está lejana de ti. Hija mía, no hay desgracia mayor, ni mal
que merezca ser más llorado, que el hacer el propio querer”.
(3) Después seguía pensando: “¿Pero por qué Dios tiene tanto interés en que se haga la
Divina Voluntad? Y mi siempre amable Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, ¿quieres saber por qué tengo tanto interés en que se haga mi Voluntad? Porque
esta fue la finalidad por la que creé a la criatura, y no haciéndola me destruye la finalidad por la
que la creé, me quita mis derechos que con toda razón y sabiduría divina tengo sobre ella, y se
pone en contra mía, ¿no te parece grave que los hijos se pongan en contra del padre? Y
además, Yo creé a la criatura para que fuese y formase la materia prima en mis manos para
poderme deleitar y formar de esta materia mis más grandes trabajos y mis más bellas obras, a
fin de que me sirvieran para adornar mi patria celestial, y recibir de ellas mi más grande gloria.
Ahora, esta materia de la criatura se me escapa de mis manos, se pone en contra mía, y a pesar
de tantas materias que he formado, no puedo hacer mis trabajos establecidos y me reducen al
ocio, porque no estando mi Voluntad en ellas, no se prestan a recibir mis trabajos, se vuelven
como piedras duras, que por cuantos golpes se les puedan dar, no tienen la suavidad de recibir
la forma que se quiere dar, se rompen, se reducen en polvo bajo los golpes, pero no me es dado
el formar el más pequeño objeto, y permanezco como aquel pobre artífice, que habiéndose
formado tantas materias primas, oro, fierro, piedras, las toma en sus manos para formar las más
bellas estatuas que había establecido, y estas materias no se prestan, más bien se ponen en
contra de él y no le es dado desarrollar su bello arte, así que las materias sirven sólo para
obstaculizar el espacio, pero no para cumplir sus grandes designios, y ¡oh! cómo le pesa el ocio
a este pobre artífice. Así soy Yo, porque no estando mi Voluntad en ellas, no son capaces de
recibir mis trabajos, no hay quién las vuelva blandas, ni quién las cueza para recibir mi virtud
creadora y obradora, y si tú supieras qué significa saber hacer, poder hacer, tener materias para
hacer, sin poder hacer nada, llorarías Conmigo por tanto dolor y por una afrenta tan grave; ¿te
parece poco ver tantas criaturas que ocupan la tierra, y porque falta en ellas la Vida obrante de
mi Voluntad, no me es dado desarrollar mi arte y hacer lo que quiero? Por eso lo que más te
debe importar es hacer vivir sólo a mi Voluntad Divina en tu alma, porque sólo Ella sabe disponer
a las almas para recibir toda la habilidad de mi arte, y así no pondrás a tu Jesús en el ocio, sino
que seré el trabajador asiduo, para formar de ti lo que quiero”.
“Deo Gratias Sempre ed in Eterno”.