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Octubre 30, 1933
La Voluntad Divina guía del alma, y ella es la recolectora de las obras
de su Creador. Quien vive en la Divina Voluntad recibe la transmisión
de lo que ha sido hecho primero en Dios, y después comunicado a ella.
(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación, y me parecía que todas las cosas creadas querían
el gran honor de ser ofrecidas como homenaje y gloria a su Creador, y yo pasaba de una cosa
a otra, y me sentía tan rica porque tenía tantas cosas qué dar a Aquél que tanto me ama, y que
mientras todo había hecho para mí, yo podía dar todo a Dios para poderle decir: ‘Te amo por
medio de tus obras, las cuales están preñadas de tu amor, y me enseñan a amarte’. Pero
mientras esto hacía, mi sumo Bien Jesús, sorprendiéndome, todo bondad me ha dicho:
(2) “Cómo es bello encontrar a nuestra hija en medio de nuestras obras, sentimos que se
quiere poner en competencia con Nosotros. Nosotros para amarla hemos creado todo para ella,
y todo le hemos dado, a fin de que las poseyera, las gozara y fueran las narradoras de nuestra
potencia, y las portadoras de nuestro amor, y por eso ella en cada cosa creada siente nuestro
amor que la abraza, que la besa, y que moldeándola le dice fuerte y tiernamente, ‘te amo’, siente
nuestros abrazos de amor con los que la estrechamos a nuestro seno divino, y ella en medio a
tanto amor se pierde, se confunde, y para hacernos la competencia hace nuestro mismo camino
que hicimos al crear tantas cosas para descender a ella, y poniéndose en camino en cada cosa
creada, siente qué cosa hicimos para ella y cómo la amamos, y ella nos repite a nosotros lo que
hicimos para ella, nos repite nuestros abrazos amorosos, nuestros besos ardientes, nuestros
ímpetus de amor, y ¡oh! nuestros contentos al ver que la criatura sube a Nosotros y nos trae lo
que con tanto amor le dimos y le damos. Nuestra Voluntad le hace de guía y la lleva hasta
Nosotros para hacernos dar la correspondencia de lo que le hemos dado, así que quien vive en
nuestra Voluntad es la recolectora de todas nuestras obras, y nos las trae a nuestro seno para
decirnos: Os amo con vuestro mismo amor, os glorifico por medio de vuestra potencia, todo me
habéis dado y todo os dono”.
(3) Después continuaba mi giro en la Divina Voluntad, y habiendo llegado al edén pensaba
entre mí: “¡Oh! cómo quisiera el amor, la adoración de Adán inocente, para poder también yo
amar a mi Dios con el mismo amor con el cual amó a la primera criatura creada por Él; y mi
dulce Jesús sorprendiéndome me ha dicho:
(4) “Hija mía bendita, quien vive en mi Divina Voluntad, encuentra en Ella lo que quiere, porque
todo lo que se hace en Ella, nada sale fuera, sino que todo permanece dentro, junto con Ella,
inseparable de Ella, más bien forman su misma Vida, así que Adán, de todo lo que hizo en mi
Divina Voluntad, nada pudo llevarse consigo, a lo más el feliz recuerdo del cómo había amado,
de los mares de amor que lo inundaban, de las puras alegrías que había gozado, y de lo que
había hecho en nuestro Fiat, que le servía para amargarlo de más; un acto hecho en nuestra
Voluntad, un amor, una adoración formada en Ella, es tan grande que la criatura no tiene
capacidad, ni lugar dónde ponerlo, por eso sólo en mi Voluntad se pueden hacer y poseer estos
actos. Por lo tanto, quien entra en Ella encuentra en acto todo lo que Adán inocente hizo en
Ella, su amor, sus ternuras de hijo hacia su Padre Celestial, la Paternidad Divina que por todos
los lados cubría a su hijo para amarlo. Todo hace suyo y ama, adora y repite lo que hizo Adán
inocente; mi Divina Voluntad no se cambia, ni se muda, cual era, tal es y será; con tal que la
criatura entre en Ella y haga vida junto con Ella, no pone límites, ni impone los confines, más
bien dice: ‘Toma lo que quieras, ámame como quieras’. En mi Fiat lo que es tuyo es mío, sólo
fuera de Él comienzan las divisiones, las separaciones, los alejamientos, y el principio de vida