Fiat obrante y la va modelando, y como mezclando en su Vida Divina. Se puede decir que con
su aliento forma su Vida en la criatura, y con su virtud creadora la regenera y forma en ella su
pequeño paraíso, ¿y qué cosa no encontramos en Él? Basta decirte que encontramos todo lo
que queremos, y esto es todo para Nosotros. Ve entonces la gran diferencia que hay entre la
Divina Voluntad como vida, y aquella como efecto; como vida, todos los bienes, las virtudes, la
oración, el amor, la santidad, se convierten en naturaleza en la criatura, son manantiales que se
forman en ella, que siempre surgen, de modo que siente en sí la naturaleza del amor, de la
paciencia, de la santidad, así como naturalmente siente en sí la mente que piensa, el ojo que
ve, la boca que habla, ningún esfuerzo en esto, porque Dios los ha dado en naturaleza, y se
siente dueña de hacer con ellos lo que quiere. Así, con poseer la Divina Voluntad como vida,
todo es santo, todo es sagrado, las fatigas terminaron, la inclinación al mal no existe más, y a
pesar que cambia acción, y ahora hace una cosa, y ahora otra, la virtud unitiva de mi Voluntad
las une juntas y forman un solo acto, con la distinción de tantas variadas bellezas por cuantos
actos ha hecho, y llega a sentir que su Dios es todo suyo, hasta sentir que en el exceso de su
amor se ha dado en poder de la criatura, en virtud de la Divina Voluntad que posee como vida
se lo siente como parto suyo, y lo hace crecer con tal fineza de amor y de adoración profunda,
que queda como naturalmente absorbida en su Creador, que ya es todo suyo, y es tanta la
plenitud de amor, la felicidad que siente, que no pudiendo contenerla quisiera dar a todos la
Divina Voluntad como vida, para volver a todos felices y santos.
(3) No así para quien no la posee como vida, sino sólo como virtud o efecto, todo es cansancio
y siente el bien a tiempo y circunstancia, cesa la circunstancia y siente el vacío del bien, y este
vacío produce inconstancia, variedad de carácter, cansancio, siente la infelicidad del querer
humano, no goza de paz ni sabe dar paz a ninguno, siente en sí el bien como si se sintiese los
miembros dislocados o en parte separados, que no es dueña de servirse de ellos y debe estar
sujeta a los demás para hacerse servir; el no vivir de mi Voluntad es el hacerse esclavo y sentir
todo el peso de la esclavitud”.
+ + + +
32-28
Octubre 22, 1933
Jesús encuentra su Cielo en la criatura; su Mamá Celestial y
todos en el Todo, y el Todo en todos. La Divina Voluntad se
hace reveladora y cede su Ser Divino a la criatura.
(1) Me sentía pequeña, pequeña, tanto de no saber dar un paso, y habiendo recibido la santa
Comunión, sentía la necesidad, como pequeña, de refugiarme en los brazos de Jesús para
decirle: “Te amo, te amo mucho”, no sabiendo decirle otra cosa porque soy demasiado
ignorante, pero mi dulce Jesús esperaba que le dijera otra cosa, y yo he agregado: “Jesús, te
amo junto con el amor de nuestra Mamá Celestial”. Y Jesús me ha dicho:
(2) “Cómo me es dulce, refrescante, el sentirme amar con el amor de la hija y de nuestra
Mamá juntos, siento sus ternuras maternas, sus ímpetus de amor, sus castos abrazos, sus
besos ardientes, que vertiéndose en la hija, Mamá e hija me aman, me besan y me estrechan
entre sus brazos con un solo abrazo; encontrar a la hija junto con mi Mamá Celestial que me
quiere amar y me ama como me ama mi Mamá, son mis más amadas delicias, mis desahogos
de amor, y encuentro la más agradable correspondencia a los tantos excesos de mi amor. Pero
dime, ¿junto con quién otro me quieres amar?”