corresponderle, se siente llamado y la llama, para darle confianza y decirle: ‘¿Qué otra cosa
quieres de mi Ser Divino? Toma lo que quieras, es más, en cuanto tú me llamas, Yo ya te
preparo mi potencia, mi amor, mi luz, mi santidad que se necesitan en tu acto’. Así que Dios
llama al alma, y el alma llama a Dios, y este llamarse siempre mutuamente, la criatura para pedir
y recibir, y Dios para dar, forma la Vida de mi Voluntad en la criatura, la madura, la hace crecer
y forma el dulce encanto a su mismo Creador. Un acto continuado encierra tal potencia, que
Dios no se sabe desvincular de la criatura, ni ella de Dios, más bien sienten la irresistible
necesidad de permanecer unidos el uno con el otro, y sólo mi Voluntad sabe producir estos actos
continuos que no cesan jamás, y forman el verdadero carácter del vivir en mi Voluntad. En
cambio un carácter cambiante, un obrar interrumpido, es la verdadera señal de vivir del querer
humano, el cual no sabe dar ni firmeza, ni paz, y no sabe producir otra cosa que espinas y
amarguras”.
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32-27
Octubre 15, 1933
Maestría y arte divinos. El pequeño paraíso de Dios. Laberinto
de amor, virtud generadora del Fiat. Dios en poder de la criatura.
(1) Mi abandono en el Fiat continúa, siento su aliento Omnipotente que soplándome quiere
hacer crecer, engrandecer su Vida en mí, quiere llenarme tanto, de no hacer quedar de mi ser
humano más que el solo velo que lo recubre. Entonces pensaba entre mí: “¿Pero qué cosa
gana este Querer Santo, que tiene tanto interés de formar su Vida en la criatura, que mueve
Cielo y tierra para obtener el intento, y qué diferencia hay entre la Divina Voluntad como vida, y
entre la Divina Voluntad como efecto?” Y mi siempre amable Jesús, estrechándome entre sus
brazos, con una bondad indecible me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, no hay cosa más bella, más santa, más agradable y que más nos agrada
y glorifica, que el formar la Vida de nuestro Querer Divino en la criatura; en ella viene formado
un pequeño paraíso, donde nuestro Ente Supremo se deleita en descender para hacer ahí su
morada. Mira, en lugar de un paraíso tenemos dos, en los que encontramos nuestras armonías,
la belleza que nos rapta, las puras alegrías que duplican nuestra felicidad por causa de haber
formado una Vida nuestra de más en el pequeño cerco de la criatura. En este paraíso, por cuan
pequeño, por cuanto criatura puede ser capaz, encontramos todo, todo es nuestro, es más,
encontramos la pequeñez que más nos enamora y miramos nuestro arte divino, que en lo
pequeño, con la virtud de nuestra potencia, hemos encerrado lo grande, podemos decir que con
nuestro laberinto de amor hemos cambiado las cosas, lo grande en lo pequeño y lo pequeño en
lo grande; sin un prodigio divino nuestro no podíamos formar ni nuestra Vida ni nuestro paraíso
en la criatura; ¿y te parece poco tener una Vida nuestra de más y un paraíso duplicado a nuestra
disposición para hacernos felices mayormente? Tú debes saber que ni el cielo, ni el sol, ni toda
la Creación nos cuesta tanto, no hemos puesto ni tanta maestría de arte, ni tanto amor, cuánto
hemos puesto en formar nuestra Vida toda de Voluntad nuestra en la criatura, para formarnos
un paraíso de más donde señorear a nuestro antojo y gozar nuestras delicias. El cielo, el sol, el
mar, el viento y todo, narran a Aquél que los ha creado, nos señalan, nos hacen conocer, nos
glorifican, pero no nos dan una Vida nuestra, ni nos formamos otro paraíso, más bien sirven a
aquél o aquélla, en la cual nuestra paterna bondad ha tomado el empeño de formar nuestra Vida
en ella, y nos cuesta tanto, que nuestro Fiat usa su virtud obrante y repetidora de su Fiat continuo
sobre de su afortunada criatura para cubrirla con su potencia, de modo que un Fiat no espera al
otro, de manera que si le infunde el aliento le dice Fiat, si la toca repite Fiat, si la abraza usa su
1959 sig