nuevo para restablecerlo y darle la nueva vida que le había traído del Cielo, lo hermanaba
conmigo para ponerlo en la filiación de mi Padre Celestial. Pero esto no me bastó, para tenerlo
más seguro hice de mi Humanidad la depositaria de todas las obras, sacrificios y pasos del
hombre. Mira como todo tengo encerrado en Mí, y esto me lleva a amarlos doblemente en cada
acto que hacen. Con el Encarnarme en el seno de la Inmaculada Reina formé esta mi
Humanidad, y me constituí cabeza de la familia humana para unificar a todas las criaturas
Conmigo, y hacerlas miembros míos, por eso todo lo que hacen es mío, en el sagrario de mi
Santa Humanidad encierro todo, custodio tanto el pequeño bien como el grande, ¿pero sabes
por qué? Porque pasando en Mí les doy el valor como si fueran obras, oraciones y sacrificios
míos, la virtud de la cabeza desciende en los miembros, hace una mezcla de todo, y doy el valor
de mis meritos a ellos. Así que la criatura se encuentra a sí misma en Mí, y Yo como cabeza
me encuentro en ellas. ¿Pero crees tú que mi amor dijo o dice basta? ¡Ah! no, jamás dirá basta,
la naturaleza del amor divino es de formar siempre nuevas invenciones de amor, para dar amor
y recibir amor, si esto fuera, que dijera basta, sería poner un límite y encerrar en nuestro cerco
divino a nuestro amor, pero no, el nuestro es inmenso, y por su naturaleza debe siempre amar,
he aquí el por qué después a mi Humanidad quiero hacer seguir el extenso campo de mi Divina
Voluntad, la cual hará cosas increíbles por amor de las criaturas. He aquí por qué sus
conocimientos, su querer reinar, si no reina cómo puede ser generosa, ostentar en sus sorpresas
de amor, por eso sé atenta y verás qué cosa sabe hacer mi Voluntad”.
+ + + +
32-26
Octubre 1, 1933
Escenas encantadoras que Jesús goza en el alma que vive en su
Voluntad. Llamadas continuas que hacen Dios y la criatura.
(1) El Querer Divino no me deja jamás, me parece que siempre está dentro y fuera de mí,
como en acto de sorprenderme, porque quiere poner su acto en todo lo que hago, si ruego, si
sufro, si trabajo, y también si duermo quiere darme su reposo divino en mi sueño, quiere darse
siempre para obrar y en cada cosa me llama diciéndome: “Hazme descender en lo bajo de tus
actos, y Yo te haré subir en la altura de los míos, nos pondremos en competencia, tú a subir y
Yo a descender”. ¿Pero quién puede decir lo que dice la Divina Voluntad en mi alma? Su amor
excesivo, su condescendencia, su continuo ocuparse de mi pobre alma; pero mientras me
encontraba bajo el imperio del Querer Divino, derramándose sobre de mí, mi sumo Bien Jesús,
sorprendiéndome me ha dicho:
(2) “Hija mía buena, no hay escena que más me conmueva y me rapte, que el ver a la
pequeñez humana bajo el imperio de mi Voluntad, lo divino en lo humano, lo grande en la
pequeñez, lo fuerte en lo débil, aquel esconderse el uno en el otro, vencernos mutuamente, es
tan bello, tan encantador, que encuentro las puras alegrías, la felicidad divina que puede darme
la criatura, si bien veo que es mi Voluntad la que me las da, pero me las da por medio del canal
de la voluntad humana; si tú supieras cuánto me deleito, para darme placer te harías vencer
siempre por mi Voluntad, puedo decir que dejo el Cielo, mientras quedo en él, para venir a gozar
las puras alegrías que me sabe dar mi Voluntad Divina en el pequeño cerco de la criatura en la
tierra. Tú debes saber que quien hace mi Divina Voluntad, y deja que su Vida corra en sus
actos, llama continuamente a Dios y a todos sus atributos, Dios se siente llamar siempre por la
criatura, ahora lo llama porque quiere su potencia, ahora porque quiere su amor, ahora porque
quiere su santidad, su luz, su bondad, su paz imperturbable, en suma, está siempre llamándolo
porque quiere de lo suyo, y Dios está siempre esperándola para dar lo que pide, y para