ardiente de derramarse a sí mismo en la vida y obra que se produce; en toda la Creación no hay
cosa que no nos asemeje: El cielo nos asemeja en la inmensidad; las estrellas en la multiplicidad
de nuestras alegrías y bienaventuranzas infinitas; en el sol está la semejanza de nuestra luz; en
el aire la semejanza de nuestra Vida que se da a todos, es de todos y ninguno le puede huir,
aunque lo quisieran; en el viento que mientras se hace sentir, ahora con ímpetu, ahora como
acariciando dulcemente a las criaturas y a todas las cosas, pero no lo ven, nuestra potencia y
omnividencia que todo vemos, todo sentimos y como en un puño encerramos todo, pero no nos
ven; en suma no hay cosa en que no esté una similitud nuestra, todas nuestras obras dan de
Nosotros, nos alaban y cada una tiene el oficio de hacer conocer cada una de las cualidades de
su Creador. Ahora, en el hombre no era solamente obra que hacíamos, sino vida humana y
Vida Divina que creamos en él, por eso anhelamos, queremos, suspiramos el reproducir en él
la Vida y nuestra imagen, llegamos hasta ahogarlo de amor, y cuando no se deja ahogar, porque
es libre de sí mismo, llegamos a perseguirlo de amor, no haciéndole encontrar paz en todo lo
que huye de Nosotros; no encontrando a Nosotros mismos en él, le movemos guerra incesante,
porque queremos nuestra imagen bella, nuestra Vida reproducida en él. Todas las cosas son
hechas e injertadas por Nosotros, también en el orden natural hay esta virtud de querer producir
cosas y vida similar; mira, una madre genera un niño, todas sus ansias y deseos es que lo quiere
similar a sí, y suspira por verlo similar a sus padres, y si el niño es similar a ellos, ¡oh! cómo
están contentos, es su orgullo, lo quieren hacer ver por todos, lo hacen crecer con sus
costumbres, con sus modos, en suma, este niño se vuelve su preocupación y su gloria, pero si
en cambio es desemejante de los padres, feo, deforme, ¡oh! cómo quedan amargados,
atormentados y llegan a decir con sumo dolor: ‘Parece que no sea hijo nuestro, de nuestra
sangre’. Casi quisieran esconderlo para no hacerlo ver a ninguno, sintiéndose humillados y
confundidos, y este niño será la tortura de sus padres por toda la vida. Todas las cosas poseen
la virtud de reproducir cosas similares, la semilla produce otra semilla, la flor otra flor, el pájaro
otro pajarito, y así de todo lo demás; no producir cosas similares es ir contra naturaleza divina y
humana. Por eso el no tener a la criatura similar a Nosotros es uno de nuestros más grandes
dolores, y sólo quien viva de nuestra Voluntad podrá ser de alegría, y portadora de gloria y de
triunfo para nuestra obra creadora”.
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32-25
Septiembre 24, 1933
La Humanidad de Nuestro Señor, sagrario y custodia de
todas las obras de las criaturas. El amor jamás dice basta.
(1) Mi abandono en el Fiat continúa, no puedo hacer menos que oír el murmullo de su Vida,
sería no tener más vida el no oír su murmullo que murmura y da luz, murmura y fortifica, murmura
y hace sentir su Vida que calienta y transforma en la suya. Voluntad Divina, cómo eres amable,
admirable, ¿cómo no amarte? Después seguía sus obras, las cuales, conforme las seguía, así
se vertían sobre mí para darme amor y para decirme: ‘Somos obras tuyas, hechas para ti,
tómanos, poséenos y haznos tuyas, a fin de que en lo que haces tengas listo el modelo de las
nuestras’. Y mientras seguía las obras de la Redención, mi dulce Jesús deteniéndome me ha
dicho:
(2) “Mi buena hija, en todas nuestras obras hubo siempre un exceso de amor hacia el hombre,
y un exceso me impulsaba para hacer otro. No me bastó descender del Cielo a la tierra para
rehacerlo de nuevo, cada acto que hacía, cada pena, puedo decir que también cada respiro, era
dirigido a él, lo llamaba en mi omnividencia, me lo estrechaba en mis brazos, lo modelaba de
1957 sig