hecho de bien por todas las criaturas, suscita el dulce recuerdo de sus obras, como presentes y
en acto, como si las repitiera, nada huye de esta Vida, siente la plenitud de todo, y ¡oh! cómo la
criatura se siente feliz, rica, potente, santa, siente la compañía de todos los actos buenos de los
demás y por todo ama, glorifica al Fiat Divino como si fueran suyos, y mi Querer se siente dar
por ella sus obras, o sea el amor, la gloria de sus obras divinas, y repetir con el recuerdo la gloria
y el amor de las otras criaturas. ¡Oh! cuántas obras puestas en el olvido, cuántos sacrificios,
cuántos actos heroicos olvidados que han sido hechos por las generaciones humanas, que no
se piensan más, y por lo tanto no hay ni la repetición continua de la gloria, ni quién renueve el
amor de aquellos actos, y mi Divina Voluntad formando su Vida en la pequeñez humana, hace
surgir el recuerdo de todo; para dar y para recibir todo, concentra todo en ella y forma su
campamento divino. Por eso sé atenta a recibir estas olas de mi Querer, ellas se verterán sobre
ti para cambiar tu suerte, y si tú las recibes, serás la más afortunada criatura”.
(3) Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad, y pensaba entre mí: “¿Pero
cómo se puede formar esta Vida Divina en el alma? Y mi dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, la vida humana está compuesta de alma y cuerpo, de miembros, distintos el uno
del otro, pero ¿quién es el movimiento primario de esta vida? La voluntad, así que sin ella no
podría hacer las bellas obras, ni adquirir ciencia, ni ser capaz de enseñarla, por eso todo lo bello
de la vida desaparecería de la criatura, y si belleza, dote, valor, ingenio posee, se debe atribuir
al movimiento de orden que tiene la voluntad sobre la vida humana. Ahora, si este movimiento
de orden lo toma mi Divina Voluntad sobre la criatura, se forma dentro de ella la Vida Divina, así
que con tal que la criatura se someta a recibir el movimiento de orden de mi Voluntad, dentro y
fuera de sí, como movimiento primario de todos sus actos, ya viene formada mi Vida Divina, y
toma su puesto regio en el fondo del alma. El movimiento dice vida, y si el movimiento tiene
principio de una voluntad humana, se puede llamar vida humana, si en cambio el principio es de
mi Voluntad, se puede llamar Vida Divina. Mira cómo es fácil formar esta Vida con tal que la
criatura lo quiera: Yo no quiero, ni pido jamás de la criatura cosas imposibles, más bien primero
las facilito, las vuelvo adaptables, factibles, y después las pido, y mientras las pido, para estar
más seguro de que pueda hacer lo que quiero, me ofrezco Yo mismo a hacer junto con ella lo
que quiero que haga, puedo decir que me pongo a su disposición a fin de que encuentre fuerza,
luz, gracia, santidad no humana sino divina, Yo no pongo atención ni a lo que doy ni a lo que
hago, cuando la criatura hace lo que quiero la abundo tanto, de hacerle sentir no el peso, sino
la felicidad del sacrificio que sabe dar mi Divina Voluntad.
(5) Y así como la vida humana tiene su vida, sus miembros distintos, sus cualidades, así
nuestro Ser Supremo tiene sus cualidades purísimas, no materiales, porque en Nosotros no
existe materia que forme nuestra Vida; unidas juntas santidad, potencia, amor, luz, bondad,
sabiduría, omnividencia de todo, inmensidad, etc., forman nuestra Vida Divina, ¿pero quién
constituye el movimiento, quién regula, quién desarrolla con un movimiento incesante y eterno
todas nuestras cualidades divinas? Nuestra Voluntad, Ella es el motor, la dirigente que da a
cada una de nuestras cualidades la vida obrante, así que si no fuese por nuestra Voluntad,
nuestra potencia estaría sin ejercicio, nuestro amor sin amar, y así de todo lo demás. Mira
entonces cómo el todo está en la Voluntad, y por eso con darla a la criatura damos todo, y como
son nuestras pequeñas imágenes creadas por Nosotros, nuestros alientos, las pequeñas
llamitas de amor esparcidas por Nosotros en todo lo creado, por eso le dimos una voluntad libre
unida a la nuestra, para formar nuestros facsímiles queridos por Nosotros, no hay cosa que más
nos glorifique, que más nos ame, que nos vuelva contentos, que encontrar nuestra Vida, nuestra
imagen, nuestra Voluntad en nuestra obra creada por Nosotros, por eso el todo lo confiamos a
la potencia de nuestro Fiat para obtener el intento.
(6) Hija mía, tú debes saber que tanto en nuestra Divinidad en el orden sobrenatural, cuanto
en el orden natural de las criaturas, hay una virtud en naturaleza, una prerrogativa innata, de
querer producir vida, imágenes que lo asemejen, y por eso una manía de amor, un deseo
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