sus bienes y hacerlos correr en abundancia, según el canal que has preparado; cada acto que
tú haces puede ser un canal de gracias, de luz, de santidad, que prestes a mi Voluntad, la cual
te hará propietaria de los bienes que encierra en tus actos, y los hará correr para bien de todos.
Mira entonces para qué debe servirme tu ser, tus penas, tus actos, deben servir como tantos
canalitos en los cuales pueda poner siempre de lo mío; el poner de lo mío es felicidad para Mí,
es el darme qué hacer, es el sentirme amado y conocido. Y es tanto mi deseo de poner en los
actos de la criatura mis propiedades divinas, para volverla dueña, que estoy a la espía, hago de
vigilante centinela, uso todas mis atenciones amorosas para ver si sus actos están vacíos del
querer humano y si hace la llamada a mi Divina Voluntad, la cual encontrando el vacío en los
actos humanos, se sirve de ellos como canales para poner en ellos las gracias más grandes, los
conocimientos más sublimes, la santidad que más los asemeja, y con esto forma la dote divina
a su amada criatura”.
(3) Luego de esto ha hecho silencio, y después ha agregado con un acento más tierno:
(4) “Hija mía, tú debes saber que para quien vive en mi Divina Voluntad no hay tiempo que
perder, ni se puede poner atención a ciertas minucias, a temores, a opresiones, a agitaciones,
a dudas, quien tiene que hacer lo más, lo menos lo debe hacer a un lado, quien debe tomar el
sol y gozárselo, es necesario que no ponga atención a las pequeñas luces, y quien posee el día
no debe poner atención a la noche, porque el sol es más que las pequeñas luces y el día tiene
más valor que la noche, y si quiere poner atención al uno y al otro, corre peligro de no gozar
toda la plenitud de la luz del sol, ni haga todo lo que puede hacer el día, y puede ser que por
poner atención a lo menos, pierda lo más. Mucho más que mi Divina Voluntad para quien vive
en Ella, quiere estar siempre en acto de dar, y la criatura debe estar siempre en acto de recibir,
y si se quiere poner atención a otras cosas, mi Voluntad es obligada a hacer pausas en el dar,
porque no la encuentra atenta a recibir lo que quiere dar, y esto es interrumpir la corriente divina,
y si supieras qué significa, cómo estarías atenta.
(5) Además de esto, tú debes saber que conforme la criatura hace sus actos en mi Divina
Voluntad, entra en los bancos divinos y hace su comercio de valor infinito, ella como viene en
nuestro Querer, si bien es pequeña, pero viene como dueña, y se hace dueña de lo que nuestros
bancos divinos poseen y toma cuanto más puede tomar, y como lo que toma no lo puede
encerrar todo dentro de sí, lo deja en depósito junto con nuestros mismos tesoros, y Nosotros la
hacemos hacer, gozamos con su comercio, y es tanta nuestra bondad, que le damos el interés
a las adquisiciones que ha hecho. Así que, cada vez que hace sus actos en nuestro Querer,
abre el comercio entre el Cielo y la tierra, y pone en comercio nuestra santidad, potencia,
bondad, amor, y Nosotros para no quedarnos atrás de nuestra amada criatura, ella sube y
Nosotros descendemos en lo bajo del querer humano, y abriendo nuestro comercio hacemos la
adquisición del querer humano, comercio tan querido y agradable para Nosotros, y así hacemos
competencia y nos conquistamos mutuamente. Hija buena, vivir en nuestro Querer y no tener
ella qué hacer con Nosotros y Nosotros con ella, ni tener qué decir, ni hacernos sentir, nos
resulta imposible, si esto fuera no sería más Vida nuestra que desarrollamos en la criatura, sino
un modo de decir, no una realidad. La vida siente la necesidad absoluta de moverse, de hacerse
sentir, de respirar, de palpitar, de hablar, de dar calor; ¿cómo se puede sofocar una vida, estar,
vivir, y no hacerse sentir? Esto le es imposible a Dios y a la criatura. Por eso no te alarmes
cuando oyes que todo es silencio en ti, son breves incidentes, porque soy Yo mismo el que
siento la necesidad de hacer sentir que mi Vida existe en ti. Estar y no hacerme sentir sería mi
más crudo martirio, lo puedo hacer por poco, pero no siempre, por eso no estés pensativa, vive
toda abandonada en Mí, y Yo pensaré en todo”.
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1953 sig