toda oído para escucharlo, es toda ojo para mirarlo, es toda corazón para amarlo, es toda lengua
para hablar de Él, más bien quisiera tener quién sabe cuántas lenguas para decir el bien que
conoce, las prerrogativas de Aquél que posee como vida, porque la suya no le basta para poder
decir todo lo que conoce. Por eso cuando quiero dar un bien, un don, especialmente el gran
don de mi Voluntad como vida en la criatura, la primera cosa que hago es la de hacerla conocer,
no quiero dar la luz y ponerla en lugar oculto como si no la tuviera, ni mis dones para esconderlos
y como para sepultarlos en ella, ¿en qué aprovecharía darlos? Y si no los conoce, ¿cómo podría
la pobre criatura corresponderme, amarlos y apreciarlos? Si doy es porque quiero que hagamos
vida junto y unidos gocemos el bien que le he dado. Es más, tu Jesús se hace vigilante centinela
para custodiar lo que he dado a mi amada criatura. Así que conocer significa poseer, poseer
significa conocer, para quien no conoce, las verdades se vuelven difíciles y sin vida. Por lo tanto
sé atenta y goza lo que tu Jesús te ha dado y hecho conocer”.
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32-21
Agosto 20, 1933
La Divina Majestad se inclina hacia la criatura cuando la ve
dispuesta a hacer un acto de su Voluntad. Diferencia que hay
entre quien hace la Divina Voluntad, y entre quien vive en Ella.
Cómo queda mezclada en el Fiat.
(1) Mi pobre mente continúa recorriendo el mar del Fiat, me parece que estoy siempre dentro,
pero abarcarlo todo no me es dado, soy demasiado pequeña e incapaz, y mientras camino, ¡oh,
cuánto me queda por caminar y comprender! Toda la eternidad no será suficiente para recorrerlo
todo, pero mientras mi mente se perdía en su inmensidad, mi amado Bien Jesús,
sorprendiéndome me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, es cierto que toda la eternidad no te bastará para recorrer el inmenso
mar de mi Querer, mucho menos las pocas horas de tu vida; te basta estar dentro para ser feliz,
sé atenta para tomar las gotitas que tu pequeña capacidad puede tomar, porque tú debes saber
que es tanto nuestro contento cuando vemos a nuestra criatura que está dentro de nuestro mar
del Fiat, y que quiere comprender más y encerrar en sí otro conocimiento suyo para poder formar
un acto más de Vida de nuestra Voluntad, que nuestra adorable Majestad se inclina hasta lo
bajo de la criatura, y tocando con nuestras manos creadoras su pequeña inteligencia, la
volvemos capaz, y con nuestra potencia formamos el espacio donde debe encerrar el nuevo
acto de nuestra Voluntad, porque no hay acto más grande, que más nos glorifica y nos ama, que
un acto cumplido de nuestra Voluntad en la criatura, tanto que los Cielos se abajan, toda la
Creación se inclina y adoran a mi Voluntad cumplida en la pequeña criatura. Ella misma, que
invade todo y no hay punto donde no se encuentre, llama todo, cielo y tierra a hacer honor a sus
actos cumplidos en la pequeñez humana”.
(3) Después seguía pensando en la Divina Voluntad, y pensaba entre mí: “¿Pero qué
diferencia hay entre quien hace la Divina Voluntad y entre quien vive en Ella?” Y mi amable
Jesús todo bondad ha agregado:
(4) “Hija mía, hay gran diferencia entre la una y la otra, quien vive en mi Divina Voluntad posee
la Vida de Ella, y recibe vida continua de Dios para conservar, alimentar y hacer crecer esta Vida
de mi Voluntad en la criatura, Vida posee y Vida recibe. En cambio quien hace mi Divina
Voluntad recibe los efectos de Ella, y entre la Vida y los efectos hay tal distancia, que no hay
comparación posible. ¿No hay diferencia entre la vida y la obra? La vida palpita, piensa, habla,
ama, camina, y repite cuantas veces quiere lo que posee como vida, en cambio la obra, siendo
efecto de la vida, no palpita, no piensa, no habla, no ama, no camina, ni es capaz de repetirse,