la instruye, le hace sus sorpresas, le cuenta su historia divina, y esto la transforma y la vuelve
capaz de recibir su acto nuevo que mi Querer le quiere dar, y el alma en cada acto que hace
unida con Ella, adquiere una nueva prerrogativa de semejanza divina. Con el vivir junto con mi
Querer el alma se afina, se embellece, y se vuelve en nuestras manos creadoras como la tela
adecuada en manos del pintor, que por cuánto más bella, más fina es la tela, tanto más bella
queda la imagen que quiere pintar sobre esa tela, parece que sus pinceles y sus colores
adquieren más arte, son más capaces, mucho más porque ponen a lo vivo los colores sobre de
una tela finísima. Así que la tela se cambia en imagen, que dando a lo vivo los colores adquiere
tal valor, de volverse admirada quién sabe por cuántos pueblos. Ahora, más que pintor divino
es mi Voluntad, y no se cansa jamás de dar nueva belleza, santidad y ciencia nueva, y está
esperando un acto hecho junto con Ella para enriquecerla, para hacerse conocer de más y hacer
uso de sus pinceles divinos, para elevarla a tal altura y especial belleza, de hacerla ser admirada
quién sabe por cuántas generaciones, de modo que todas la llamarán bienaventurada, y quien
tiene el bien de mirarla se sentirá feliz; todos los actos nuevos recibidos de Dios, en virtud de
que ha obrado en mi Querer, la alabarán y ensalzándola la harán conocer como la obra más
bella de mi Fiat Divino; su quererse abajar a vivir con la criatura, su delirio divino, es señal de
que quiere hacer cosas grandes de ella y dignas de su potencia creadora, por eso vivir junto con
mi Fiat es la fortuna más grande, y debería ser el delirio, la pasión vehemente y la ambición de
todos”.
(3) Después de esto oía en mí y fuera de mí el mar murmurante del Fiat Divino, ¡oh! cómo es
dulce, suave su murmullo, murmura y habla, murmura y acaricia a su amada criatura, murmura
y la besa, y estrechándola entre sus brazos le dice: ‘Te amo.’ Y pide amor. No hay cosa más
bella, más agradable, que el que un Querer tan Santo le diga ‘te amo’, y pide por
correspondencia el pequeño amor de la criatura. Yo me sentía correr este murmullo divino como
vida en todo mi ser, y mi dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, ¿quieres saber qué significa hacer y vivir en mi Voluntad Divina? Conocer dónde
se encuentra, con quién tiene qué hacer, qué puede recibir, no olvidar el bien que ha recibido,
todo esto es señal de que el alma vive en mi Divina Voluntad, porque decir que vive en Ella y no
conocer dónde se encuentra la morada divina que se presta a hacerle de habitación, sería no
apreciar, porque las cosas, las personas, los lugares cuando no se conocen, no se aprecian,
decir vivo en el Querer Divino y no saberlo es absurdo, y si no lo conoce no es una realidad, sino
un modo de decir, mientras que la primera cosa que hace mi Voluntad es develarse, hacerse
conocer a quien quiere vivir junto con Ella. Por lo tanto, conociendo dónde se encuentra, conoce
qué tiene que hacer con un Querer tan Santo que quiere todo para darle todo. Por eso se pone
en acto de recibir su santidad, su luz, y se pone en acto de vivir de los bienes de Aquél que
convive junto, porque conociéndolo no siente más el deseo de abajarse en su voluntad humana,
mucho más que ya no es suya. Con este conocimiento la criatura adquiere el oído para
escucharlo, la voz para hablar de él, la mente para comprenderlo, la confianza en modo divino
para pedir todo y recibir todo, así que no ignora los bienes que posee, más bien es toda ojo para
custodiarlos y agradece a Aquél que tanto se ha abajado a vivir con ella. Ahora, si alguno leerá
estas líneas que te he hecho escribir y no comprenderá lo que está escrito, y quedando
maravillado pondrá en duda verdades tan sacrosantas, y hasta dónde puede llegar la criatura
con vivir junto con mi Querer, es señal de que no vive con Él; ¿cómo lo puede comprender si no
tiene en sí esta Vida tan Santa, no ha probado jamás sus delicias, no ha escuchado jamás sus
bellas lecciones, su paladar no ha gustado jamás este alimento celestial que sabe dar mi
Voluntad? Por eso ignoran lo que sabe hacer y dar mi Fiat, y si lo ignoran, ¿cómo pueden
comprenderlo? Cuando un bien no se conoce, si no se sienten al menos las disposiciones de
quererlo creer, lleva la ceguera de la mente y la dureza del corazón, y se puede llegar aun a
despreciar aquel bien, que para quien lo conoce y lo posee forma su fortuna y su gloria, y daría
su vida humana para poseer la Vida de mi Fiat y sus bienes que ha conocido, y conociéndolo es