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Agosto 6, 1933
Cómo la Celestial Reina crecía junto con la Divina Voluntad,
y cómo poseía el sol hablante. Alegrías de Dios en la
creación del hombre, poder que le daba.
(1) Estoy siempre en los brazos del Fiat Divino, el cual ahora me detiene en una obra suya, y
ahora en alguna otra, parece que me quiere hacer comprender bien lo que ha hecho por amor
nuestro, por eso, mientras giraba en sus obras me ha detenido en el acto de la Concepción de
la Virgen, veía cómo la Divina Voluntad tenía su primer puesto y crecía y se difundía en aquellos
pequeños miembros conforme crecía la misma pequeña Reinita, crecían juntas las dos, ¡qué
feliz crecimiento, qué gran prodigio! La Divina Voluntad abajarse, encerrarse en la pequeñez de
la Virgen Santa para crecer junto. Pero mientras yo quedaba admirada, mi amado Maestro
divino, sorprendiéndome me ha dicho:
(2) “Hija mía buena, el hacer vivir a la Celestial Reina en el Fiat Divino fue el acto más grande,
más heroico, más intenso de amor que hizo nuestro Ente Supremo, y aunque nuestros bienes
son inmensos e innumerables, con dar nuestra Voluntad para vivir en Ella, no podíamos darle
de más, ni agregar otra cosa, porque con Ella le dábamos todo, y formaba en Sí misma la fuente
y el manantial de todos los bienes divinos, por cuanto a criatura es posible. Ahora, la Soberana
Pequeña con crecer junto con nuestra Voluntad, conforme crecía así formaba en su alma, en su
corazón, en sus obras y pasos, tantos soles hablantes, que con voces de luz y de amor
irresistible nos hablaban, nos hablaban tanto, nos hablaban de amor, nos hablaban de nuestro
mismo Ser Divino, nos hablaban del género humano, nos hablaban sus pasos, sus manitas, los
latidos de su corazón, que con voz de luz llegaba hasta nuestro seno divino, y hablaba hasta
dentro de Nosotros mismos. Su decir no cesaba jamás, porque viviendo en la Reina Celestial
nuestro Querer, tenía su Ser todo hablante, que no con voces humanas, sino con voces arcanas
y divinas tiene siempre qué decir, que no se agota jamás, mucho más que el Fiat Divino es
palabra, y palabra obrante, palabra creadora; ¿cómo podía cesar su decir si lo tenía en su
poder? Por lo tanto su decir nos tenía asediados, raptados, circundados por todos los lados,
ocupados, en modo que se volvía irresistible e invencible para darle lo que quería, su palabra
era potente y hacía ceder a nuestra potencia, era suave y dulce y hacía que nuestra justicia se
replegara, era luz y se imponía sobre nuestro Ser Supremo, sobre nuestro amor, sobre nuestra
bondad, en suma, no había cosa nuestra que dulcemente no se plegara ante las voces potentes
de esta Celestial Criatura”.
(3) Pero mientras mi dulce Jesús esto decía, me hacía ver a la Celestial Reina, que de dentro
de su corazón salía un Sol que invadía toda la corte celestial, toda la tierra, y sus rayos estaban
formados de luz fulgidísima, de voces que hablaban a Dios, a los santos y a los ángeles, a todas
las criaturas de la tierra. Así que mi Mamá Celestial posee todavía su decir continuo, su Sol
hablante que con voces de luz hablante habla a su Dios y lo ama y glorifica divinamente, habla
a los santos y les hace de Madre beatificante y portadora de alegrías a toda la corte celestial,
habla a la tierra y como Madre nos forma el camino para conducirnos al Cielo; y mi amado Jesús
ha agregado:
(4) “Mira entonces lo que significa vivir de Voluntad Divina, se adquiere el hacer, el decir, el
amor continuo; lo que sale de dentro de mi Voluntad tiene virtud obradora, iluminadora y
continuadora, y por eso son actos triunfadores que vencen a Dios”.
(5) Después de esto continuaba mi giro en los actos del Fiat Divino, y me he detenido en la
creación del hombre, y ofrecía los mismos actos divinos que hizo al crear al hombre, y los de
Adán inocente, para impetrar el reino de la Divina Voluntad, y mi sumo Bien Jesús ha dicho:
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