para dar oportunidad a mi Divina Voluntad de hacerla ahora hablar, ahora obrar, ahora caminar,
ahora amar, en suma lo que quiere”.
(3) Después continuaba pensando en las tantas verdades que Jesús me había dicho sobre
su Divina Voluntad, y mi amado Bien Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, toda vida tiene necesidad de alimento, no sólo esto, sino de materia adecuada
para formarse aquella vida, debe tener su principio, su crecimiento. Sólo en Nosotros las cosas
no tienen principio, pero en la criatura cada cosa tiene su principio, por lo tanto, para tener
principio la Vida obrante de mi Divina Voluntad en la criatura, debía suministrar la materia prima
para formarla, ¿pero sabes tú cuáles son estas materias primas? Los primeros conocimientos
y verdades que te he manifestado sobre mi Divina Voluntad, ellos han formado el humor, el calor
y el primer acto de vida para dar principio a su Vida. Ahora, después de haber formado el
principio de esta Vida, era necesario formarla, hacerla crecer y alimentarla, así que conforme
han seguido mis manifestaciones sobre mi Querer, quién ha servido para formarla, quién para
hacerla crecer y quién para alimentarla. Si Yo no hubiera continuado mi decir sobre Él, podía
quedar ahogada, o bien una Vida sin crecimiento, porque ella no se alimenta de otra cosa, sino
sólo de verdades y conocimientos que le pertenecen. Mira entonces la necesidad de mi
prolongado decir sobre mi Fiat, era necesario para hacerlo conocer a la criatura, era necesario
para formar su Vida y no hacerle faltar el alimento divino de sus mismas verdades, que son las
únicas que le pueden servir para alimentarse, porque fuera de la criatura mi Voluntad no tiene
necesidad de nada y de ninguno, por Sí misma en su naturaleza es vida, alimento y todo, en
cambio en la criatura, queriendo su parte concurrente, por vía de conocimientos y verdades que
le pertenecen forma su Vida más o menos según ella conoce, y estos conocimientos forman una
unión indisoluble entre el uno y la otra, la sustancia, el calor, el crecimiento, el alimento de la
Vida de mi Voluntad en la criatura. He aquí por qué regreso a mi decir, porque sirve a mi misma
Voluntad en ti, y a ti para hacértela conocer más, amar y apreciar.
(5) Ahora, cuando las criaturas oigan que mi largo decir, mis visitas casi continuas, mis tantas
gracias, servían para formar la Vida de mi Voluntad Divina en ti, no más se maravillarán de los
modos que he tenido, de las gracias que he hecho, de las tantas verdades que he dicho, era
Vida que debía formar y la vida tiene necesidad de actos continuados; ¿qué vida puede decir
que no tiene necesidad de actos continuados? Ninguna, las obras no tienen necesidad de actos
continuos, pero la vida los necesita, el respiro, el latido, el movimiento continuo, un alimento que
cada día la sostiene, un vestido que la cubre, una habitación que la tiene al seguro. Mira
entonces cómo todo lo que he hecho y haré era necesario para Mí, para formar esta Vida de mi
Voluntad Divina, y era necesario para ti, para recibirla y poseerla, y para no hacerle faltar nada
de lo que convenía a una Vida Divina. Cuando Yo obro, obro con sabiduría, orden y armonía
divina, ¿debía decirte que quería formar esta Vida de mi Divina Voluntad en ti sin hacértela
conocer, sin darte las materias divinas para formarla, y el alimento continuo para hacerla crecer?
Yo no sé hacer estas cosas, si digo qué quiero, debo dar todo lo que es necesario, y en modo
sobreabundante para hacer que la criatura pueda hacer lo que quiero. Y como las criaturas no
conocen mi modo de obrar, se maravillan, dudan, y algunos llegan a condenar mi obrar, y la
criatura que he tomado en la mira para cumplir mis grandes designios, que ayudarán a todo el
mundo entero, porque la Vida de mi Voluntad Divina obrante en la criatura no está sujeta ni a
morir, ni a terminar, sino que tendrá su perpetuidad en medio a las generaciones humanas. Por
eso déjame hacer y sigue siempre tu vuelo en mi Divina Voluntad”.
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