de manera que siente en sí la plenitud de la Vida de su Creador, no hay partecita, aun la más
pequeña, que no quede llena, de modo que se siente correr como a torrentes la Vida Divina en
todo su ser, así que siente en sí misma la plenitud, la totalidad del Ente Supremo, por cuanto
criatura es capaz. Por lo tanto, teniendo en sí esta plenitud y totalidad, no tiene ni qué agregar,
ni qué quitar a su acto, porque por todos los lados posee a Dios, el cual no sabe hacer actos
incompletos, y la criatura poseyéndolo se pone en las condiciones divinas de no poder hacer
sino actos completos. Mira entonces qué significa y cómo se puede hacer un acto completo, se
debe poseer a Dios con toda su plenitud, y el Dios obrante en su acto. Estos actos completos
tienen tal potencia que llaman la atención de todos, y los Cielos se inclinan para ver qué cosa
hace de grande su Creador en el acto de la criatura. Ahora, poseyendo esta plenitud y totalidad
divina, sucede que todo lo que hace, saliendo de un fondo que todo posee y que nada le falta,
si reza, su oración posee la plenitud del valor divino, sus virtudes son completas y alimentadas
por la Vida que posee, así que si quiere dar sus actos, o a Dios como homenaje, o a las criaturas
como ayuda, dará al mismo Dios en sus actos. Imagina tú misma cuál será el gran bien que
estos actos cumplidos en mi Querer producirán”.
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32-18
Julio 30, 1933
Quien hace la Divina Voluntad le forma su habitación, la cual
sirve de custodia, de defensa y de comodidad a la misma Divina
Voluntad. Sus conocimientos forman su Vida.
(1) Estoy siempre en poder del Querer Divino, siento su Vida palpitante en mí como portadora
de bondad, de luz hablante, que mientras es muda habla con los hechos, habla con el siempre
amarme, habla con formar su Vida, habla con hacerla crecer, habla con hacerse oír, ¡oh! dichoso
mutismo que sabes convertir en voces arcanas tu movimiento, tu santidad, tu amor, todo tu ser
en voz obrante. Pero mientras mi mente se perdía en el Fiat, mi dulce Jesús sorprendiéndome
con su breve visita me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, tú debes saber que quien hace mi Voluntad Divina forma la habitación
a mi Querer Supremo, y como una habitación no tiene razón, ni es dueña de hacer lo que quiere,
y sólo sirve de custodia, de defensa y para comodidad de quien la habita, así el alma pierde su
razón en la razón divina, cede los derechos de señorío voluntariamente a mi Divina Voluntad, y
permanece en custodia, en defensa y para comodidad de mi Querer Divino, el cual desarrolla
su Vida como mejor le place. Ahora, la voluntad humana con hacer la mía no sólo se cambia
en habitación para la mía, sino quedará una habitación honrada, a la cual mi Fiat adornará con
adornos divinos, esta su habitación formará su morada real, por la cual los mismos ángeles
quedarán admirados, hará desahogo de su amor, de su santidad, de su luz, de su belleza
increada, y ahí formará su Vida, pero Vida obrante en la voluntad de la criatura; obrar en
Nosotros cosas grandes son derechos que tenemos en nuestra naturaleza, nuestra potencia no
tiene límites, todo puede y a todo puede llegar, y si tantas cosas no las hacemos, es porque no
las queremos, no porque no podamos, pero armar nuestra potencia con el volvernos obrantes
en el pequeño cerco de la voluntad humana, podemos decir que ponemos más amor, más arte
divino, más potencia, porque en ella debemos restringir lo que en Nosotros es inmenso, por eso
nuestro amor desahoga de más en el volvernos obrantes en la criatura, y ella sentirá mi Voluntad
habitante en ella, de modo que dondequiera se sentirá correr su Vida Divina, en sus obras, en
sus pasos, en su corazón, en su mente, hasta en su voz, de su ser formará tantas estancias