servirá de velo a la Vida Divina que con tu intención has formado en el interior de tus actos,
¿pero qué cosa es esta intención? Es tu voluntad que haciendo una llamada a la mía se vacía
de sí misma, y forma el vacío en su acto para dar el puesto a la acción de mi Voluntad, y ella
haciéndose velo esconde en las acciones, aun en las más ordinarias y naturales, la acción
extraordinaria de un Dios, tanto, que de fuera se ven acciones comunes, pero si se quita el velo
del querer humano se encuentra encerrada la Virtud obrante de la acción divina, y esto forma la
santidad de la criatura, no la diversidad de las acciones, no las obras que hacen rumor, no, sino
la vida común, las acciones necesarias de la vida, de las cuales la criatura no puede prescindir,
todas son velos que pueden esconder nuestra Voluntad, y hacerse campo donde Dios mismo
se abaja para hacerse actor escondido de sus acciones divinas. Y así como el cuerpo vela al
alma, así la voluntad vela a Dios, lo esconde y forma por medio de sus acciones ordinarias la
cadena de las acciones extraordinarias de Dios en su alma. Por eso sé atenta, llama en todo lo
que haces a mi Voluntad, y Ella no te negará jamás su acto, para formar en ti, por cuanto a
criatura es posible, la plenitud de su santidad”.
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32-15
Junio 25, 1933
Si reina la Divina Voluntad, Dios se busca a Sí mismo y se
encuentra en la criatura; la criatura se busca en Dios
y se encuentra en su centro divino.
(1) Mi pobre y pequeña inteligencia la sentía llena por tantos pensamientos respecto a la
Divina Voluntad, y pensaba entre mí: “¿Y por qué Jesús tiene tanto interés, insiste, suspira, pide
y quiere que se pida que venga a reinar su Divina Voluntad? Es verdad que para la criatura será
la adquisición más grande, tener un su poder un Querer inmenso, una potencia que no se agota
jamás, un amor que siempre arde, una luz que no se extingue jamás, una santidad que da en lo
increíble y siempre crece, se puede decir que no le queda otra cosa qué desear, ni poseer,
porque todo lo posee, pero para Dios, ¿cuál puede ser su ganancia, su gloria, su honor?” Así,
mientras esto y otras cosas pensaba, mi soberano Jesús visitando mi pequeña alma, todo
bondad me ha dicho:
(2) “Hija mía, hija amadísima de mi Voluntad, la razón, la causa, la finalidad por la que tanto
suspiro que mi Divina Voluntad tome su puesto, su dominio y la haga de soberano en la criatura,
es porque nuestro Ente Supremo va en busca de encontrarse a Sí mismo en la pequeñez
humana. Piensa bien qué significa un Dios que va en busca de Sí mismo, pero, ¿dónde? ¿Tal
vez en la extensión de los cielos? No. ¿En la inmensidad de la luz que llena toda la tierra? No.
¿Acaso en la multiplicidad de las aguas del mar? No. Sino en el pequeño corazón humano,
queremos esconder nuestra inmensidad, nuestra potencia, nuestra sabiduría y todo nuestro Ser
Divino en la criatura; escondernos en las cosas grandes no es una gran cosa, pero en las
pequeñas desahogamos más en amor, potencia, etc., y como podemos todo y hacer todo, nos
deleita más y tomamos más gusto en el escondernos en la pequeñez humana que en las cosas
grandes, y si no encontramos nuestra Voluntad en la criatura, no podemos ni buscarnos ni
encontrarnos en ella, nos faltaría el lugar dónde poner todos nuestros atributos divinos, y se
sentirían impotentes para esconder nuestra Vida Divina donde no está nuestra Voluntad. Mira
entonces la razón por la que queremos, suspiramos que la criatura suspire y ruegue vivir del
Querer Divino, es porque andamos en busca de Nosotros mismos en ella, y queremos
encontrarnos como en nuestro propio centro. ¿Y te parece poco la gran ganancia que hacemos,
la gloria, el honor que recibimos, que el pequeño corazón humano esconda nuestra Voluntad y
1942 sig