‘Quiero formar la Vida de la Divina Voluntad en mí y no estarse en sus brazos, unida con Ella
para vivir de su mismo aliento omnipotente, es imposible’. Tú debes saber que nuestro Ente
Supremo usa la misma potencia creadora que usó en la Creación, y la continúa usando en los
actos que la criatura hace en la Divina Voluntad. Cada acto que hace en Ella sufre una nueva
creación, y mi Fiat, en virtud de su potencia creadora, queda concebido en el acto de la criatura.
Sucede un alternarse continuo, ella presta el acto, y mi Voluntad Divina crea y se concibe en su
acto, y mientras se concibe forma su Vida y la hace crecer con el alimento de su luz y de su
amor. Los Cielos quedan admirados, y es tanta la maravilla, que enmudecen ante un acto solo
de la criatura que dentro contiene la fuerza creadora de la concepción del Fiat Divino; y así como
ella con el estarse en sus brazos se pone a nuestra disposición, así con tenerla en nuestros
brazos nos ponemos a su disposición, y nos da su dulce garantía, para hacer lo que Nosotros
queremos, así que su vida, sus actos, son tantas garantías que nos da, y Nosotros teniendo sus
garantías nos sentimos seguros de poder poner fuera nuestra Virtud creadora y obrar como Dios
en el acto de la criatura. Tú debes saber que cuando obra nuestra Voluntad, tanto en Nosotros
mismos, cuanto en el acto humano, no pone jamás a un lado su Virtud creadora, ni la puede
poner, porque la posee en naturaleza, por eso su hacer es siempre creación, por lo tanto quien
vive en nuestra Voluntad recibe en sus actos su acto creante, y ¡oh! cuantas maravillas suceden.
Por eso sé atenta, reverente y agradecida, recibe en ti, en tus actos, esta Virtud creante que
quiere hacer cosas grandes, no pequeñas, y que son las únicas dignas de nuestra adorable
Voluntad”.
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32-14
Junio 15, 1933
La intención forma la vida de la acción, forma el velo
para esconder la acción divina. El actor escondido.
(1) Mi pobre mente está siempre ocupada por el Fiat Divino, que no sólo quiere hacerse vida,
sino también alimento, porque no basta la vida, pues sin tener con qué saciar el hambre, sería
morir de hambre. He aquí el por qué frecuentemente me da el alimento suculento y celestial de
alguna otra verdad que respecta al Querer Divino, a fin de que no sólo me alimente, sino que
haga crecer su Vida en mí, y ¡oh! cuántas veces siento la necesidad de que el bendito Jesús me
diga alguna cosa que respecta a su Querer, porque me siento morir de hambre, y mi amable
Jesús, porque Él mismo quiere y me da esta hambre, al visitar mi pequeña alma me ha dicho:
(2) “Hija mía, tu deseo de ser alimentada por mi palabra alimentadora me hiere el corazón, y
Yo, herido, corro a ti para darte mi alimento divino que sólo Yo puedo darte. Mi palabra es vida
y forma en ti la Vida Divina, es luz y te ilumina y queda en ti la virtud iluminadora que te da
siempre luz, es fuego y te hace surgir el calor, es alimento y te alimenta.
(3) Ahora, tú debes saber que Yo no miro la acción externa de la criatura, sino la intención
que forma la vida de la acción, ella es como el alma de la acción, ésta se vuelve como el velo
de la intención. Sucede como el alma al cuerpo, que no es el cuerpo el que piensa, el que habla,
palpita, obra y camina, sino que el alma da vida al pensamiento, a la palabra, al movimiento, así
que el cuerpo es velo del alma, la cubre y se hace portador de ella, pero la parte vital, la acción,
el paso, es del alma. Tal es la intención, verdadera vida de las acciones. Ahora, si tú llamas a
mi Divina Voluntad como vida de tu mente, como latido de tu corazón, como acción de tus manos
y así de todo lo demás, tú formarás la vida de la inteligencia de mi Voluntad en tu mente, la vida
de sus acciones en tus manos, su paso divino en tus pies, de modo que todo lo que hagas