los abraza, los adora, los agradece, los encierra en su corazón y toda amor me dice: ‘Jesús, tu
Vida terminó sobre la tierra, quedaron tus obras, tus palabras, tus penas, ahora me toca a mí
continuar tu Vida, por eso todo lo que Tú hiciste debe servir a mi vida, de otra manera no puedo
formar de mí misma otro Jesús, si no me das todo no puedo ni formar, ni continuar tu Vida en la
tierra’. Y Yo todo amor le digo: ‘Hija mía, todo es tuyo, toma de Mí lo que quieras, es más, por
cuanto más tomes más estaré contento y más te amaré’. Pero lo más bello de esta feliz criatura,
que mientras quiere todo, toma todo, siente que no puede contener lo que ha recibido, y viene
a su Jesús y me da todo, se vierte toda en Mí, también su pequeñez, su pequeño querer, y ¡oh!
cómo estoy contento, puedo decir que son intercambios continuos de vida que hacemos, Yo a
ella, y ella a Mí. Es tanta la fuerza de la unión de quien vive en nuestra Voluntad, entre ella y
Nosotros, que ni Nosotros la podemos poner a un lado en todas nuestras obras, ni ella se puede
poner; si esto pudiera ser, sucedería como si se quisiera dividir la luz del sol en dos, lo que es
imposible, dividir la unidad de su luz, y si uno quisiera intentar dividirla, quedaría burlado, y la
luz con la fuerza de su unidad se reiría de él; o bien como si se quisiera rasgar el cielo, separar
la fuerza del viento, la unidad del aire, todas cosas imposibles, porque toda su vida, la fuerza
que poseen está en la unidad. En tal condición se encuentra quien vive en nuestra Voluntad,
toda su fuerza, su valor, lo bello de ella, su santidad, está en la fuerza única y unidad con su
Creador. Por eso sé atenta, y tu vida sea en Nosotros, con Nosotros y con nuestras obras”.
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32-12
Mayo 28, 1933
Precipicio, puertas e infierno viviente del querer humano. Puertas,
escaleras y paraíso viviente de la Divina Voluntad. Necesidad de
sus conocimientos, grandeza que adquiere. La hija del gran Rey.
(1) Mi pobre mente muchas veces se debate entre la infinita belleza, potencia, valor y
prerrogativas innumerables del eterno Querer, y entre los precipicios, fealdades y males del
querer humano. Dios mío, qué contraste, si todos lo pudiesen ver estarían dispuestos a perder
la vida antes que hacer la propia voluntad. Y mientras me sentía toda temerosa por los graves
males en los cuales me podía precipitar mi voluntad, mi amado Jesús sorprendiéndome me ha
dicho:
(2) “Hija mía bendita, ánimo, es necesario que te haga conocer hasta donde se puede llegar
teniendo por vida a mi Divina Voluntad, y en qué abismo se precipita quien se hace dominar por
el propio querer, es más, cada mal que te hago conocer de él, es una puerta que te hago cerrar
a la voluntad humana y una guardia que te doy, a fin de que si tú quisieras entrar de nuevo y
descender en el precipicio del querer humano, la guardia te impida el paso y mantenga cerrada
la puerta, y cada vez que te hago conocer otros males del querer humano, no son otra cosa que
defensas y guardias que agrego, a fin de que no te dejen descender en el fondo de su abismo,
porque tú debes saber que cada mal de la voluntad humana, no son otra cosa que tantas puertas
distintas que ella posee para descender en el reino de los males, de los vicios, de los terrores
espeluznantes del infierno viviente, hasta volverse nauseante e insoportable a Dios y a sí misma,
y Yo con hacer conocer sus males, no hago otra cosa que amurallar las puertas y poner en ellas
mi sello y decir: ‘Esta puerta no se abre más’. Ahora, así como la voluntad humana tiene sus
puertas, sus escaleras para descender en el abismo de los males, no para subir, así mi Divina
Voluntad tiene sus puertas, sus escaleras para subir a sus cielos, a sus bienes inmensos, y
forma el paraíso viviente de quien la posee; cada conocimiento de Ella es una puerta que se
abre, es una escalera que se forma, es un camino que se te pone delante, que tú debes recorrer
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