se quiere apagar, soplándole le quita la vida y la reduce a cenizas. Tal es la voluntad humana,
si quiere la mía sopla en todos sus actos, y mi Voluntad con su potencia anima este soplo, y sus
pequeños actos, como pequeñas chispas se cambian en llamas, y conforme repite los actos, así
repite el soplo, de modo de formarse la pequeña criatura una llama de luz de Voluntad Divina.
En cambio si quiere hacer su voluntad, conforme la hace sopla y apaga todo y permanece en
una noche profunda, sin ni siquiera el bien de las pequeñas chispas, así que quien vive en mi
Voluntad adquiere la luz en naturaleza, y en todos sus actos ve luz y le hablan de luz; en cambio,
quien hace la suya, adquiere las tinieblas y la noche en naturaleza, y de todos sus actos hace
salir tinieblas que le hablan de miserias, de miedos, de temores, que le vuelven la vida
insoportable”.
(3) Después mi mente seguía pensando en la Divina Voluntad, y me la sentía dentro y fuera
de mí toda atenta, tanto que me quería dar todo, y hacer todo junto conmigo, y mi dulce Jesús
ha agregado:
(4) “Pequeña hija de mi Voluntad, tú debes saber que en cuanto el alma se decide a vivir en
mi Voluntad, es tanto su amor hacia ella, que conforme se dispone a hacer un acto, mi Fiat pone
lo suyo en aquel acto, de modo que el querer humano queda como campo, y mi acto como vida.
Así que conforme palpita, pone su latido divino; conforme respira, pone su respiro; conforme
está por hablar, pone su palabra en la voz de la criatura; conforme piensa, pone su pensamiento;
y así si obra, si camina, pone su movimiento y sus pasos, así que mi Divina Voluntad es la que
pone de sus actos en los actos de la criatura. He aquí el por qué su amor incesante, sus
atenciones incansables, porque quiere formar su Vida entera por cuanto a criatura es posible,
en ella quiere encontrar su santidad, su latido, su respiro, su palabra, y así de todo lo demás, ¿y
cómo lo puede encontrar si no lo da y pone continuamente? Por eso, hay tanta compenetración
entre la Divina Voluntad y la criatura que quiere vivir en Ella, que se vuelven inseparables la una
y la otra, ni mi Querer toleraría la más mínima separación en quien se presta a hacerla formar
su Vida. Por eso sé atenta, y tu vuelo sea continuo en mi Divina Voluntad”.
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32-10
Mayo 14, 1933
Puesto de amor que el alma tiene en su Creador, y puesto
que Dios tiene en el alma. La santidad es formada por
los grados del amor. Semilla que arroja Jesús; cómo
primero hace los actos y después las palabras.
(1) Me sentía toda inmersa en el Fiat Supremo, y repitiendo mi giro en Él, en cuanto me unía
a sus actos me sentía venir sus oleadas de amor, que vertiéndose sobre de mí me traían el amor
de mi Creador. ¡Oh! cómo me sentía feliz al sentirme amada por Dios, creo que no haya felicidad
mayor, ni en el Cielo ni en la tierra, que la criatura ocupe un puesto en el seno del Padre Celestial,
el cual hace surgir sus olas de amor para amarla. Pero mientras me sentía bajo de estas olas,
mi dulce Jesús visitando mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, el girar en nuestros actos que hemos hecho, tanto en la Creación como
en la Redención por amor de las criaturas, hace surgir nuevo amor de dentro de nuestro Ser
Divino, e inviste a aquella que se une con nuestros actos divinos; ella con unirse con nuestras
obras, prepara el lugarcito donde recibir nuestras olas de amor, y conforme las recibe, también
ella nos ama con nuevo amor, y forma sus olas de amor a su Creador, de modo que ella tiene
su lugarcito de amor en nuestro Ser Divino, y Nosotros tenemos nuestro puesto en la criatura.
Tú debes saber que la verdadera santidad viene formada por los grados de amor con los cuales
1936 sig