en nuestro Fiat; ella no estaba en el mundo y Nosotros la amábamos, y mirándola con amor, no
sólo le dábamos el puesto, sino que poníamos en su cortejo a nuestro amor, nuestra santidad,
nuestra potencia, luz y belleza, ella es la noble princesa que desciende de la altura de los Cielos
para navegar el exilio, pero nuestro Querer no la deja, desciende junto con ella, se cierra a su
alrededor, navega el exilio junto con ella, en cada acto que hace, penas o alegrías, o encuentros,
pone en ellos su primer acto divino, a fin de que mantenga su nobleza y su estado de princesa,
y cuando la ha llenado de todos los bienes, tanto que no tiene más espacio dónde poner más
bienes, la lleva nuevamente al Cielo, en las alturas de las esferas, y como triunfador la muestra
a toda la corte celestial. Es esto lo que quiere hacer y sabe hacer mi Voluntad Divina de la
criatura, pero con nuestro dolor vemos que en cuanto desciende en el exilio, no piensa más en
su puesto regio, ni en la nobleza de su origen, y quisiera desvincularse de nuestra Voluntad, que
más que tierna madre la lleva estrechada entre sus brazos, y sirviéndose de las puertas de los
sentidos que le hemos dado, desciende en lo bajo de su voluntad humana; estas puertas se las
habíamos dado para que volviera a subir a Nosotros, a fin de que desde su exilio pudiese hacer
sus escapaditas al seno de su Creador, ella en cambio se sirve de ellos para hacer sus
escapaditas en las miserias, en las debilidades, en las pasiones, las cuales le quitan su nobleza
y no se reconoce más que es la princesa del Cielo, sino la sierva de la tierra. Pero a pesar de
esto no cerramos nuestras puertas, las cuales son nuestro amor, nuestra paterna bondad,
nuestra compasiva misericordia, las expectativas que hacemos, y no apenas vemos que cierra
sus puertas para venir en nuestra Voluntad, vamos a su encuentro, abrimos las nuestras, y
mirándola de bella fea, con los vestidos de princesa desgarrados, sucios, no le hacemos ningún
reproche, sino con compasión toda paterna le decimos: ‘¿Dónde has estado?’ Pobre hija, cómo
te has reducido, ¿has visto cuánto mal has hecho con vivir en lo bajo de tu voluntad humana,
desunida de la nuestra? Has caminado sin guía, sin luz, sin alimento, sin defensa, por eso no
lo hagas más, a fin de que encontrándote rehagas el bien perdido’. Nosotros lo sabemos, que
la criatura sin nuestra Voluntad Divina no puede hacer ningún bien, es como si quisiera ver sin
ojos, caminar sin pies, vivir sin alimento. Por eso sé atenta en no salir jamás de mi Querer Divino
si quieres encontrar la fuerza, la luz, el apoyo y a tu mismo Jesús a tu disposición”.
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32-9
Mayo 7, 1933
La voluntad, símbolo del soplo, que o enciende o apaga.
La Divina Voluntad pone sus actos en el acto de la criatura.
(1) Mi abandono continúa en el Querer Divino, y mi pobre mente muchas veces está bajo el
imperio de dos corrientes, esto es, el gran bien de la Divina Voluntad que eleva al alma sobre
todo y la lleva hasta los brazos de su amado Padre Celestial, donde todo es alegría, fiesta y
sonrisas divinas, las cuales embriagan al alma, y ésta olvida todo, la tierra, las miserias, porque
en la Divina Voluntad ni siquiera el recuerdo se puede tener del mal, de otra manera no sería
plena la felicidad; y en la otra corriente el abismo del querer humano, que arroja al alma en todas
las miserias, y la lleva casi a los brazos del demonio, a fin de que la tiranice como le plazca.
Pero mientras esto pensaba, mi soberano Jesús haciéndose sentir junto a mí me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, en cuanto el alma entra en mi Querer, Él con su imperio le dice: ‘Olvida
todo, hasta la casa de tu madre tierra, aquí se vive de Cielo, no hay lugar para las miserias y
para la infelicidad, mi luz destruye todo, y los males los transforma en bien’. Tú debes saber
que la voluntad es símbolo del soplo, el cual tiene virtud de encender o apagar; si la voluntad es
de encender, soplando sobre una pequeña chispa puede encender un gran fuego; si después