amor no sabe hacer ni quiere hacer. Ahora, tú debes saber que nuestro Fiat se pronunció y
extendió esta bóveda azul, y nuestro amor la entretejió de estrellas, poniendo en cada estrella
un acto de amor continuo hacia las criaturas, así que cada estrella dice: ‘Tu Creador te ama, no
cesa jamás de amarte, estamos aquí, no nos apartamos ni siquiera un poco para decirte siempre
te amo, te amo’. Pero sigue adelante, nuestro Fiat creó el sol, lo llenó de tanta luz de poder dar
luz a toda la tierra, y nuestro amor, poniéndose en competencia con el sol, lo llenó de tantos
efectos, que son innumerables: Efectos de dulzura, variedad de belleza, de colores, de gustos,
los cuales la tierra, sólo porque es tocada por esta luz, recibe como vida estos admirables
efectos y su admirable e incesante estribillo: Te amo con mi amor de dulzura, te amo y quiero
hacerte bella, quiero embellecerte con mis colores divinos, y si embellezco a las plantas por ti,
a ti te quiero hacer más bella aún. Mira, en esta luz desciendo hasta ti para decirte te amo con
gusto, tomo gusto en amarte y soy todo oídos para oír que me dices te amo. Puedo decir que
el sol está lleno de mis continuos y repetidos te amo, pero ¡ay de Mí! La criatura no se da ningún
pensamiento, ni pone atención en recibir este nuestro amor incesante en tantos modos y
variadas formas que bastarían para ahogarla y consumirla de amor, pero no nos detenemos,
seguimos adelante, nuestro Fiat creó el viento, y nuestro amor lo llenó de efectos, así que la
frescura, las oleadas, el silbido, los gemidos, los aullidos del viento, son repetidos te amo que
decimos a la criatura, y en la frescura le damos nuestro amor refrescante, en las oleadas le
damos la respiración con nuestro amor, hasta gemir y aullar con nuestro amor imperante e
incesante, y así de lo demás. El mar, la tierra, fueron creados por nuestro Fiat, los peces, las
plantas que produce el mar y la tierra son los efectos de nuestro amor, que potentemente y
repetidamente dice te amo en todas las cosas, te amo por todas partes, te amo en ti, y a tanto
amor mío, ¡ah! no me niegues tu amor. No obstante parece que no tienen oídos para
escucharnos, ni corazón para amarnos, y por eso cuando encontramos quien nos escucha, la
tenemos como desahogo de nuestro amor y como pequeña secretaria de la historia de la
Creación”.
(3) Dicho esto ha hecho silencio, y yo continuaba en los actos de la Divina Voluntad, y
habiendo llegado a los de la Redención, mi amado Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía bendita, escucha mi larga historia de amor, podría decir que es una cadena
interminable de amor incesante, jamás interrumpida: Creé a la criatura para amarla, para tenerla
unida Conmigo, y no amándola iría en contra de mi misma Voluntad, obraría contra mi misma
naturaleza que es toda amor, y además, la creé porque sentía la necesidad de externar mi amor
y de hacerle oír el dulce susurro continuo: ‘Te amo, te amo, te amo’. Tú debes saber que desde
que fui concebido, y en todo el curso de mi Vida, en todos los actos que hacía, encerraba dentro
amor, conquista, triunfo, mi obrar era muy diverso del de las criaturas, el hacer y no hacer, el
sufrir, y no sufrir estaba en mi poder, mi omnividencia no me escondía nada, y Yo primero ponía
mi Voluntad en mis actos, encerraba plenitud de santidad, plenitud de amor, plenitud de todos
los bienes, y después, con todo conocimiento me disponía a obrar o sufrir, según Yo mismo
quería, y con esto me volvía conquistador y triunfador de mis actos, ¿pero sabes para quien
hacía estas conquistas y estos triunfos? Para las criaturas, las amaba demasiado y quería dar,
quería ser el Jesús vencedor, dándole Yo mismo mis conquistas y mis triunfos para vencerlos,
así que mi Vida acá abajo no fue otra cosa que un acto continuo de amor heroico que jamás
dice basta, de conquistas y de triunfos, para volver felices a mis hijos, y esto lo hacía en todo, si
me ponía en camino, Yo tenía la virtud de poderme encontrar de una ciudad a la otra sin hacer
uso de mis pasos, pero quise caminar para poner en cada paso mi amor, y así en cada paso
que daba corría, corría y me volvía conquistador y triunfador de mis pasos, ¡oh! si las criaturas
me pusieran atención, habrían oído en mis pasos el grito continuo: ‘Corro, corro en busca de
las criaturas para amarlas y para ser amado’. Así si trabajaba con San José para procurar lo
necesario a la vida, era amor que corría, eran conquistas y triunfos que hacía, porque me
bastaba un Fiat para tener todo a mi disposición, y haciendo uso de mis manos para una