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Abril 9, 1933
Es tanto el amor divino, que llega a agotarse en sus obras. Celo
de la Divina Voluntad. El pequeño camino de la criatura en Ella.
(1) El Querer Divino se extiende siempre en torno a mí y dentro de mí, el celo de su luz
maravillosa es tanto, que no quiere que entre en mí sino lo que le pertenece, para hacerme
cumplir y crecer la Vida de la Divina Voluntad, y para hacerme mirar sus modos divinos a fin de
que los pudiese copiar, contentándose con suministrarme lo que se necesita para poderme decir:
“Las obras de nuestra hija serán pequeñas, porque la criatura jamás nos puede alcanzar, pero
están modeladas y semejan a las nuestras”. Pero mientras mi mente seguía la luz de la Divina
Voluntad, mi dulce Jesús visitando mi pequeña alma, todo amor me ha dicho:
(2) “Hija mía, un acto sólo se dice completo cuando quien obra agota en él todo lo que era
necesario para cumplirlo, si falta alguna cosa, o se puede agregar algo, jamás se puede decir
obra completa. Así ha sido siempre nuestro modo de obrar, hemos agotado todo: Amor,
potencia, maestría, belleza, para volver plena, perfecta, completa la obra salida de Nosotros.
No que Nosotros nos agotemos, porque el Ente Supremo no se agota jamás, pero en la obra
que hemos hecho, nada entraba de más para volverla completa, y si quisiéramos poner de más,
habría sido inútil y no provechoso lo que podíamos meter. Esto lo hemos hecho en la obra de
la Creación, en la Redención, y de los designios que hacemos de la santidad de cada una de
las criaturas. ¿Quién puede decir que le falta alguna cosa a la Creación? ¿Quién puede decir
que nuestro amor obrante no se agotó en la Redención, que fue tanto, que aún hay mares
interminables que las criaturas pueden tomar y que no han tomado, y estos mares rebosan en
torno a ellas porque quieren darles su fruto, esconderlas en sus olas para hacer que el amor,
las obras, las penas infinitas del Dios humanado tomen vida en ellas? Si no nos agotamos no
estamos contentos, el amor agotado nos trae el reposo y la felicidad, pero si tenemos algo más
que dar, que hacer en nuestras obras, nos deja como despiertos, somos todo ojo, nuestro Ser
Divino está todo en movimiento sobre lo que estamos haciendo, para dar tanto, hasta en tanto
que no encuentre nuestro acto cumplido con la plenitud de nuestro agotarnos. Ahora, en la
Creación y en la Redención no hubieron oposiciones a nuestro amor, ni impedimento para
podernos agotar para volver completas nuestras obras, porque obrábamos independiente de
todos, ninguna voluntad humana entró en medio para impedirnos el podernos agotar como
queríamos, toda la lucha la sufrimos por parte de las criaturas, por cada uno de los diseños de
santidad que queremos cumplir de ellas, y ¡oh! en qué estrechuras nos ponen si la voluntad
humana no está unida con la nuestra, si no se da en nuestras manos en modo que podamos
manejarla como queremos para darle la forma establecida por Nosotros, para cumplir nuestros
designios y así agotarnos con formar nuestro acto completo, ¡ah! Nosotros no podemos dar lo
que queremos, sino apenas las migajas, las pequeñas chispas de nuestro amor, porque el
querer humano está siempre en acto de rechazarnos y de hacernos la guerra. Por eso cuando
encontramos una voluntad que se presta, abundamos, sobreabundamos tanto en el dar, que
nos ponemos sobre de ella más que una madre sobre su niño, para hacerlo crecer bello y
gracioso, para poder formar de él su gloria, el honor del niño y el bien del mundo entero. Así
Nosotros, no la dejamos un instante, damos siempre para tenerla no sólo ocupada, sino para no
darle tiempo de poderse ocupar de otra cosa, de modo que podemos decir: ‘Todo es nuestro,
podemos agotarnos sobre de esta criatura’. Y como nuestro amor es exigente, con justicia
quiere que ella, en todos sus actos, ponga todo lo que puede: Su amor, toda su vida, para poder
decir: ‘Tú te has agotado por mí, tanto, que no puedo contener lo que me has dado, así también