no se encuentre, porque no sabe hacer otra cosa que amar y dar amor, pero no es un amor y
Voluntad estéril, no, no, es fecundo y genera continuamente, es obrante y dentro de un solo
respiro de amor forma las obras más bellas y maravillosas, los prodigios más inauditos, tanto,
que todas las ciencias humanas se sienten ignorantes ante nuestra más pequeña obra, y
confundidas enmudecen. Ahora escúchame hija buena, el gran prodigio de nuestra Vida en la
criatura, que ningún otro, por cuanto amor y potencia tenga puede decir: ‘Yo puedo bilocarme,
y mientras quedo lo que soy, puedo formar otra vida mía dentro de una persona que amo’. Sería
una locura y un absurdo el decirlo, ni el ángel, ni el santo tienen este poder, sólo tu Dios, tu
Jesús tiene este poder, porque nuestro Ser es plenitud, es totalidad, es todo y llena todo, y en
la inmensidad en la cual se encuentra, que todo envuelve, respira y con un simple respiro
formamos nuestra Vida Divina en la criatura, y nuestra Voluntad la domina, la alimenta, la hace
crecer y forma el gran prodigio de encerrar nuestra Vida Divina en el pequeño cerco del alma de
la criatura. He aquí el por qué tu ‘te amo’ continuo es nuestro, es el respiro de nuestra Vida, es
nuestro latido que no sabe palpitar otra cosa que te amo, te amo, te amo, esto sirve al
mantenimiento de nuestra Vida, que no sabe hacer otra cosa que amar, dar amor y querer amor,
así que mientras es nuestro este ‘te amo’, es nuestro respiro y también tuyo, que mientras te
damos amor nos das amor, y fundidos juntos se entrelazan nuestro ‘te amo’ con el tuyo, se
encuentran, se identifican y se escucha un solo ‘te amo’, mientras que son dos, que raptándose
mutuamente forman uno solo. ¿Pero quién siente esta Vida viva y palpitante en ella? Quien
vive en nuestra Voluntad, ella siente la nuestra, y Nosotros sentimos la suya, y hacemos vida
juntos, todas las otras criaturas la tienen ahogada y viven como si no la tuviesen, y mi amor da
y no recibe, y vivo en ellos con un amor doliente y delirante, sin ni siquiera conocerme que estoy
en ellos, por eso sé atenta y tu ‘te amo’ sea continuo, porque no es otra cosa que un desahogo
del mío”.
(3) Después de esto estaba haciendo mi giro en la Creación, y en virtud de la inmensidad de
la Divina Voluntad, sentía su Vida palpitante en las cosas creadas, que con amor indecible
esperaba el latido del “te amo” de mi pequeñez. Entonces yo pensaba entre mí: “¿Cuál será la
diferencia que hay entre el modo en el cual Dios está en la Creación, y el modo con el cual está
en el alma de la criatura?” Y mi siempre amable Jesús, todo bondad ha agregado:
(4) “Hija mía, hay una gran diferencia entre la una y la otra: En las cosas creadas nuestra
Divinidad está en acto creante y conservante, ni agrega ni quita nada de lo que ha hecho, porque
cada una de las cosas creadas posee la plenitud del bien que encierra, el sol posee la plenitud
de la luz, el cielo la totalidad de la extensión de su manto azul, el mar la plenitud de las aguas,
y así de todo lo demás, todos pueden decir: ‘No tenemos necesidad de nada, es tal la
abundancia que poseemos, que podemos dar sin agotarnos, y por eso damos gloria perfecta a
nuestro Creador’. En cambio en la criatura humana, nuestro acto divino es creante, conservante,
obrante y creciente, nuestro amor no dijo basta para ella, no, sino que quiere siempre dar y obrar
cosas nuevas, y si nos corresponde, nuestra virtud obrante está siempre en movimiento, ahora
le damos nuevo amor, ahora nueva luz, ahora nueva ciencia, nueva santidad, nueva belleza,
nuestra virtud obrante no cesa jamás, queremos dar siempre, y con el dar obramos. Con crear
a la criatura abríamos el comercio entre el Cielo y la tierra y poníamos en tráfico nuestro modo
obrante, Nosotros a dar y ella a recibir, y lo que es más, la queremos junto a obrar, no queremos
hacerlo solos, si fuésemos capaces de dolor, nos amargaría nuestra felicidad si no la tuviésemos
junto con Nosotros, y de nuestro amor y acto obrante surge nuestro acto siempre creciente, así
que la criatura está bajo la lluvia de nuestro amor y acto creante, conservante, obrante y
creciente”.
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1928 sig