morada. ¡Oh! cómo desearía destruir esta mi pequeñez, a fin de no sentir otra cosa que al
Querer Divino, pero comprendo que no lo puedo, ni Jesús quiere que sea del todo destruida,
sino que la quiere pequeña, pero viva, para poder obrar dentro de un querer vivo, no muerto,
para poder tener su pequeño campito de acción en mi pequeñez, la cual siendo pequeña,
incapaz, débil, con razón debe prestarse a recibir el gran obrar del Fiat Divino. Ahora, en esta
morada a veces todo es silencio, pacífico, con una serenidad que ni siquiera un soplo de viento
se siente, otras veces sopla un leve vientecillo que refresca y fortifica, y el Celestial Habitante
Jesús se mueve, se deja ver, y con todo amor habla de su morada y de lo que ha hecho y hace
su amable y adorable Querer. Mientras estaba en esto, mi amada Vida haciéndose ver me ha
dicho:
(2) “Mi pequeña hija de mi Voluntad, tú debes saber que la pequeñez de la criatura nos sirve
como espacio donde poder formar nuestras obras, nos sirve como la nada de la Creación, y
porque es nada, llamamos a vida dentro de ella nuestras obras más bellas; queremos que esta
pequeñez esté vacía de todo lo que a Nosotros no pertenece, pero viva, a fin de que sienta
cuánto la amamos, y sienta la vida de las obras de nuestra Voluntad que desarrolla en ella, por
eso te debes contentar con quedar viva sin que tú seas la dueña, porque éste es el gran sacrificio
y heroísmo de quien vive de Voluntad Divina, sentirse viva para sufrir el dominio divino, a fin de
que haga lo que quiere, como quiere, cuanto quiere, éste es el sacrificio de los sacrificios, el
heroísmo de los heroísmos. ¿Te parece poco sentir la vida del propio querer para servirse no a
sí mismo, como si no tuviera derechos, perder la propia libertad voluntariamente para que sirva
a mi Voluntad, dándole sus justos derechos?”
(3) Jesús ha hecho silencio, y después, como si leyera en mi alma ciertas dudas pasadas
mías acerca de la Divina Voluntad, ha agregado:
(4) “Hija mía, las más grandes obras hechas por nuestro Ente Supremo, todas han sido hechas
gratuitamente, sin tomar en cuenta si las criaturas se las merecían o nos lo sugirieran; si
pusiéramos atención a esto nos convendría atarnos los brazos y no hacer más obras, porque
las criaturas ingratas no nos glorificarían; y quedarnos sin ni siquiera tener el bien de hacernos
glorificar y alabar por nuestras mismas obras, ¡ah no, no! una sola obra nuestra nos glorifica
más que todas las obras unidas juntas de todas las generaciones humanas, un acto cumplido
de nuestra Voluntad llena Cielo y tierra, y con su virtud y potencia regenerativa y comunicativa
nos regenera tanta gloria que no termina jamás, y que a las criaturas apenas las gotitas les es
dado comprender. En efecto, ¿qué mérito tenía el hombre cuando creamos el cielo, el sol, y
todo lo demás? Él no existía aún, nada nos podía decir, así que la Creación fue una obra grande,
de magnificencia maravillosa, toda gratuita de Dios.
(5) Y la Redención, ¿crees tú que el hombre la mereciese? De ninguna manera, fue toda
gratuita, y si nos rogó fue porque Nosotros le hicimos la promesa del futuro Redentor, y no fue
él el primero en decírnoslo, sino Nosotros, era nuestro decreto todo gratuito que el Verbo tomase
humana carne, y fue cumplido cuando el pecado, la ingratitud humana galopaban y llenaban
toda la tierra, y si alguna cosa pareció que hacían, eran apenas gotitas que no podían bastar
para merecer una obra tan grande, que da en lo increíble, que un Dios se haga similar al hombre
para ponerlo a salvo, y que por añadidura lo había ofendido tanto.
(6) Ahora, la obra grande de hacer conocer mi Voluntad a fin de que reine en medio a las
criaturas, será una obra nuestra toda gratuita; y aquí está el engaño, que creen que habrá mérito
y la parte de las criaturas, ¡ah! sí, estará, como las gotitas de los hebreos cuando vine a
redimirlos, pero la criatura es siempre criatura, por eso nuestra parte será toda gratuita, que
abundándola de luz, de gracia, de amor, la arrollaremos en modo que sentirá una fuerza jamás
sentida, amor jamás probado, sentirá más viva nuestra Vida palpitante en su alma, tanto, que le
será dulce el hacer dominar a nuestra Voluntad. Esta nuestra Vida existe todavía en el alma, le
fue dada por Nosotros desde el principio de su creación, pero está tan reprimida y escondida,
que está como si no la tuviese, está como el fuego bajo las cenizas, que cubierto y como