alrededor le darán los honores de rey y pedirán dones y favores, y el rey premiará la atención
de aquellos que lo reconocen disfrazado, y les dará de más de lo que quieren; a aquellos que
no lo reconocen pasará inobservado sin darles nada, mucho más, que ellos mismos no le piden
nada creyéndolo uno cualquiera del pueblo. Así hace mi Voluntad cuando es reconocida bajo
las vestiduras de las cosas creadas, Ella se revela y no espera como el rey a que le pidan dones
y favores, sino que Ella misma dice: ‘Estoy aquí, ¿qué quieres?’ Y sobreabunda en el dar dones
y favores celestiales, y sigue más adelante del rey, bilocándose da a la criatura que la ha
conocido su misma Vida, lo que no hace el rey. Ahora, también tú puedes decir soy Voluntad
de Dios, y hacer de ti la cáscara, la vestidura que esconda a mi Divina Voluntad, no sólo si la
reconoces en todas las cosas creadas, sino si la reconoces en ti, si le das el dominio en todos
tus actos, y todo lo que hace la cáscara de tu ser lo pones a su servicio para hacer crecer su
Vida en ti, Ella te llenará tanto, que no quedará de ti más que el solo vestido, y se servirá de él
para cubrirse y serás más feliz que todas las cosas creadas, porque serás el velo viviente, que
dividirás junto con Ella sus alegrías, su felicidad, y también sus infinitos dolores, porque quiere
ser vida de cada criatura, pero ingratas no le dan el pleno dominio. En suma, harás siempre
vida junto, haciéndoos perenne compañía, formando una sola vida”.
(5) Después de esto continuaba siguiendo los actos hechos por la Divina Voluntad en la
Creación, y como está siempre en acto de crearla en virtud de la conservación que
incesantemente ejercita en cada cosa creada, yo la encuentro siempre en el acto creante, para
decir con los hechos a todos y a cada uno: “Cuánto os amo, propiamente por ti estoy creando
toda esta máquina del universo, ¡ah, reconoce cuánto te amo!” Pero lo que más me sorprendía
era que el eterno Fiat me esperaba, me quería junto en el acto creante para decirme: “Ven en
mi acto, hagamos juntos lo que estoy haciendo”. Yo me sentía toda confundida, y mi eterno
amor Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:
(6) “Pequeña hija de mi Querer, ánimo, ¿por qué te confundes? En mi Voluntad no hay tuyo
ni mío, el acto del uno debe unificarse con el del otro y hacer uno solo, es más, en cuanto la
criatura entra en nuestro Querer, queda confirmada en el acto que mi Fiat está haciendo. Es
tanto su amor, sus industrias amorosas, que quiere decir a la criatura: ‘Lo hemos hecho juntos’.
Así que el cielo distendido, el sol resplandeciente de luz y todo lo demás, es tuyo y mío, tenemos
derechos en común, por eso tengo siempre presente el acto, porque quiero a la criatura junto
Conmigo, aquella por la cual, sólo por amor suyo estoy siempre obrando, para oír que me dice
en el mismo acto que estoy haciendo: ‘Te amo, te amo, te amo’. No tener un te amo en obras
tan grandes y maravillosas, no ser reconocido, sería como si nuestro amor quedase vencido,
¡pero no, no! Entre tantos debemos encontrar alguno que esté junto con Nosotros amando y
obrando, que nos dé la pequeña correspondencia, para hacer que nuestro amor encuentre su
desahogo y su felicidad por parte de la criatura, y en cuanto ella entra en nuestro Fiat, queda
confirmada y vinculada en sus actos divinos, en modo que su virtud vinculadora vincula a Dios
y a la criatura.
(7) Y así como en la Creación, así en la Redención no hay actos pasados, sino todos son
actos en acto y presentes; para el Ente Supremo el pasado y el futuro no existen, así que tu
Jesús está siempre en acto de concebir, de nacer, de llorar, de sufrir, de morir y resucitar, todos
estos actos míos en acto continuo, sin cesar jamás, asedian a cada una de las criaturas, la
ahogan de amor, y por desahogo de mi ardiente amor voy repitiendo: ‘Mira, sólo por ti desciendo
del Cielo y me concibo y nazco, y tú, ven a quedar concebida junto Conmigo, para nacer junto
Conmigo a la nueva vida que te trae tu Jesús, mírame, lloro por ti, sufro por ti, ten piedad de mis
lágrimas y de mis penas, suframos juntos a fin de que repitas lo que hice Yo, y modeles tu vida
con la mía para poderte decir: ‘Lo que es mío es tuyo, eres la repetidora de mi Vida’. Y así si
muero, la llamo a morir junto Conmigo, pero no para hacerla morir, sino resurgir con la misma
Vida de Aquél que tanto la ama. Por lo tanto mi Vida es continuamente repetida, un amor pasado
o futuro no me satisfaría, ni sería amor y redención de un Dios, es el acto presente el que tiene
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