a enseñar el Padre Nuestro, queriendo la voluntad humana unida a la nuestra, que suspirase
que viniese a reinar como en el Cielo así en la tierra. Así que todo lo que he manifestado sobre
mi Voluntad, está encerrado en aquellas solas palabras: ‘Hágase tu Voluntad como en el Cielo
así en la tierra’. En estas pocas palabras están encerrados abismos de gracias, de santidad, de
luz, y abismos de comunicaciones y transformaciones divinas entre Creador y criatura. Hija mía,
era el regalo que hacía tu Jesús a las generaciones humanas, como cumplimiento de mi
Redención, mi amor no estaba contento aún, mis penas no me habían dado plena saciedad,
quería, quería dar aún, quería ver mi Cielo en la tierra en medio de mis hijos, por eso pocos días
antes de partir para el Cielo, decidí primeramente dar mi Voluntad como en el Cielo así en la
tierra, y después enseñé el Padre Nuestro, en el cual Yo quedé comprometido de dar este gran
don, y tu Jesús cuando se compromete, no se hecha para atrás, por eso no tengas dudas, y si
los demás dudan, déjalos hacer, qué saben ellos de cómo debo desarrollar las cosas, Yo tengo
poder y querer en mis manos, y esto me basta, y tú queda en paz y sigue siempre mi Querer,
confíate a tu Jesús y verás”.
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31-29
Marzo 5, 1933
La voluntad humana reduce al alma a jirones y forma
las pequeñas ciudadelas desordenadas, sin rey y sin
defensa. Llanto de Jesús.
(1) Mi pobre mente, mientras navegaba el mar del Fiat Divino, según mi pequeña capacidad,
comprendía su valor, su santidad y el gran prodigio que la criatura, con tal que viviese en Ella,
puede encerrar en ella una Voluntad tan Santa e Interminable, y se hace portadora y poseedora
de este Querer tan santo, que incluye y encierra todo. Que lo grande encierre lo pequeño no
hay nada de maravilloso, pero que lo pequeño encierre lo grande, da en lo increíble, y sólo Dios
puede hacer estos prodigios. Bondad Divina, cómo eres admirable, y más que madre tierna y
amorosa que quiere encerrarse en el hijo para ponerlo al seguro, y hacerse repetidora de la vida
de su mismo parto, para tener la gloria de poder decir: “El hijo es en todo semejante a su madre”.
Pero mientras mi mente se regocijaba en las puras alegrías del Fiat Divino, un triste torbellino
ha afligido mis alegrías, y comprendía el gran mal y la afrenta terrible que se hace a Dios cuando
erigiéndonos como nuestros propios jueces hacemos nuestra voluntad. Y el amado Jesús
repitiendo su breve visita, todo amargado me ha dicho:
(2) “Mi buena hija, ¡Ay, la voluntad humana!, ella hace la guerra a Dios y se hace la guerra a
sí misma, las armas que mueve contra su Creador la hieren a sí misma, y su alma queda como
un cuerpo hecho pedazos delante de Dios; cada acto de voluntad humana la divide de su
Creador, de su santidad, de su fuerza, potencia, de su amor e inmutabilidad. Sin mi Divina
Voluntad la criatura se vuelve como una ciudad asediada, que los enemigos la obligan a morir
de hambre, y a martirizarla en todos sus miembros, con esta diferencia, que los carniceros que
le arrancan los miembros es la propia voluntad, no son los enemigos que la atormentan, sino
ella misma, se hace enemiga de sí misma. Si tú supieras el dolor que siento cuando veo a las
almas hechas pedazos, cada acto de su voluntad es una división que forma entre Dios y ella, es
un apartarse de la belleza de su creación, es un enfriarse del verdadero y puro amor, es
extraviarse de su origen, es un prepararse si la voluntad se precipita en el mal grave, o un infierno
anticipado, o un purgatorio si el mal es leve. La voluntad humana es como la gangrena al cuerpo,
que tiene virtud de hacer caer la carne a pedazos, y de deformar la belleza de la criatura. Pobres
almas sin mi Voluntad Divina, porque sólo Ella tiene la virtud unificadora que unificando todo
junto, el pensamiento, el deseo, el afecto, el amor, la voluntad humana, da la bella forma unitiva
1917 sig