al alma de la criatura. En cambio, sin mi Voluntad, el pensamiento quiere una cosa, la voluntad
otra, el deseo quiere otra, el afecto otra, de modo que se debaten entre ellos, se pelean, se
dividen, ¡ah! no hay paz ni unión sin mi Voluntad, falta quién ponga el cemento para reunir las
partes divididas y volverla fuerte contra todos los males que pueden surgir. Por eso tu Jesús no
hace otra cosa que llorar sobre las ruinas de estas más que Jerusalenes trastornadas, que en
lugar de reconocer a su Mesías lo desconocieron y le dieron la muerte. Así mi Voluntad viene
desconocida mientras está en medio de ellas y en ellas, y forman de sus almas pequeñas
ciudades trastornadas que me obligan a repetir la amenaza, que de ellas no quedará piedra
sobre piedra, porque sin mi Voluntad son ciudades sin rey, por tanto no tienen ni quién las
proteja, ni quién las defienda, ni quién les suministre los alimentos necesarios para hacer el bien
y para no hacerlas familiarizarse en el mal. Y Yo lloro sobre su suerte, y ruego que reconozcan
mi Voluntad, la amen y la hagan reinar, y tú ruega junto Conmigo”.
(3) Después de esto seguía los actos que mi dulce Jesús hizo estando sobre esta tierra, y le
rogaba de corazón que en virtud de sus actos hiciese conocer a todos su Voluntad, y siguiéndolo
por los caminos que recorría, mi mente se ha detenido en el acto cuando mi eterno amor Jesús
atravesaba los campos y se complacía en mirar las flores y tomarlas con sus manos creadoras,
y yo quería poner mi ‘te amo’ sobre cada flor a fin de que se cambiasen en voces y flores
parlantes que pidiesen que su Querer fuese conocido y amado. Y Jesús haciéndose oír, todo
bondad ha agregado:
(4) “Hija bendita, quiero decirte mis dolores y el secreto de mi corazón, tú debes saber que la
voluntad humana fue el clavo más traspasante de mi corazón, Yo al recorrer los caminos, los
campos, veía los campos floridos, los árboles cargados de frutos y sentía las alegrías de mi
Creación, y aquellos campos floridos me simbolizaban, más que flores, las bellezas, la vivacidad,
la frescura y el bello colorido de la criatura, y Yo gozaba con ello, pero súbito el clavo del querer
humano me las hacía ver transformadas en flores marchitas, descoloridas, secas, caídas sobre
el tallo en acto de morir, el perfume cambiado en un mal olor, y los frutos de los árboles, amargos
y podridos, símbolo del mal en el que reduce la voluntad humana a la criatura, la obra más bella
de nuestras manos creadoras. Yo tenía un dolor y aquellas flores me arrancaban las lágrimas
de los ojos, porque me sentía clavar con más fuerza el clavo del querer humano. Y es tan fuerte
mi dolor, que espero tu ‘te amo’ para que me pida que se conozca el bien de mi Voluntad, y el
mal de la voluntad humana, a fin de que se haga la mía y aborrezcan la de ellos. Muchas veces
miraba el cielo azul cubierto de estrellas, y el sol con su majestad resplandeciendo de luz que
dominaba toda la tierra, símbolo del cielo del alma y el sol de mi Voluntad que debía resplandecer
dentro de este cielo tan encantador, que debía dominar con su luz el cielo del alma y la bella
tierra florida de sus cuerpos, y mi corazón tenía estremecimientos de alegría, pero qué, eran
breves instantes, pronto el clavo del querer humano salía en campo y formando nubes
negrísimas, cargadas de truenos, relámpagos, granizo, ocultaba el sol, ocultaba la bella vista
del cielo sereno y descargándose sobre la pobre criatura devastaba el cielo del alma y la tierra
de sus cuerpos, arrojando dondequiera desolación y horror. Puedo decir que no di un paso
cuando viví aquí abajo, que el clavo del querer humano no me traspasase, desde que nací hasta
que morí, fue propiamente él quien formó mi más duro y continuo martirio, porque me transformó
de bella en fea la más bella obra creadora, y Yo en todo lo que hacía y sufría, tenía siempre
como meta la voluntad humana para ponerla a salvo. Y ¡oh! cómo amo a quien llama a mis
actos, se une junto conmigo, y sobre el fuego de mi mismo sacrificio y de mi amor se sacrifica a
sí misma, para obtener el gran bien de que mi Voluntad sea conocida y domine el querer
humano, fuente de todos los males de la pobre criatura. Por eso siempre junto conmigo te
quiero, no me dejes jamás solo para poder repetir mi Vida en ti”.
Deo Gratias.
1918 sig